Que se quede el sueco

En una temporada Zlatan Ibrahimovic parece haber agotado todo el crédito y la ilusión generada tras su fichaje. Su final de temporada fue lamentable. Tan indefendible como la campaña de Thierry Henry o la de Rafa Márquez. Negado ante el gol e inconexo con sus compañeros, parecía haber dimitido de sus esfuerzos por acoplarse al equipo. Con el recuerdo de Eto’o y el pastizal indecente pagado por él muy presente, el Camp Nou le pitó. Tras la llegada de David Villa parece que su puesto en el once inicial no está en absoluto garantizado, y más si se tiene en cuenta que la temporada pasada Messi jugó sus mejores partidos jugando de falso nueve, donde los movimientos de Ibra hacían poco más que estorbar a la pulga. Hasta el propio Guardiola perdió la fe en él y lo sentó en el banquillo en el tramo final de Liga en el que se jugaba el título frente al Villarreal o el Sevilla apostando por Bojan.

Sin embargo, es injusto valorar al sueco únicamente por este último y lamentable tramo final. Marcó 21 goles (16 en Liga, tres en Copa y cuatro en Champions), su tercera mejor marca (29 en la 08/09 con el Inter, 22 en la 07/08 y también 21 en la 02/03 con el Ajax) y de largo la mejor cifra goleadora en su primer año en un club (un gol con el Malmö en la temporada 99/00, ocho goles con el Ajax en la 01/02, dieciséis goles con la Juventus en la 04/05 y quince con el Inter en la 06/07). Sin haber destacado nunca por su capacidad goleadora, Marcó algunos tantos muy importantes, como los dos ante el Arsenal en el Emirates Stadium y sobre todo el gol frente al Real Madrid en el Camp Nou. Ese gol acabó por valer al Barça tres cuartos una Liga que los azulgranas ganaron por una diferencia mínima y sin él el título seguramente hubiera sido blanco. Y tampoco se puede olvidar su papel vital en el Mundial de Clubes, en el que no marcó pero ayudó como pocos pueden hacer a descargar balones en el centro del campo.

Además, las primeras temporadas en un club nunca han sido buenas para el sueco. Ya pasó en el Ajax, en la Juve y en el Inter. Y el Barça también tiene ejemplos de jugadores que tras una primera temporada discreta han acabado por ser grandes cracks, como Laudrup, Koeman, Figo o Márquez. Pese a lo que el Camp Nou ha visto esta temporada, Zlatan Ibrahimovic no es un tronco. Tiene una técnica exquisita, regate y muy buen pase. Recursos suficientes para desenvolverse en ataque con movilidad, cayendo a las bandas para no estorbar a Messi si es necesario. No es un gigantón tipo Koller que sólo sabía estar cerca de la portería para rematar de cabeza. Tener un jugador como Ibra en el banquillo puede ser una bomba de relojería, pero merece una segunda oportunidad porque si se centra tiene muchísimo que dar al Barça.

Eto’o-Ibra, Laporta-Valdano… y Pardeza

Aunque las casas de apuestas dan las mismas posibilidades de marcar a Eto’o y a Ibrahimovic, da la sensación que el camerunés tiene bastantes más números de hacerlo. Sólo hay que recordar su salida del Real Madrid y las ganas que tenía cada vez que jugaba contra el conjunto blanco, que volvieron loco al bueno de Casillas y sus gestos a Florentino Pérez quedan para la posteridad. Esta noche Samu tendrá entre ceja y ceja demostrarle a Guardiola que el ‘feeling’ no siempre es el mejor consejero. A su favor están los enormes espacios que deja la defensa culé a sus espaldas, unos espacios en los que él se mueve como ningún otro jugador gracias a su tremenda explosividad. Ibra, al contrario que el africano, no es un delantero que se motive especialmente al jugar contra sus ex-equipos, y no lo tendrá fácil para moverse de espaldas a la portería como él sabe con un central tipo tanque como es Walter Samuel, al que no hay que valorar por su lamentable etapa en el Madrid. Sin embargo, el sueco tiene una ocasión inmejorable para callar a todos aquellos que le acusan de realizar grandes partidos contra equipos pequeños para luego desaparecer en las grandes citas. Sólo espero dos cosas: la primera es que si Eto’o marca , que marcará, no haga ninguna tontería tipo ir a celebrarlo delante de Guardiola. Creo que el ambiente que se ha generado es inmejorable para que el camerunés sea ovacionado como merece cuando salte al césped del Camp Nou, pero si hay un jugador capaz de dinamitar cualquier buen ambiente, ese es Eto’o. La segunda es que en caso de que Eto’o marque y Zlatan no lo haga, no se creen en el Entorno Culé (sí, con mayúsculas) esas comparaciones tan culés que ni ayudan ni vienen a cuento y que se resumen en la esa frase tan típica de la grada del Camp Nou ‘aquest tiu es una tolla’.

Por otro lado, el campeonato de mear fuera de tiesto entre Laporta y Valdano está empezando a cobrar dimensiones ridículas. Que Laporta saque a pasear su boca-chancla es algo ya tristemente habitual y no sorprende demasiado. Suponemos que, si acaba siendo verdad los rumores que apuntan a que cuando abandone la presidencia se unirá a las filas de Reagrupament, alguien le enseñará a controlar la diarrea verbal que le entra cada vez que ve un micrófono. Sí que sorprende que el compañero de juerga sea Valdano, un tipo que siempre se ha caracterizado por unas opiniones mesuradas. Es posible que estar tan cerca de Monseñor Florentino le haya afectado demasiado. Ya declaró hace un par de meses que las enormes inversiones de Kaka y Cristiano Ronaldo se recuperarían en apenas un año, una justificación impensable viniendo de un hombre de fútbol como él. Ahora también se dedica a mezclar política y deporte sin venir a cuento y, para quedarse más descansao, mezclando el tocino con la velocidad. Lo más patético de todo es que muchos de los que critican a Laporta cuando habla de política, argumentando con razón que no es bueno mezclarla con el deporte, han aplaudido con las orejas las palabras de Valdano. El último y más esperpéntico episodio del culebrón viene protagonizado por… Pardeza… un director técnico de funciones indefinidas más allá de servir de escudo humano a Monseñor Florentino en caso de que la galaxia no acabe de funcionar como es debido (por 25 pesetas, un sólo fichaje o venta del Real Madrid que no haya salido del lóbulo frontal del monseñor-presidente). El amigo Miguel ha tenido la feliz idea de, en vez de dejar que esta estúpida polémica se olvide, entrar al trapo. Será que no tiene otra cosa que hacer. Ojalá algún día se legalice grapar la boca de ciertas personas.

La inoperancia de un inoperante

Txiki Begiristain ha decidido llenar la bolsa de la playa de sus detractores con una buena artillería de argumentos. En San Mamés, antes del partido, Tito Vilanova dijo que hacía falta uno o dos jugadores más, pero el excelso secretario técnico dejó entrever, en la media parte, que es posible que no llegue ninguno. Es lamentable que, aunque Guardiola dejara claro después de Roma que quería una plantilla un poco más amplia para esta temporada, tras el primer partido oficial tengamos un jugador menos que el año pasado, contando con que Henrique no se va a quedar.

Lo divertido del asunto es que después de ganar la Champions se dijo que “los deberes ya están hechos”. ¿Qué entiende esta gente por hacer los deberes? ¿Mirar el álbum de cromos y decir “me gusta Ribéry, me gusta Villa, me gusta Filipe Luis, me gusta Mascherano, me gusta Cesc, me gustas tú”? Los seres normales, al oír esta frase, entienden que se ha peinado el mercado en busca de jugadores interesantes, se han identificado, se ha hablado con ellos, con su representante, con el club, con el Espíritu Santo, y que hay un principio de acuerdo, cosa que –aparentemente- no es el caso. Queda en el aire saber cómo era Txiki en el cole. Si cuando la profesora de mates le preguntaba si había hecho los deberes este le contestaba “sí, seño. Es una suma muy interesante y que me gusta”. “A ver Aitor” contestaría la profesora “¿Cuál es el resultado?”. “Ah, no lo sé. Pero es una suma muy interesante y que nos interesa mucho”. Respuesta tras la cual, cualquier niño acabaría en el despacho del director.

Lo cierto es que el Barça se ha movido por el mercado dando bandazos sin un plan aparente. El primer objetivo fue Ribéry. Fracaso absoluto y con tirabuzón, ya que el francés no sólo no está en el Barça sino que además está muy cerca del Madrid. La razón por la que no se firmó un preacuerdo cuando Scarface estaba loco por jugar en el Camp Nou sólo la conoce Txiki. Tras comerse los mocos de mala manera en el fichaje del francés, en vez de buscar una alternativa para la banda izquierda, como podía ser Van Persie, Nani o Robinho, por nombrar alguno de los jugadores más conocidos con este perfil, se pasa a la búsqueda de un delantero centro. Con el Show Eto’o de por medio, también causado por la incompetencia de Txiki a la hora de abordar al camerunés, se barajan los nombres de Ibrahimovic, Villa y Forlán. Tras un primer intento fallido por el sueco, el Barça se lanza a por Villa, gran delantero pero de cualidades opuestas a Ibra. Tras un nuevo fiasco en la negociación con el Valencia –aquí hay que reconocer que el Cristo accionarial que hay montado en el club Che no facilitaba el asunto, pero el Madrid bien que pudo fichar a Albiol-, Laporta coge las riendas de la negociación y paga por Ibrahimovic un pastizal indecente, metiendo en el paquete a Eto’o, a Hleb (que no hizo ni puto caso y acabo yéndose al Stuttgart) y los calzoncillos que llevaba en el aeropuerto. Aplaudan, por favor. Tras esta jugada maestra, que bien podía haber firmado la portera de Nuñez, Txiki se lanzó a la caza de un centrocampista y de un central, que básicamente era o el ucraniano Chygrynskiy o el ucraniano Chygrynskiy.

Para el centro del campo se barajaban los nombres de Mascherano y Cesc. Dos jugadores maravillosos, sin duda, pero parecidos como un huevo y una castaña. El Barça hizo un poco bastante el ridículo cuando, ante la visita del Liverpool a Barcelona para disputar el encuentro inaugural del estadio de Cornellá, no mandó a nadie para negociar el traspaso mientras el Madrid sí lo hizo para acabar cerrando el fichaje de Xabi Alonso. Tras la salida del jugador vasco, parece imposible que Mascherano también abandone el equipo red. También parece imposible que el Barça pueda fichar a Cesc sin otro Eto’o que regalar. En Ucrania el secretario técnico cruzó ríos de fuego, se enfrentó a poderosos Titanes y vientos huracanados para, una vez más, salir escaldado. Ya no es que el multimillonario propietario del Shakhtar Donetsk dijera “tururú trompeta”a la oferta azulgrana, algo que se puede comprender, es que el señor Begiristain ni siquiera logró que el jugador moviera una uña para salir de un club en el que aspira a ganarlo todo… en la prestigiosísima liga ucraniana. Tras un nuevo y estrepitoso fracaso en el fichaje de un central, el Barça ha pasado a buscar un lateral izquierdo de perfil bajo con el que cubrir los partidos que Alves se pueda perder y contar con Puyol únicamente como central. La idea es no tener que jugar al encaje de bolillos con la defensa si tenemos al brasileño sancionado y un central –sólo uno- lesionado como pasó en la final de Roma, en la que Touré acabó jugando en el eje de la defensa. ¿Quién vendrá? Quién sabe, pero Belletti, héroe de París, acaba contrato al final de temporada y podría salir barato (esta última frase es fina ironía, aclaro). Con la búsqueda de un lateral derecho, la prioridad inicial –el extremo izquierdo- ha quedado totalmente olvidada. Me encanta que los planes salgan bien.

Como hay que ser justo en la vida, habría que reconocer que la secretaría técnica fue rápida, inteligente y hábil con el fichaje del lateral izquierdo, fichando a un jugador contrastado como Maxwell después de que Lendoiro se subiera a la parra, al pino y a la conífera gigante al pedir 20 kilos por Filipe Luis. Pero esta inteligente maniobra –la de Ibrahimovic fue parecida, pero teniendo en cuenta los duros que se tuvieron que soltar para traerlo no la hace muy inteligente que digamos, sin menospreciar la extraordinaria calidad del sueco– no puede tapar que el Barça ha ido saltando de descalabro en descalabro cada vez que se fijaba un objetivo.

Claro que, viendo la trayectoria del secretario técnico, esta retahíla de fiascos tampoco debe ser sorprendente. Él fue el encargado de traer al Camp Nou fenómenos como Ezquerro o Maxi López; Gudjohnsen o Albertini, estos con la complicidad de ‘Rizoparte’ Rijkaard. También Hleb ha ido cortesía de Begiristain, esta vez con el visto bueno del falible-aunque-no-lo-parezca Guardiola. No incluyo en la lista de chascos a Zambrotta y Thuram ya que eran dos jugadores a priori consagrados que no lograron encajar en un equipo en descomposición (aunque en el caso de Thuram no llegó a tiempo a ni un solo balón en las dos temporadas que vistió de azulgrana). Por Martín Cáceres se pagó un precio exageradísimo y sus dificultades a la hora de sacar el balón jugado hacen que difícilmente encaje en el sistema de juego culé –algo que Txiki tenía que haber pensado antes de soltar 20 millones por él- pero el uruguayo es un muy buen jugador.

Descontando a Piqué y Touré, todos los fichajes de Txiki han sido caros, como Alves o Henry; han dado un buen rendimiento pero no como se esperaba, como Abidal o Henry; y todos ellos eran fichajes evidentes y los hubiera llevado a cabo cualquier chimpancé con un fajo de billetes. Sería muy fácil dar los méritos de los éxitos de la época Rijkaard a los magníficos fichajes de Sandro Rossell y los del triplete a Guardiola. Rezar para que la Masía siga produciendo joyas como Iniesta, Xavi, Busquets, Pedro o Messi ¿Alguien se imagina qué hubiera pasado si Txiki hubiera tenido que fichar a un sustituto para Ronaldinho y Deco? Pero eso sería ventajista, simplista y probablemente tramposo, pero lo cierto que con Txiki Begiristain al frente de la secretaría técnica que el Barça haya ganado tres ligas y dos Champions en cinco años parece un milagro. Un jodido milagro.

Las luces y las sombras del (posible) fichaje de Ibrahimovic

Sí, Ibrahimovic es un jugador absolutamente espectacular, posiblemente el delantero centro más completo del mundo. Más que Eto’o y más que Villa. Un jugador de 1,92 pero con la habilidad, agilidad, técnica y movilidad propias de un jugador mucho más pequeño. El sueco es la elegancia personificada. Tras cuatro temporadas en Holanda y cinco en Italia se ha ganado sobradamente que le rebauticen como “Ibracadabra”. Su repertorio de goles sorprende por la variedad: de tacón, de espuela, de vaselina, en jugada individual, de volea, de fuera del área, de falta, de estar donde tiene que estar y de todos los colores. Sin embargo Zlatan, a pesar de ser uno de los mejores delanteros centros del mundo, no es un hombre de área. El todavía interista es un jugador que vive de mucho más que del gol. Es uno de esos jugadores que, además de jugar bien, hacen jugar bien a los que le rodean. No será un finalizador como son Eto’o y Villa, sino que es una fuente de creación de juego que, además, ha marcado la nada desestimable cifra de 80 goles en sus 156 partidos en una liga tan complicada como la italiana. Letal de cara a gol, efectivo de cabeza, gran tirador de faltas, dominador del juego de espaldas a portería y grandísimo pasador, es de los pocos jugadores que pueden mejorar la faceta ofensiva del Barça. Villa podía aportar al Barça algo muy parecido a lo que aportaba Eto’o, similar a lo que Henry o incluso Bojan pueden aportar jugando en el eje del ataque, pero Zlatan es un perfil de delantero diferente a lo que el Barça tenía hasta ahora. De concretarse el fichaje, ofrecería a Guardiola unas variantes tácticas que hasta ahora no tenía y que ya reclamó el verano pasado al pedir el fichaje de Adebayor, que acaba de firmar por el Manchester City (que a lo tonto tiene una de las delanteras más interesantes de la Premier, con el togolés, con el ‘apache’ Tévez y con Robinho).

Samuel Eto’o ha ofrecido goles a mansalva y un trabajo defensivo que difícilmente podrá igualar el sueco. Zlatan viene a ofrecer algo distinto. Seguramente no llegará a los 35 goles que el camerunés puede aportar en una buena temporada –la mejor cifra goleadora de Ibra ha sido 29 goles en esta última temporada, si bien es verdad que en España resulta mucho más fácil marcar que en Italia-, sin embargo es un jugador que podría lograr que Messi superase los casi 40 goles que ha marcado este año o que Henry alcance los 35 goles que podía alcanzar en etapa en el Arsenal. Comparado con Samuel, a Ibra le falta algo de gol (aspecto que en España podría igualarse) y actitud defensiva, pero gana en movilidad, inteligencia táctica y juego de espaldas. Además Ibra llega al Barça con la motivación de ganar la Champions y luchar por el Balón de Oro, dos premios de los que, hasta ahora, se ha quedado lejos.

Dicho esto, la cantidad de 45 millones más Eto’o y la cesión de Hleb (pagando el Barça la ficha) es una cantidad casi tan desorbitada como las pagadas por Kaka y Cristiano Ronaldo que el Presidentísimo Laporta calificó de imperialistas. Cierto es que el hecho que a Eto’o le quede un año de contrato hace que su tasación baje y no llegue a los 35 millones en los que algunos medios lo valoran, pero el Manchester City había ofrecido 25. Si este es el valor de Eto’o en el mercado, sumados a los 7,5 millones que cobra Hleb, la operación ascendería a la humilde cantidad de 77,5 millones de euros. El segundo fichaje más caro de la historia del fútbol después de CR9. Aunque se venderá la moto (una superbike en este caso) de que el sueco habría costado sólo 45 millones no es así. La ficha de Hleb también cuenta y el propio Eto’o tiene un valor, y mucho. Si no lo tiene, que no se vuelva a pagar nunca dinero por un jugador. ¡Al loro! 77,5 millones. Calderilla oye. Sólo espero que, si Ibrahimovic llega a presentarse como jugador azulgrana, Laporta no diga que se podrá recuperar la inversión con la venta de camisetas en sólo un año. La realidad más bien será que el Barça podrá costear la inversión con el ‘pelotazo culé’ repitiendo la jugada florentiniana que tanto se criticó en su día.

Además, en las últimas semanas la relación entre el camerunés y el club se había envenenado peligrosamente y se había evidenciado que después de todo lo que se habían dicho unos a otros, Samuel no podía volver a jugar con la camiseta del Barça, todo porque el club, en la persona de Txiqui Beguiristain (que viendo su trabajo, parece un milagro que el Barça haya ganado tres ligas y dos Champions) no supo gestionar el carácter de Eto’o y ha acabado por poner la política de fichajes del Barça en manos de un Eto’o que está enfadado con razón con la entidad azulgrana.

Y ese ha sido el gran fracaso de la dirección técnica. Antes de irse de vacaciones, Guardiola pidió tres cosas: 1) Ribéry. 2) Que Eto’o no siguiera en la plantilla y que fuera sustituido, por orden de preferencia, por Ibrahimovic, Villa, Benzema o Forlán. Y 3) que se ampliara la plantilla. Ribéry, para muchos la pieza clave que convertiría el Barça en un equipo difícilmente mejorable, parece que no llegará. Es algo que puede pasar, estos fichajes no siempre se pueden llegar a concretar aunque te llames Florentino Pérez. Pero es que a sólo un día del retorno al trabajo del equipo Eto’o sigue con contrato en el Barça y la plantilla es tan corta como la del año pasado, ya que el único fichaje, Maxwell, ha sido para cubrir la marcha de Sylvinho. No sólo eso, sino que Eto’o tiene en su mano que el que debería ser el gran fichaje culé se realice o no, y si hay un jugador capaz de decir que no al Inter sólo por el orgullo de que no sea el Barça quien decida su destino es Eto’o. Ya rechazó la millonaria oferta del City y no resultaría extraño que también rechazara la del Inter, por mucho que el los Nerazzurri puedan cumplir con sus aspiraciones económicas y futbolísticas, y más ahora que se rumorea que el Chelsea podría haberle hecho una oferta. Es inaceptable que un club como el Barça llegue a estar cogido por los huevos (perdón por la expresión, pero no hay ninguna otra en el lenguaje español que describa tan bien la situación) por un jugador, sea quien sea. Si se llega a hablar de dimisiones, no parecería exagerado, aunque tal y como se dirige el club sí sería sorprendente.

La ineptitud de Txiki para gestionar la salida de Eto’o podría hacer buena la exageradísima, inmoral que dirían algunos, cantidad pagada por Zlatan, ya que además de traer a la primera opción de Guardiola para la posición de ‘9’ y solucionaría el marrón en el que se ha convertido la salida de Eto’o, que por los servicios prestados en el campo (108 goles, tres Ligas, una Copa del Rey y dos Champions. Por 25 pesetas, jugadores del Barça que puedan decir lo mismo: ninguno) merecería salir por la puerta grande con un homenaje en el próximo Gamper, pero vista la situación y teniendo en cuenta que ni Ronaldinho ni Deco pudieron despedirse de la afición, se hace difícil de creer una quimera así.

Fútbolisticamente hablando, el fichaje de Ibrahimovic es, a priori, un gran movimiento por parte del Barça, sin embargo el coste desorbitado del fichaje y la situación Eto’o lo empañan. Es una pena que la extraordinaria plantilla y el excepcional entrenador que han logrado el triplete (sí, repitámoslo, que nadie se olvide. Triplete.TRI-PLE-TE. ) no se complete con una secretaría técnica eficaz que hiciera su trabajo cuando toca y bien, no tarde y a medias, que no se dejara atropellar por el más que previsible Huracán Florentino, y por un presidente discreto, que no se convirtiera en Mr Hyde cada vez que ve un micrófono para luego tener que comerse sus palabras.