Encaje de bolillos

Es cierto que es muy injusto sacar conclusiones del partido de Supercopa. El Barça se enfrentaba al Sevilla en unas circunstancias que difícilmente se volverán a repetir a lo largo de la temporada, con ocho jugadores titulares recién llegados de vacaciones con un absurdo amistoso en México de por medio y con Messi todavía lejos de su mejor forma. Tampoco es justo valorar a los canteranos por lo visto sobre el Sánchez Pizjuán. Miño, Sergi Gómez y Oriol Romeu debutaron en una alineación en la que sólo Alves y Abidal son titulares indiscutibles (Ibrahimovic está por ver si lo es, incluso si se queda) y no es lo mismo que entrar en un equipo con nueve o diez titulares. Es más, los errores que facilitaron los goles sevillistas se les puede atribuir más a los veteranos Milito y Abidal que a los debutantes Gómez y Romeu. Pero tampoco hacía falta el partido de Supercopa para comprobar que la plantilla del Barça es corta y lo visto en este encuentro no ayuda precisamente a rebatir esa teoría.

No cabe duda de que con Puyol y Piqué el Barça tiene una de las mejores, o la mejor, pareja de centrales del mundo y Busquets, a pesar de sus pajareos ocasionales, es un gran pivote defensivo. Sin embargo, tal y como está la plantilla del Barça en este momento, una lesión o una sanción –o una combinación de ambas- deja el eje defensivo del Barça en pelota picada. La marcha de Márquez y Chygrynskiy, aunque el año pasado hicieron poco más que pastar por los campos de entrenamiento, dejan a Milito como único recambio para los centrales. Además, su historial de lesiones no aconseja que juegue muchos partidos completos. La alternativa era recolocar a Abidal de central, pero el francés ha demostrado en el Mundial, en la gira asiática y en la Supercopa su nula capacidad para jugar en ese puesto. Casi recordaba a Oleguer. El caso del pivote es todavía más dramático: una baja de Busquets obliga a tirar de Oriol Romeu, que apenas ha jugado un año en segunda división B. No hay que olvidar que Yaya Touré –el gran Yaya Touré- jugó el año pasado 37 partidos (23 de Liga, tres de Copa y once de Champions). Con su marcha el Barça pierde uno de los mejores del mundo en su posición y reemplazarlo por un chaval de 18 años significa perder potencial.

Cesc Fábregas y Mezut Özil son grandes jugadores pero el Barça no los necesita. En el caso del alemán, además, todavía tiene que demostrar que lo visto en Sudáfrica no es flor de un día. Muchos jugadores han saltado a la fama en una Eurocopa o Mundial para luego estrellarse contra la realidad. Y sólo hay que recordar que el Barça estuvo a punto de fichar a Milan Baros tras la Eurocopa de 2004. Para la posición de interior, Thiago y Jonathan están suficientemente rodados para dar el salto al primer equipo si hay que rotar a Xavi e Iniesta. Muniesa, Bartra, Fontás, Sergi Gómez y Oriol Romeu tienen un potencial extraordinario pero están verdes, algunos como Gómez están verde fosforito. pero los canteranos deben ir incorporándose al primer equipo poco a poco. Casos como el de Sergio Busquets, que pasan de jugar en tercera división a la final de la Champions en apenas un año, pasan una vez en la década. Incluso Messi paso un año yendo y viniendo del filial antes de asentarse en el primer equipo e Iniesta estuvo varias temporadas siendo suplente. El escenario de verte obligado a jugártela en una semifinal de Champions, donde un solo error te puede facturar para casa, es muy arriesgado. El Barça necesita reforzar su eje defensivo si no quiere tener que hacer encaje de bolillos cada vez que tenga una o dos bajas en la zaga.

Contra el wirbelsturm, doble pivote

Mesut Özil

Mesut Özil

Sudáfrica parece haberse empeñado en dar la razón a la célebre frase de Lineker “el fútbol es un deporte que juegan once contra once y al final siempre gana Alemania”. En dos rondas eliminatorias ha liquidado a dos selecciones que llegaban al Mundial como favoritas. 4-1 frente a Inglaterra de Capello y 4-0 ante la Argentina de Maradona. Impresionante. Se plantó en Sudáfrica sin más ruido que la lesión de Ballack y ha sorprendido por su presión feroz en defensa y su velocidad en ataque, liderados por un titánico Özil y por un Klose que si rindiera en sus clubs como en su selección habría sido uno de los mejores nueves de todos los tiempos.

España aterrizaba en el campeonato como gran favorita al título, pero esa condición se esfumó a la primera tras la derrota ante Suiza. Superó con más sudor de lo esperado la fase de grupos y superó por la mínima a Portugal y a Paraguay. Casillas, pese al partido de cuartos, no acaba de transmitir la seguridad que se presupone a uno de los mejores porteros del mundo, Iniesta es una sombra de si mismo tras una temporada acosado por las lesiones y algo parecido se puede decir de Torres. Xavi parece algo cansado tras dos temporadas a un nivel estratosférico, por lo que la selección se aferra al instinto goleador de un Villa en permanente estado de gracia. Con todo, ha conseguido llegar a semifinales de un Mundial por primera vez en su historia (en Suecia 50, en la que España quedó cuarta, se jugó con un sistema de doble liguilla, sin fases de eliminación directa) haciendo algo que normalmente se atribuye a los equipos con “espíritu campeón”: ganar sin jugar bien.

Visto lo visto, parece que Die Mannschaft debería ser la gran favorita en la semifinal. La camiseta Alemana – y las camisetas juegan- ha ganado tres Campeonatos del Mundo y ha llegado a otras cuatro finales, siendo la selección que más ha jugado con un total de siete. Habrá quien recuerde que hace dos años España ya los derrotó en la final de la Eurocopa, pero reencontrarse con antiguos vencidos no suele ser un buen negocio en estas competiciones. Además, aquella Alemania estaba liderada por Ballack, un jugador tremendamente mediático pero con muy poca inteligencia futbolística y que muchos consideran gafe por llevar el dorsal 13 y por haber perdido todas las finales internacionales que ha jugado (con el Bayer Leverkusen, la final de la Champions 2002 frente al Madrid; Con el Chelsea la de 2008 frente al Manchester United, y con la selección perdió la final del Mundial de Corea-Japón de 2002 ante Brasil y la de la Eurocopa de Austria y Suiza de 2008 frente a España). Su ausencia ha liberado a Özil y a Schweinsteiger que ahora lideran brillantemente el centro del campo germano.

Xabi Alonso y Sergio Busquets

Xabi Alonso y Sergio Busquets

Sin embargo, los de Joachim Löw no se encontrarán el aeropuerto en el centro del campo que se encontraron ante Inglaterra y Argentina. Frank Lampard y Steven Gerrard son dos extraordinarios jugadores, dos de los mejores centrocampistas del mundo, pero por alguna esotérica razón nunca han cuajado bien juntos. A su lado estaban Gareth Barry (Manchester City) y James Milner (Aston Villa), buenos jugadores pero no lo suficiente para una empresa del nivel de un Mundial. El caso de Argentina es todavía más exagerado: Maradona alineó a un solo centrocampista: Javier Mascherano. Junto a él, reconvirtió a Messi en mediocentro. La Pulga hizo lo que pudo en esa posición, pero lo suyo no es hacer circular el balón, lo suyo es enloquecer a las defensas rivales y a 40 metros de la portería rival eso es casi imposible. España es otra historia. Tiene el que seguramente sea el mejor centro del campo del mundo y un muy discutido doble pivote que, esta vez sí, puede ser la gran medicina contra la velocidad que imprime Alemania a la circulación del balón. Además, los bajitos españoles –Xavi, Iniesta, Cesc y Silva- son de los pocos que pueden robarles el balón en el minuto uno y devolvérselo tras el pitido final como sucedió en la final de la Eurocopa. Otro problema que deberá enfrentarse Löw es la baja por acumulación de tarjetas de Müller, que comparte con el Torpedo algo más que el apellido: también su capacidad para golear. Además, la solvencia con la que Alemania ha despachado sus encuentros de octavos y cuartos es un arma de doble filo. Da confianza, pero puede hacer que te olvides de lo que es sufrir, y en el fútbol no saber sufrir cuando las cosas van mal puede ser mortal. Y si no, preguntádselo a Brasil.