El conspirador conspirado

FC Barcelona Press Conference

En el Camp Nou se han visto de todos los colores, incluso de algunos en teoría imperceptibles al ojo humano, pero lo vivido esta semana probablemente supere todo lo vivido en los últimos años, o como mínimo iría directo a un podio. Lejísimos queda ya el mal partido de los de Martino contra el Levante y de eso no hace ni seis días. El locurón empezó cuando la noche del domingo se publicaba la primera edición de El Mundo en el que Eduardo Inda, enfant terrible del periodismo deportivo reconvertido en periodista de investigación, afirmaba que Neymar había costado al Barça 95 millones de euros, un número mágico que según sus cuentas convertía al brasileño en el jugador más caro de la historia, un millón por encima de Cristiano Ronaldo. No hacía falta ser Sherlock Holmes, ni siquiera ser Eduardo Inda, para darse cuenta que el otrora director de Marca había sumado conceptos como le salía de la calva. Traspaso, primas, comisiones, sueldo, bonus, la foto de la abuela… todo iba al mismo saco. En un pequeño despiste, se llegaba a incluir la penalización de 9 millones en caso de que los dos amistosos acordados no se jugasen (4,5 por cada uno), a pesar de uno de ellos ya se había disputado. Lapsus a parte, posiblemente esta sea la manera más adecuada de contabilizar el coste de un fichaje, pero como se dice popularmente, aquí o follamos todos o tiramos la puta al río. Por eso hacía daño a la inteligencia una tabla que acompañaba el artículo en el que se comparaba el supuesto coste total de la operación Neymar con lo pagado por otros futbolistas, pero los demás contando sólo el traspaso y no el sueldo, bonus, primas de fichaje etc. Tan hábil fue Eduardo Inda al conseguir la documentación que el Barça había entregado al juez Ruz como al manipular la información a su gusto. La verdad es una puta que se acuesta con cualquiera, y el domingo Eduardo Inda pegó un polvazo.

Los lunes suelen ser dantescos por definición, pero este fue especialmente espeluznante gracias a la rueda de prensa perpetrada por Sandro Rosell y Toni Freixa. Se expuso el proyecto de reforma del Camp Nou, y ya es bastante sorprendente que el socio irá a votar si el estadio se reformará o no sin saber detalles tan insignificantes como qué empresa llevará a cabo la reforma (el concurso se realizaría después del referéndum), algo que en aras de la transparencia debería poder elegir el socio, habida cuenta de la facilidad de esta junta para acordarse de sus amigos en ciertos temas y los 600 millones que volarán en la reforma, una reforma que por otro lado es realmente necesaria. Pero lo mejor aún estaba por llegar. David Bernabeu, de Cuatro, destapaba la caja de los truenos al preguntar a la directiva por la información publicada por El Mundo. Patetismo absoluto. Primero pidiendo, con un punto de chulería, al juez Ruz que aceptase la querella que Jordi Cases había interpuesto contra él. Luego indicando a los periodistas qué debían y qué no debían preguntar con un feo “ya vale” y luego con un “siguiente pregunta por favor” con el que Toni Freixa salía a defender a un patético Sandro Rosell que había decidido ejercer la transparencia del hormigón.

Y el juez admitió la querella, y Rosell dimitió. Y alegó que habían sufrido amenazas. Y los Mossos dijeron que ellos no sabían nada, y TV3 publicó la denuncia, y entonces los Mossos dijeron que sí, que algo sabían. Y unos disparos con una pistola de balines contra la puerta de su casa cuando ellos no estaban (suceso vomitivo, por cierto) se narró como si fuese la escena del peaje de El Padrino“le pegaron dos tiros en su casa” llegó a decir Quique Guasch en El club de la mitjanit [a partir del minuto 29]-. Y así acabó el mandato del presidente que logró que el mejor entrenador de la historia del club se fuese del Barça, el presidente que trató de volver a meter a los violentos en el Camp Nou (quizá els nois molt macus tengan algo que ver con las amenazas recibidas), el presidente que no renovar ni a Eric Abidal ni a Pete Mickeal tras sus enfermedades a pesar de sus promesas, el presidente que fulminó las secciones, el presidente que convirtió el club en una máquina de limpiar la imagen de cierta dictadura árabe, el presidente que puso en marcha una impresentable y revanchista acción de responsabilidad contra la anterior junta que puede hundir la vida a gente que nada tuvo que ver con los derroches de Joan Laporta. Su caída tiene algo de poética, como de Macbeth. A Sandro Rosell siempre se le ha dado bien moverse entre las sombras, conspirar y apuñalar por la espalda. En la oposición nunca dio la cara, dejando que sus agentes hiciesen el trabajo sucio como aquella moción de censura que Oriol Giralt interpuso contra Laporta. Su dimisión ha sido forzada, o cuanto menos acelerada, por la querella de uno de esos socios comprometidos con el club que con el tiempo normalmente se demuestra que tenían a alguien detrás. Hoy no sabemos si Jordi Casas es un agente de alguien, pero las historias de justicieros solitarios pocas veces salen de los cómics. Rosell, conspirador conspirado, recibió una puñalada en lo que tenía que haber sido la culminación de su obra de gobierno, el fichaje del que todo apunta tenía que ser el crack de los próximos años. Y así abandonó el club, de la manera que mejor resume la imagen dada por su presidencia: leyendo un comunicado y sin contestar las preguntas de los periodistas.

Y así contarán los anales de la historia, también conocidos como Wikipedia, que Josep María Bartomeu se convirtió en el 40º Presidente del FC Barcelona. Erigiéndose cual heredero de Isildur, Bartomeu tomo las de Villadiego y decidió que acabaría el mandato hasta 2016. Los estatutos se lo permiten y tienen todo el derecho del mundo en hacerlo, si bien llama la atención que una junta tan obsesionada por la transparencia y la democracia que convoca un referéndum para votar si se reforma el estadio considere que el socio no tiene nada que decir sobre quién será el siguiente presidente. Porque el argumento de que las elecciones desestabilizan al club quedó totalmente descartado en 2010, cuando en plena campaña electoral el Barça ganó una Liga con 100 puntos y sólo un volcán islandés evitó que se plantase en la final de Champions.

Con todo, la primera comparecencia de Bartomeu ante la prensa fue razonablemente convincente, o lo hubiera sido de haberse hecho antes y de no haber mentido. El heredero se siente mucho más cómodo que su antecesor en público, tiene más cintura y agilidad mental al salirse del guión y la valentía suficiente como para aceptar una rueda de prensa sin límite de tiempo ni preguntas. La explicación de las cifras del contrato de Neymar hubiera sido más o menos aceptable de no haber llegado después de todo el espectáculo de esta semana. Cada uno interpretará la ensalada de números como le de la real gana, como puede comprobarse con una mirada rápida al kiosko al día siguiente. Poco se ha hablado, además de lo estratosféricamente ridículo que resulta tener que pagar 40 millones como compensación por romper un contrato que habías firmado para asegurar el fichaje del jugador, pero en el mundo Barça ya pocas cosas sorprenden. También queda un poco casual que el padre de Neymar tuviera una empresa distinta que se ajustase a las necesidades del Barça que surgían de cada fleco del contrato. Si bien el contrato publicitario queda explicado (el padre de Neymar posee la exclusividad para negociar contratos con la imagen del jugador en Brasil) queda muy extraño que también tuviera otra empresa de scouting perfecta para controlar a los tres futbolistas por los que se adquirió un derecho de tanteo (tres futbolistas que realmente no interesan al Barça y que sólo se usaron como excusa para pagar más al Santos sin que este tuviera que dar una parte a la cadena de supermercados CIS que poseían el 45% de los derechos de Neymar, al estilo “vendo bolígrafo y regalo entrada” habitual de eBay). Quizá dentro de no mucho descubramos que el padre de Neymar también tiene una constructora perfecta para reformar el Camp Nou. O quizá sea todo verdad y gracias a este contrato descubramos al próximo Romario, pero en ese caso el Barça debería haber pensado en la estética y la sensación sospechosa que genera tantas partidas para el padre, porque seguramente haya muchas más empresas de scouting en Brasil que no tengan nada que ver con Neymar padre. El oscurantismo que ha rodeado a toda la operación tampoco ayuda a tomarse en serio las explicaciones dadas. Tampoco las mentiras. Bartomeu explicó que el padre de Neymar había dado permiso para saltarse la cláusula de confidencialidad y que esa era la razón por la que se podía hacer público todo. Falso. Como publicó David Torras en El Periódico de Catalunya, las famosas cláusulas de confidencialidad habían sido impuestas de manera mutua, excepto en los contratos de publicidad y scouting que lo había impuesto el club azulgrana. Una vez más, la junta azulgrana miente. No miente, sin embargo al decir que el Barça no contó con agentes externos para tratar el fichaje: a André Cury directamente se le hizo empleado del club.

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Neymar en Instagram, visiblemente preocupado por la tormenta desatada por su fichaje.

Interpretaciones y mentiras al margen, queda claro que los azulgrana pagarán unos 130 millones de euros por tener a Neymar los próximos cinco años, contando el traspaso, sueldo y todos los derivados del contrato. A primera y a segunda vista, es una cifra astronómica con la que muchos vivirían bien una buena temporada y que haría sonrojar al mismo arzobispo de Barcelona, sin embargo el problema al valorar esta cifra es que no tenemos con qué compararlo. Hasta ahora, las cifras que se publicaban eran únicamente el coste del traspaso (que en el caso de Neymar estrictamente serían los 17 millones pagados al Santos, y de manera más amplia también los 40 pagados por romper el contrato original). Desconocemos con exactitud los sueldos que cobran otros grandes futbolistas, si hay contratos derivados, sus primas de fichaje -que las ha habido toda la vida-, las comisiones de los agentes y cuantas triquiñuelas pueda haber. Incluso hay fichajes de los que ni sabemos con exactitud la cuantía del traspaso. Sin embargo, contando con que el sólo el transfer de Cristiano Ronaldo o Bale ya superaron los 90 millones de euros se puede intuir que el coste de Neymar, siendo locura, no sería el mayor locurón fuera del mercado.

El tiempo dirá si el Barça ha pagado mucho o poco por el fichaje de Neymar, de momento el nombre del brasileño ha quedado grabado con letras de oro en la libro  cainita del club como parte fundamental de la caída de Sandro Rosell, el mandatario más votado de la historia del club. Se marcha el presidente de la vendetta, que fundamentó su etapa al frente del club en la negación de quien heredó uno de los mejores equipos de la historia. Lo curioso es que con sus acciones es posible que haya puesto la alfombra roja para un posible retorno de Laporta, tras fracasar en política, al palco del Camp Nou.

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Una sombra del pasado

FUTBOL, COPA DEL MUNDO 2010.Gerardo Martino era casi un completo desconocido para la afición azulgrana hasta que el pasado viernes el señor Santi Giménez dio por primera vez su nombre como candidato al banquillo culé, ahora ya es oficialmente el sucesor de Tito Vilanova. El argentino coge las riendas del Barça en uno de los momentos más complicados que se puedan imaginar. A nivel deportivo, se hace cargo del que posiblemente haya sido el mejor equipo de la historia ya en franca decadencia y con algún trazo -Neymar- del que debe ser el futuro del proyecto deportivo. Piezas fundamentales del equipo como Puyol y Xavi están ya de salida y no se atisba quien les pueda suceder. El gran reto de Martino es que este equipo vuelva a ser grande en los partidos importantes, que no gana ni uno desde el 1-3 en el Santiago Bernabéu en diciembre de 2011. Desde entonces ha palmado todo partido decisivo que ha jugado, contra el Madrid en Liga, Copa del Rey y Supercopa, contra el Chelsea en Champions y por no hablar del hundimiento frente al Bayern. La excepción es la espléndida remontada frente al Milan, pero también es cierto que los rossoneri están muy lejos del grande de Europa que solían ser. La llegada de un entrenador completamente nuevo debería, en teoría, poner firmes a algunos elementos acomodados de la plantilla y reorganizar la jerarquía en el vestuario, vuelta al aire desde que Tito Vilanova tuvo que ausentarse durante dos meses para tratarse en Nueva York -cuando los gatos no están, los ratones bailan-. Quienes lo conocen (yo no lo conocía, lo reconozco) explican que es de la escuela Bielsa, por lo que su estilo es lo suficientemente parecido al que se ha visto hasta ahora en el Camp Nou como para encajar, y a la vez es lo suficientemente distinto como para introducir nuevos matices ante rivales que ya empezaban a conocer demasiado al Barça. Sin experiencia en Europa, está claro que Martino es la apuesta más arriesgada de las que se podían tomar, pero los casos de Rijkaard y especialmente el de Guardiola demuestran que en ocasiones este tipo de decision puede ser la correcta. Eso, claro, asumiendo que Martino sea realmente la apuesta de futuro.

El gran debe que tiene Gerardo Martino es su absoluto desconocimiento del club y de su nitroglicerínico entorno, en guerra civil abierta desde la rueda de prensa de Pep Guardiola en Munich. Si el argentino cree que llega únicamente a entrenar a un puñado de extraordinarios futbolistas se equivoca. Si cree que su mayor enemigo será el Real Madrid y la exigencia de títulos, está completamente errado. Basta con echar una mirada rápida a la etapa de Bobby Robson al frente del conjunto culé, un momento que guarda muchos paralelismos con el presente. Como ahora, el club vivía el tramo final de la hasta entonces mejor etapa deportiva de su historia, que sólo cuatro años antes había conquistado su primera Champions además de cuatro Ligas consecutivas. También como entonces, el exentrenador e icono del barcelonismo estaba en un estado de confrontación directa con la directiva. Los resultados avalaron al entrenador inglés, que ganó la Supercopa de España, la Recopa de Europa y la Copa del Rey, y sólo cedió la Liga en la última jornada. Tres títulos de cuatro posibles, y aún así vilmente fue masacrado por la prensa, tanto por cruyffistas como por nuñistas. No sólo se le acusaba de jugar defensivo -con un doble pivote formado por Guardiola y De La Peña, defensivísimos ellos- incluso se llegó a crear el vomitivo rumor de que era homosexual y que se amarraba con su traductor, un tal José Mourinho. El resultado fue aquella delirante pañolada en el Camp Nou el día que el equipo ganó 7-0 al Sporting de Gijón. Acabada la temporada se destapó el pastel, y es que cuando Robson firmó por el Barça, Núñez ya tenía un acuerdo firmado con quien en aquél momento era el entrenador de moda en Europa, Louis Van Gaal, que no había podido llegar antes por su contrato con el Ajax. A sir Bobby Robson se le recolocó en un puesto florero y cumplió el resto de contrato que le quedaba con inglesa caballerosidad. Hoy todo el mundo es más tatista que el tato (lo siento, me lo hacía encima), pero cuando empiece a rodar la pelotita se verá si hay alguien que tiene las cartas marcadas desde el principio de la partida, porque todo el mundo sabe de la amistad del presidente del FC Barcelona con cierto entrenador que acaba contrato con la Federación Brasileña tras el próximo Mundial y a quien ya trató de traer a Barcelona en su etapa de vicepresidente.

Sólo queda desear la mejor de las suertes a Gerardo Martino. Realmente la va a necesitar.

Zubizarreta l, el Grande

Viene siendo ya un clásico que cada vez que se presenta una crisis, la junta de Sandro Rosell nos regala un festival de cosas que no hacer cuando tienes un marrón comunicativo. A última hora del martes llega la noticia de que parece que la enfermedad de Vilanova se ha reproducido y que tendrá que pasar de nuevo por el quirófano. El club decide no decir nada hasta que tenga más datos y esperar que sea el propio entrenador quien comunique la situación a la plantilla, como él mismo deseaba. La decisión es la más sensata y humana. El problema llega cuando el miércoles por la mañana el club anuncia que cancela la comida con los medios, las entrevistas con los jugadores y la rueda de prensa de Sandro Rosell. Evidentemente no hacía falta ser Philip Marlowe para darte cuenta de que algo no iba del todo bien, hasta cierto punto la estrategia de silencio se contradice con la de cancelar todos los eventos. Para más inri, Mundo Deportivo publica sobre el mediodía que la causa es que Tito Vilanova ha recaído de su enfermedad (con la cantidad de fichajes que anuncian y no aciertan, ya tiene mala hostia que esta noticia sí la hayan acertado. Cinísmos de la vida). El plan del departamento de comunicación del club acababa de volar por los aires.

Y ahí se han desbordado los rumores. Que si ya le estaban operando de urgencia en la Vall d’Hebrón, que si le operaban mañana, que si estaba ingresado, que si el Barça se había puesto en contacto con Guardiola para que tomase las riendas del equipo mientras Vilanova estuviera de baja… una avalancha de supuestas informaciones en las que ni siquiera los jugadores sabían qué era cierto y qué no. Y ante esto el club se ha tomado siete horas antes de abrir la boca. El momento más absurdo de la tarde ha llegado cuando el Real Madrid ha publicado un comunicado apoyando a Vilanova mientras en la web azulgrana hablaba del premio a Nick Hornby y la previa del sorteo de Champions. Siete horas en las que la noticia se ha desbocado por Internet totalmente fuera de control, algo que no beneficia a nadie, ni al enfermo, ni al club, ni a los jugadores que no sabían nada, sólo a algunos vendedores de vísceras. Parece mentira que alguien que ha gestionado tan mal desde el punto de vista comunicativo crisis como esta, como el viaje a Pamplona o las acusaciones de dopaje de la COPE, lo hiciera tan bien con la peor situación a la que podía enfrentarse el barcelonismo: la marcha de Pep Guardiola. Es curioso que aquel día, tras la rueda de prensa en la que El Tótem dijo que se iba, una gran mayoría de la culerada estaba ilusionada. ¿Qué había pasado? Había pasado Zubizarreta

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Tras dos temporadas tratando de evitar dar titulares en las entrevistas que ofrecía en la media parte de los partidos, el viernes 27 de abril de 2012 Andoni Zubizarreta se puso la chaqueta de salir a decir cosas y nos descubrió que en los despachos del club también hay vida inteligente a pesar de los intentos del presidente por ocultarla. Giró la tortilla y convirtió una crisis en una oportunidad. Cuando, ocho horas después de que todo el mundo supiera de la enfermedad del entrenador, salió acompañado del Presidente (cuando lo normal sería que él acompañase al Presidente) justificó él solito una rueda de prensa que en principio sólo servía para confirmar lo que todo el mundo sabía. Seguramente Rosell tenga muchas virtudes pero la oratoria está lejos de ser una de ellas, así que se limito a leer cuatro líneas antes de pasar la palabra al director técnico “para que explicase cosas más técnicas”. Las susodichas cuestiones técnicas en realidad lo que tenía que haber dicho Rosell, apelando al lado humano de la enfermedad de Vilanova y explicando con claridad todo aquello que se había confundido y enfangado durante la larga tarde de silencio. En la ronda de preguntas los periodistas decían “una pregunta para cualquiera de los dos” queriendo decir “que me conteste Zubi, por favor”. Hasta tal punto que Rosell parecía que estaba allí sólo en función institucional  y el que fue uno de los líderes del Dream Team parecía un verdadero presidente.

El Barça y sus interrogantes

Ya está aquí el momento que todo culé sabía que llegaría pero en el que nadie quería pensar. El Barça saldrá a competir un título sin la estrella que durante los últimos cuatro años ha guiado no sólo al primer equipo de fútbol, sino al club entero. Cuatro años en los que Guardiola no sólo se ocupó de dirigir a uno de los mejores equipos de la historia, también a apagar los fuegos generados por las bravuconadas de Laporta y los palos de ciego de Rosell. Sólo Dios, si existe, sabe cómo evolucionará sin su superlíder un club que lleva la fractura en su genética como si fuese el fútbol de posición. Puede que el Guardiolismo haya servido para que la afición azulgrana madure, pero como en cualquier club de fútbol la estabilidad a corto plazo depende de los resultados. No cabe duda de que la apuesta de Tito Vilanova es la continuidad absoluta, como es lógico, pero esta misma apuesta por la continuidad absoluta encierra una serie de interrogantes que marcarán los resultados como ya ocurrió el año pasado.

El más importante es el nivel que ofrecerá Xavi. Con 32 años y con problemas en el tendón de Aquiles, el equipo nota muchísimo cuando el de Terrassa baja el nivel (también la selección Española, no es casualidad que el mejor partido de la Eurocopa coincidiese con el mejor del centrocampista azulgrana). ¿Cómo gestionar que tu timón ya no pueda disputar 50 partidos por temporada al máximo nivel? Esta pregunta se superpone con otra, que es cómo acabará de encajar Cesc en el equipo. El año pasado comenzó la temporada como un avión y acabó diluyéndose después de Navidad, cuando la posición de interior le obligó a controlar su tendencia al desorden y él mismo reconoce que acabó por bloquearse. Por experiencia y posición el ex-Gunner debería ser el reemplazo natural de Xavi, a pesar de ser un jugador totalmente distinto.

Otro gran interrogante está en la línea delantera. La escalofriante cifra goleadora de Leo Messi ocultó el año pasado ciertas carencias del equipo y es que en momentos clave, si falla La Pulga, al Barça le falta gol. Este defecto es consecuencia directa de la grave lesión de Villa y la irregularidad de Pedro, jugadores que en condiciones normales te garantizan entre 20 y 25 goles por temporada cada uno. Entre los dos marcaron el pasado curso 24 goles, lo que quiere decir que en el tramo crucial de la competición al Barça le faltaron cerca de 20 goles que Messi estuvo a punto de compensar él solito, pero se quedó a un palmo de conseguirlo. Teniendo en cuenta que Alexis Sánchez nunca ha sido un goleador (el año pasado con 15 goles fue su mejor temporada en este aspecto) habrá que ver si Pedro es capaz de volver a su nivel habitual y cómo evoluciona Villa con 30 años y cerca de 9 meses sin jugar. Tito Vilanova y Andoni Zubizarreta parecen tener muy claro este punto, ya que en ningún momento han parecido interesados en buscar un delantero, siempre con la carta Neymar bajo la manga (otro interrogante en si mismo).

Y en defensa, dos nombres propios, Piqué y Puyol. El gran capitán es un portento de la naturaleza, sin embargo con 34 años tiene una edad en la que la mayoría de los jugadores empiezan a cambiar el fútbol por la petanca y deberá dosificarse. El problema de Piqué es otro. Cuando quiere, es el mejor central del mundo. Seguro en defensa, exquisito con el balón y con una capacidad para tirar del carro cuando las cosas van mal pocas veces vista en un central. Los últimos meses, pero, ha parecido que el “cuando quiere” es un condicional demasiado pesado para él y cuando jugó entre lesión y lesión lo hizo disperso y despistado. Es cierto que en la Eurocopa rindió a un buen nivel, pero su carácter hace difícil ver si es una reacción pasajera o permanente. Su capacidad para sacar el balón controlado desde atrás fue vital en los éxitos del equipo. Otra gran duda es Abidal. El francés aseguró que cree que podría volver a los terrenos de juego en diciembre, pero con 32 años y un trasplante la duda no es si podrá rendir al extraordinario nivel que rendía antes de su enfermedad, es si realmente podrá jugar en la élite. Su sustituto es, además, un lateral de características opuestas. Si Abidal era la pieza defensiva que permitía compensar las continuas incorporaciones de Dani Alves, Jordi Alba es tan ofensivo como el brasileño, por lo que habrá que redefinir los automatismos defensivos del equipo.

En frente, el Real Madrid de José Mourinho es un rival formidable, con la moral por las nubes tras ganar la Liga y a su vez espoleados por la espina clavada de haber caído eliminados en semifinales de Champions por penaltis. El conjunto blanco son claros favoritos en Liga y en Champions, por lo que recuperar el trono de campeón será un reto gigantesco para los culés. Pero hay ciertos jugadores a los que los retos gigantescos les encantan.

¿La muerte del laportismo?

En toda la boca. Los resultados de las elecciones del Barça sólo se pueden interpretar como una hostia en toda la boca a Joan Laporta. Es digno de una tesis doctoral el hecho de que una junta que ha ganado cuatro Ligas y dos Champions, que cogió a un club en ruinas en 2003 y que en 2010 lo deja en la elite mundial, haya salido derrotada de esta manera en las urnas. Jaume Ferrer logró únicamente un 10,81% de los votos, el menos votado de los cuatro candidatos. No sólo eso, sino que además Sandro ‘el archienemigo’ Rosell arrasó con un 61,41%. Una cifra muy parecida a la que sacó el ‘no’ a Laporta en la moción de censura de 2008: un 60,6%. Para rematar el asunto, la encuesta que TV3 realizó a pie de urna, y que bordó los resultados finales, revela que el 62,6% no votaría a Laporta si se hubiera podido presentar. La interpretación es muy sencilla: la gente, el soci, no sólo valora si la pelota entra o no. El equipo puede ir como un avión pero el palco ser un desastre. Se puede ir más allá y hacer una interpretación más profunda, con una parte posiblemente fantástica: se atribuye el éxito del Barça de Ronaldinho a Rosell y el del Barça de Messi a Guardiola. Algo que es totalmente injusto porque Laporta, guste más o menos, era quien tenía en todo momento la última palabra sobre cualquier decisión que se tomara.

Laporta ha sido un presidente tremendamente polémico, con continuas meadas fuera de tiesto, un exceso de politiqueo que finalmente han acabado por condenar al laportismo al abismo. Al menos por el momento. La fuerte personalidad de Laporta fue una de las principales armas que le hicieron llegar a la presidencia y ha marcado, para bien y para mal, su mandato. Es muy injusto valorar a Laporta como “el peor presidente de la historia”, como hizo José Ramón De la Morena en El Larguero sin mirar más allá de sus arranques de líder rebelde frente al Imperio. Las formas de Laporta han sido de impresentables para arriba más de una, dos y tres veces, indigna de una persona que representa a 180.000 personas, y sus internadas en política son por lo menos muy discutibles (y no por su posición independentista, si levantase el brazo sería lo mismo o peor). Pero Laporta tiene su parte de mérito, y es mucho, en los 69 títulos que el FC Barcelona ha ganado en sus diferentes categorías durante sus siete años de presidencia. Negárselo es profundamente injusto.

Pero lo que ha matado –por ahora- la continuidad del régimen ha sido la incapacidad de Laporta a la hora de mantener unido al grupo. En 2003, al mirar la foto de la junta, varios posibles herederos, uno destacado: Sandro Rosell. Fue el primero en saltar del barco, retratado por el presidente como poco más o menos que el anticristo. Pero todavía quedaban gente fuerte, como Ferran Soriano. Abandonó el club tras la moción de censura, al entender que el hecho de que 60% de los socios estuvieran en su contra les obligaba moralmente a dimitir aunque los estatutos no lo hicieran. Albert Perrín, hombre cercano a Laporta, le calificó de “Tejero”. No han sido los únicos que han salido rebotados con “l’ amic Jan”: también Alejandro Etxeberria, Jordi Badia, Xavier Sala i Martín, Samuel Eto’o o incluso Alfons Godall, su amigo del alma de la infancia y que llegó a ser el candidato continuista durante unos días hasta que tuvo la brillante idea de proponerle a Laporta un pacto con la gente de Soriano.

Caído uno a uno sus posibles sucesores, no le quedó más opción que recurrir a Jaume Ferrer como su delfín. Dejando de lado su más bien nula carisma personal –que no significa que no pudiera ser un buen presidente-, el principal problema de Ferrer es que no es laportista. Es más, tuvo que escuchar todos los adjetivos menos guapo cuando le comunicó a Laporta que tenía intención de presentar su propia candidatura cuando el Presidentísimo todavía apoyaba a Godall. Posiblemente su intención al aceptar el papel de sucesor era arrastrar el voto laportista, que ha resultado ser mucho menor de lo que se pensaba, pero la sombra de su avalador ha acabado por agarrotarle, no ha sido él mismo y le ha impedido situarse cómodamente en los debates, donde se ha hundido. El propio Ferrer mismo ha reconocido que no ha sido un buen candidato y que han hecho casi todo mal.

En estos momentos el laportismo es un cadáver, un cadáver caliente pero cadáver al fin y al cabo. Pero puede ser uno de esos cadáveres de las películas que, cuando el héroe se aleja convencido de la victoria, abren el ojo de golpe o cierran el puño con una música estridente de fondo. Porque no hay que olvidar que los estatutos permiten a Joan Laporta presentarse en las próximas elecciones y si hay una persona lo suficientemente inconsciente como para volver a presentarse ese es, precisamente, Joan Laporta, siempre que no esté demasiado ocupado liberando Cataluña de la opresión castellana. Y tampoco conviene olvidar que el nuevo rey proviene de la misma semilla que el antiguo, que fue el primer ángel caído de aquella candidatura de 2003 que acabó con las divisones clásicas del barcelonismo para crear otras nuevas.