Una noche de furia

BjcePf1CAAAfnU7.png-largeTodo estaba listo para una gran noche para el madridismo. Los astros parecían alineados para, al fin, clavar el último clavo en el ataúd de ese ciclo. Ese maldito ciclo azulgrana que se niega a expirar el último aliento. Enfermo crónico desde la última temporada de Guardiola y apuñalado mortalmente por el Bayern, el equipo siempre se levanta para una última pelea, casi como el Caballero Negro de Los Caballeros de la Mesa Cuadrada, sin brazos y sin piernas pero siempre dispuesto a dar un mordisco. El triunfo del Barça en el Bernabéu quizá no hable tanto de quién es este equipo -capaz de perder en Valladolid y San Sebastián sin dar la más mínima señal de poder luchar ni por el empate- sino de quién ha sido. Porque serán las ruinas de algo antaño magnífico, pero los rescoldos del quizá mejor equipo de la historia todavía queman si tratas de meterles mano, y el Real Madrid acabó ardiendo en su propia fiesta.

El madridismo subestimo al Barça y el Madrid se sobreestimó a si mismo, y no hace falta citar a Tsun Zu para dejar claro lo fatal que puede ser esa combinación.  No es la primera vez que vemos esta historia en los últimos años, de hecho las dos mayores tundas del Barça al Madrid han llegado cuando más convencido estaba el ambiente merengue de la victoria. El 2-6 llegó después de que los blancos ganasen todos sus partidos, excepto un empate ante el Atlético, durante una vuelta completa. Dos temporadas después, el famoso ‘once de la alegría’ llegó líder al Camp Nou y se volvió a Madrid con cinco golitos en la mochila. Esta vez había una diferencia, y es que no sólo el madridismo estaba convencido de la victoria blanca, sino también buena parte de la afición culé. El Barça demostró ante el Manchester City que aun es capaz de hacer frente a los mejores equipos, es más, se les da mejor una cita al límite que un partido teóricamente asequible. Pero los Citizen, equipazo como son, mostraron ante el Barça una actitud miedosa propia de un club que no está acostumbrado a citas de tanta altura. Tardaron partido y medio en decidirse a tratar de hacer algo y para entonces ya estaba todo decidido. El Madrid no iba a darte tantas concesiones, se suponía.

El partido resultó precioso para el espectador, pero estuvo bastante mal jugado por ambos conjuntos. Más que equipos, eran once tíos con camisetas iguales que, de tanto en tanto, hacían cosas juntos. El flanco derecho culé era una calamidad: Neymar trataba de ayudar en defensa y en ataque pero no hacía absulutamente nada bien, Xavi -últimamente más destacado por su la crítica botánica que por su fútbol- no tapaba a Di María que hacía lo que quería con el de Terrassa y con Alves. Suerte tuvieron los azulgranas que Cristiano parecía haberse quedado en casa abrazado al Balón de Oro o la sangría que se organizó alrededor del minuto 20 pudo ser final. Pero más grande aún era el agujero negro en el centro del campo blanco. Di María brillaba al arrimarse a la izquierda, pero más allá del argentino, Xabi Alonso y Modric corrían como pollos sin cabeza al son de lo que querían Messi e Iniesta. La última vez que Leo recibió tantas pelotas con tanto espacio para moverse aún no tenía ni un Balón de Oro y el Madrid encajó seis goles. Hasta tres goles pudo haber marcado cómodamente el Barça antes del minuto 20 viviendo exclusivamente de balones filtrados del argentino. Messi falló una ocasión clarísima, otra la desbarató Neymar. Sólo la ocasión de Iniesta fue dentro, un gol que define la rareza del partido: un violento zurdazo de un diestro sutil, goleador tan poco habitual como definitivo.

En el naufragio táctico de ambos equipos, acabó imponiéndose el que tenía las vías de agua más pequeñas y los dos jugadores más brillantes sobre el césped, eso sí, con el pequeño empujón de un error arbitral en la fase decisiva. Messi e Iniesta fueron tan eternos que hicieron que Cristiano Ronaldo y Modric pareciesen simples modas.  Ambos jugadores llegan al tramo decisivo de la temporada en un momento extraordinario, lo que permite al Barcelona ser capaz de derrotar a cualquier equipo que se le ponga por delante. Lo malo es que con sólo dos jugadores es casi imposible ganar una liga, el mismo equipo que se impuso en el Bernabéu y en el Etihad Stadium puede perfectamente salir derrotado de un enfrentamiento contra el Granada o el Elche. El Barça debe reorganizarse alrededor de la victoria ante el Madrid, debe dar razón a los jugadores para correr ante los pequeños y confianza ante los grandes: los tres títulos son posibles, pero hay que trabajar duro. Tampoco no se puede olvidar que ahora mismo el azulgrana es un barco sin nadie al timón, sin liderazgo en el vestuario, en el banquillo y con unos kamikazes en la directiva, un barco que vive aferrado al extraordinario talento de sus futbolistas, un proyecto funámbulo que se puede ir a pique al primer error. Ocurra lo que ocurra a final de temporada el club debe renovarse a fondo.

El Real Madrid sigue siendo favorito a ganar la Liga si no se deja paralizar por el terror, tiene un punto de ventaja sobre el Barça y tiene un calendario más asequible que el Atlético,  además de un cruce en Champions que debería superar sin problemas si no se deja atacar por fantasmas del pasado. Cierto es que su candidatura a la Champions queda emborronada por su pobre bagaje hasta ahora ante los grandes, pero sigue siendo un rival enorme, especialmente ahora que será más consciente de sus propias limitaciones. Exactamente lo contrario que el Barça, que haría muy bien de no engorilarse. Claro que con Messi e Iniesta en plan Gandalf cualquiera les dice nada.

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El divo triste se une al buitre hambriento

Cristiano Ronaldo está triste. No hay que ser demagogo ni populista, el luso tiene tanto derecho a estar triste como cualquiera. Quizá menos razones, sí. El dinero no da la felicidad, pero ayuda mucho más de lo que el refranero quiere admitir, y tener una novia guapa puede dar tantos dolores de cabeza como orgasmos. Sin embargo la tristeza de Cristiano tiene algo de postín. Todo el mundo ha pasado por momentos difíciles, pero pocas veces eso evita que se puedan disfrutar pequeños buenos momentos, como marcar un gol, y más en un futbolista que vive por y para el gol. Anunciar luego ante la prensa tu tristeza a la vez que te niegas a explicar el motivo tiene mucho de centrodelmundismo. Abres la veda de la especulación, una bestia que no necesita mucho para alimentarse hasta el empacho, luego declaras el silencio estampa y dejas que el universo te imagine en bata, sin ser capaz de levantarte de la cama y bebiendo Cola Cao en una taza de Los Soprano.

Sea cual sea el motivo de la tristeza de Cristiano Ronaldo, sus declaraciones denotan una espléndida falta de conexiones neuronales por su parte. Dinamitar la paz social del club que te paga una barbaridad por un berrinche es una irresponsabilidad si no era su intención y una escandalosa falta de lealtad si pretendía montar el pollo cósmico que ha organizado, incluso siendo verdad que se han puesto cosas en su boca que él no dijo. A estas alturas, tras vivir seis años en Inglaterra y tres en España, ya debería saber que hay un sector buitre de la prensa que necesita muy poco para exagerar, deformar o inventar con tal de poder poner el titular más grande posible. Él se “limitó” a decir que estaba triste por un motivo profesional y que el club sabía cual era. Cuando se juntan el hambre y las ganas de comer, Eso se transforma por arte de magia en un “Cristiano está enfadado por el club” y al rato empezaron a trascender reuniones secretas, amistades quebrantadas por una nimiedad y compañeros que “intoxican” la cabeza del crack. Historias que no serían demasiado verosímiles si no fuera por que su protagonista supura ego a chorros por todos los orificios corporales.

Sean ciertas o no todas las especulaciones (¡Qué casualidad que todos los periodistas que sabían estas cosas no dijeran nada antes de las declaraciones!) que se han hecho tras los lloros de Cristiano, tiene que aprender que calladito está más guapo y a domar su infinito afán de protagonismo porque, aunque le cueste creerlo, él no es el centro del multiverso, y es probable que entonces sea incluso mejor futbolista. Si la realmente razón es el dinero, exigir cobrar más de diez millones de euros en el momento más crítico de la economía europea desde la Segunda Guerra Mundial evidencia una grave perdida de contacto con la realidad y eso ya tiene muy difícil solución. Eso sí, saldrá en todas las portadas de los periódicos, que venderán como churros.

El Barça y sus interrogantes

Ya está aquí el momento que todo culé sabía que llegaría pero en el que nadie quería pensar. El Barça saldrá a competir un título sin la estrella que durante los últimos cuatro años ha guiado no sólo al primer equipo de fútbol, sino al club entero. Cuatro años en los que Guardiola no sólo se ocupó de dirigir a uno de los mejores equipos de la historia, también a apagar los fuegos generados por las bravuconadas de Laporta y los palos de ciego de Rosell. Sólo Dios, si existe, sabe cómo evolucionará sin su superlíder un club que lleva la fractura en su genética como si fuese el fútbol de posición. Puede que el Guardiolismo haya servido para que la afición azulgrana madure, pero como en cualquier club de fútbol la estabilidad a corto plazo depende de los resultados. No cabe duda de que la apuesta de Tito Vilanova es la continuidad absoluta, como es lógico, pero esta misma apuesta por la continuidad absoluta encierra una serie de interrogantes que marcarán los resultados como ya ocurrió el año pasado.

El más importante es el nivel que ofrecerá Xavi. Con 32 años y con problemas en el tendón de Aquiles, el equipo nota muchísimo cuando el de Terrassa baja el nivel (también la selección Española, no es casualidad que el mejor partido de la Eurocopa coincidiese con el mejor del centrocampista azulgrana). ¿Cómo gestionar que tu timón ya no pueda disputar 50 partidos por temporada al máximo nivel? Esta pregunta se superpone con otra, que es cómo acabará de encajar Cesc en el equipo. El año pasado comenzó la temporada como un avión y acabó diluyéndose después de Navidad, cuando la posición de interior le obligó a controlar su tendencia al desorden y él mismo reconoce que acabó por bloquearse. Por experiencia y posición el ex-Gunner debería ser el reemplazo natural de Xavi, a pesar de ser un jugador totalmente distinto.

Otro gran interrogante está en la línea delantera. La escalofriante cifra goleadora de Leo Messi ocultó el año pasado ciertas carencias del equipo y es que en momentos clave, si falla La Pulga, al Barça le falta gol. Este defecto es consecuencia directa de la grave lesión de Villa y la irregularidad de Pedro, jugadores que en condiciones normales te garantizan entre 20 y 25 goles por temporada cada uno. Entre los dos marcaron el pasado curso 24 goles, lo que quiere decir que en el tramo crucial de la competición al Barça le faltaron cerca de 20 goles que Messi estuvo a punto de compensar él solito, pero se quedó a un palmo de conseguirlo. Teniendo en cuenta que Alexis Sánchez nunca ha sido un goleador (el año pasado con 15 goles fue su mejor temporada en este aspecto) habrá que ver si Pedro es capaz de volver a su nivel habitual y cómo evoluciona Villa con 30 años y cerca de 9 meses sin jugar. Tito Vilanova y Andoni Zubizarreta parecen tener muy claro este punto, ya que en ningún momento han parecido interesados en buscar un delantero, siempre con la carta Neymar bajo la manga (otro interrogante en si mismo).

Y en defensa, dos nombres propios, Piqué y Puyol. El gran capitán es un portento de la naturaleza, sin embargo con 34 años tiene una edad en la que la mayoría de los jugadores empiezan a cambiar el fútbol por la petanca y deberá dosificarse. El problema de Piqué es otro. Cuando quiere, es el mejor central del mundo. Seguro en defensa, exquisito con el balón y con una capacidad para tirar del carro cuando las cosas van mal pocas veces vista en un central. Los últimos meses, pero, ha parecido que el “cuando quiere” es un condicional demasiado pesado para él y cuando jugó entre lesión y lesión lo hizo disperso y despistado. Es cierto que en la Eurocopa rindió a un buen nivel, pero su carácter hace difícil ver si es una reacción pasajera o permanente. Su capacidad para sacar el balón controlado desde atrás fue vital en los éxitos del equipo. Otra gran duda es Abidal. El francés aseguró que cree que podría volver a los terrenos de juego en diciembre, pero con 32 años y un trasplante la duda no es si podrá rendir al extraordinario nivel que rendía antes de su enfermedad, es si realmente podrá jugar en la élite. Su sustituto es, además, un lateral de características opuestas. Si Abidal era la pieza defensiva que permitía compensar las continuas incorporaciones de Dani Alves, Jordi Alba es tan ofensivo como el brasileño, por lo que habrá que redefinir los automatismos defensivos del equipo.

En frente, el Real Madrid de José Mourinho es un rival formidable, con la moral por las nubes tras ganar la Liga y a su vez espoleados por la espina clavada de haber caído eliminados en semifinales de Champions por penaltis. El conjunto blanco son claros favoritos en Liga y en Champions, por lo que recuperar el trono de campeón será un reto gigantesco para los culés. Pero hay ciertos jugadores a los que los retos gigantescos les encantan.

Cómo ser José Mourinho

Montaje de Karim Sabet

¡Qué inteligente que es! ¡Qué provocador! ¡Que bien se mueve en la rueda de prensa! ¡Cómo da una vuelta de tuerca a las cosas para hacérselas venir bien! ¡Qué maestro que es para atraer la presión hacia él y liberar a los jugadores! ¡Qué habilidad tiene para motivar a sus jugadores! ¡Mama, quiero ser como José Mourinho!

O no. Porque a mi se me caería la cara de vergüenza si mi equipo, en este caso el Porto, llegara a la de Champions League por un piscinazo de Deco ante Jorge Andrade que acabó con la expulsión del central del Deportivo -uno de los mejores centrales en aquel momento- por la que no pudo jugar la vuelta, partido que los de Mourinho ganaron 0-1 y de penalti. Antes, en octavos, el Porto de Mourinho eliminó al Manchester United -único grande que se cruzó en las eliminatorias- gracias a que el linier anuló un gol a Paul Scholes por un fuera de juego inexistente. La siguiente temporada, ya con el Chelsea, Mourinho eliminó al Barça porque Pierluigi Collina (el mismo árbitro que pitó el penalti de César Martín a Deco en las semifinales del año anterior) no vio una escandalosa falta de Ricardo Carvalho sobre Víctor Valdés en el área pequeña -¡donde el portero es intocable!- en el córner en el que Terry sentenció la eliminatoria. ¿Por qué? ¿Será que las mujeres prefieren su look Georgecloonesco antes que las trencitas cumbayás de Frank Rijkaard? Espero poder contestar eso algún día.

También se me caería la cara de vergüenza si mi equipo hubiera superado al Chelsea como lo hizo su Inter el año pasado, cuando el señor Fernández Borbalán se zampó dos penaltis, uno de Walter Samuel a Salomon Kalou y otro de Thiago Motta a Ivanovic. Para rematar el escándalo, en la vuelta el señor Wolfgang Stark decidió sufrir de ceguera súbita y transitora ante dos penaltis más: Motta volvió a tener barra libre para agarrar a Ivanovic y Walter Samuel le dio un cariñoso abrazo del oso a Didier Drogba. El pasillo arbitral al conjunto de Mourinho siguió en semifinales, donde se alinearon Olegario Benquerença, el Eyjafjalla y la UEFA. La negativa de la organización a aplazar el partido por la nube de ceniza proyectada por el volcán islandés obligaron al Barça a marcarse un siempre revitalizante viaje de 15 horas en autobús hasta Milán, recordemos que nueve de cada diez médicos recomiendan un largo viaje por carretera antes de jugar un partido de alto nivel. En Italia se encontraron con un árbitro portugués –amigo de Mourinho- que no quiso ver una falta de Thiago Motta a Messi en la jugada del segundo gol y un doble fuera de juego clarísimo en el tercero. Tampoco un penalti de Sneijder a Dani Alves. El asalto a su ‘segunda Champions limpia’ se completó en el Camp Nou donde el belga Frank De Bleeckere anuló un gol de Bojan–el segundo, que daba el pase a la final al Barça- por unas manos de Touré que todo el mundo vio que eran involuntarias.

Anda, tú. Pues lo mismo ser el puto amo no es tan complicado. Basta con borrar del mapa los argumentos en tu contra, minimizar los aspectos futbolísticos cuando interesa y ensalzar los fallos arbitrales adecuados dejando los no convenientes en el limbo. En el fondo tampoco importa si lo que dices es verdad. Como acabáis de ver, basta con un poco de prostituzione intellettuale.

La madre de todas las eliminatorias

Pocas eliminatorias de Champions League, de las que han sido y de las que serán, se presentan tan intensas como la semifinal entre el Barcelona y el Real Madrid. Porque aunque suene imposible es mucho más que un Madrid-Barça. Infinitamente más que las visiones reduccionistas que lo presentan como un Guardiola-Mourinho o como un Messi-Cristiano Ronaldo. En esta eliminatoria se cruzan el mejor Barça de la historia (para algunos el mejor equipo que ha existido) frente a un Real Madrid fabuloso construido para acabar con el ciclo culé. Los dos mejores equipos del mundo, liderados por los dos mejores entrenadores del mundo, con los dos jugadores más desequilibrantes del mundo. Por si fuera poco, la semifinal es el tercer acto de un tríptico de encuentros entre Liga, Copa y Champions.

Ambos equipos tienen argumentos para afrontar el partido con optimismo. El Barça tiene su fútbol, el Madrid el momento psicológico. En la final de Copa el Real Madrid demostró que puede imponer su fútbol al del Barça, sacar a los culés del encuentro y buscar la yugular –y de paso algún tobillo- de su rival. Mourinho sacó de la chistera un planteamiento que sorprendió a los azulgranas, que parece esperaban a un Madrid atrincherado como en el encuentro de Liga. Con la circulación de balón ahogada por un “trivote” adelantadísimo, los de Guardiola fueron un flan arrollado por el Real Madrid. Únicamente Pinto, el palo y la Virgen del Rocío evitaron que la final estuviera sentenciada al descanso.

Pero el fútbol tiene esas cosas extrañas. Empezó la segunda parte y resultó que alguien le había dado al interruptor. Cruyff decía que si te hacen faltas es porque tú no mueves el balón suficientemente rápido, y el partido quiso darle la razón. Xavi, Iniesta, Messi y Busquets aceleraron el esférico y el planteamiento sabueso del Real Madrid se diluyó. Demostrado que el Barça tiene armas para desligarse los nudos que pueda tejer Mourinho, la segunda parte recordó ligeramente al 5-0 y únicamente Casillas, el palo, un palmo de fuera de juego y la Virgen de Lourdes evitaron que el Barça levantara la Copa del Rey.

Con ambos equipos desfondados, la moneda de la prórroga cayó del lado blanco con una fantástica jugada de Di María que remachó Cristiano Ronaldo para que los blancos se llevaran el primer título del año, tan merecido como lo hubiera sido que se la copa la hubiera levantado Puyol.

El Madrid tiene la tranquilidad de tener ya un título en sus vitrinas, y el Barça sabe que si no hace el tonto tiene muy bien encaminado la Liga –que es más importante que la Copa-. El desenlace de la eliminatoria marcará también el “ganador” del año, especialmente si uno de los dos acaba llevándose la Champions. Uno triunfará y el otro fracasará. Más allá del valor sentimental (que sí, importante) y del ruido mediático (que no tan importante), la valoración futbolística de cada temporada no debería depender de estos dos partidos sino de un análisis más frío, como si la eliminatoria de Champions hubiera sido contra el Manchester y la final de Copa contra el Valencia. El Real Madrid ha logrado una puntuación en Liga que en otras temporadas le hubiera hecho campeón, y el Barça ha perdido la Copa en la prórroga de la final. Pase lo que pase en Europa ambos conjuntos habrán hecho una temporada sensacional y habrán demostrado han trabajado en el camino correcto más allá de actitudes fuera de los terrenos de juego. El fútbol es un juego y perder forma parte de ello, pero si compites al nivel que han competido Barça y Madrid poco se puede reprochar.

Mourinho cogió su fusil

Lo consiguió. Que a nadie le quepa la menor duda de que José Mourinho llevaba esperando esto desde el minuto cero en que aterrizó en Madrid. Provocando poco a poco, como una gota malaya, esperaba con ansia que alguien cayera en su trampa, explotara y provocara un efecto dominó. Manolo Preciado abrió el fuego respondiendo a las declaraciones del portugués, y Pochettino, Garrido y otros entrenadores de primera se han posicionado a favor del entrenador sportingista. Otros como Camacho y Michel no se han mojado y Guardiola no ha querido hablar al respecto, pero todavía se espera a que alguien se alinee con el luso, que tiene exactamente el escenario que quería.

No hay otro entrenador en el mundo que domine la sala de prensa como el entrenador merengue, ni siquiera Guardiola. A lo largo de su trayectoria ha sabido usarla para enrarecer el clima de las competiciones para imprimirles un ambiente adrenalínico en el que sabe motivar como nadie a sus jugadores. Ya lo hizo en Inglaterra y en Italia, donde sostuvo intensos tiroteos con Ferguson, Wenger, BenitezRanieri o Spalletti, incluso fue multado en Italia varias veces. Mourinho crea una atmósfera en la que el universo y todos sus elementos están contra él y su plantilla y la usa para azuzar a sus jugadores.

El fin justifica los medios. Hay que ganar aunque para ello se tenga que recurrir a las estrategias más sucias y antideportivas -canallas, que dirían algunos- como calentar un partido a extremos peligrosos. La necesidad de títulos del Real Madrid llega a tales límites que aceptan que un entrenador recién llegado al club dinamite el archifamoso ‘señorío’ cada vez que le ponen delante un micrófono. Mourinho siempre ha entrenado en con urgencias por ganar y ha sacado provecho de la carta blanca recibida. El Porto llevaba cinco años sin ganar una Liga, el Chelsea llevaba 50, el Inter  no ganaba una Champions desde 1965 y llega al Madrid tras seis temporadas sin pasar de octavos en Europa y tras haber gastado cerca de 300 millones en fichajes con la resaca del triplete culé. Queda por ver cómo se las arreglaría el portugués en un club en el que no le permitieran este juego, pero de momento parece que está empezando a salirse con la suya en la Liga española. Para su desgracia, por ahora el que no parece caer en su trampa es precisamente su máximo rival, Pep Guardiola. El de Sampedor ha evitado sabiamente responder a las provocaciones de un Mourinho que espera con ansia que le de los buenos días para montar un incendio. El entrenador culé es una persona de sangre caliente  –por algo es el jugador que más veces ha sido expulsado de la historia del Barça-, pero también es tremendamente inteligente y parece que es el único que no tiene intención de entrar al trapo. Y no debe, porque en el duelo dialéctico Mourinho es imbatible, sin embargo en el terreno de juego el Barça tiene los recursos suficientes para silenciar, a golpe de violín, los cañonazos del portugués.

El día que España quedó inmóvil

Hace meses que se intuía. Se hacía difícil ver donde podían pinchar los dos grandes de la Liga española, convertida este año en una versión forrada a esteroides de la Liga escocesa. La diferencia entre Barça, Madrid y el resto de la Liga BBVA es tan grande que la clasificación parece un combate entre Godzilla y Mazinger Z en medio de un cementerio nuclear. A falta de ocho jornadas cuentan con 77 puntos con todavía 24 por disputarse. En 2007 el Real Madrid fue campeón con 76 a final de año y en 2003 con 78. El Valencia se llevó el título con 75 en 2004 y el Depor sólo necesitó 69 puntos en 2000. Guardiola dijo que era una puta barbaridad y no le faltaba razón. Se veía venir que la balanza sólo se podía desequilibrar en los duelos directos y el clásico del Bernabéu marcará y mucho la recta final de la Liga, pero con todavía 21 puntos en juego difícilmente se puede decir que el vencedor del partido ya será campeón y más cuando el Madrid tiene que recibir al Valencia o visitar al Mallorca y el Barça viajar a Sevilla y disputar el derbi contra el Espanyol en Cornellà.

Lo cierto es que desde el partido del Camp Nou el Madrid ha dado la sensación de mayor solidez, y en tramos de enero y febrero parecía capaz de pasar por encima del Barça en un duelo directo y tras la remontada frente al Sevilla los de Pellegrini parecían casi invencibles. Pero la imbatibilidad merengue no duró ni noventa minutos. La eliminación frente al Lyon ha caído sobre el Bernabéu como una bomba fétida, enrareciendo el ambiente y convirtiendo a Pellegrini en el blanco de todos los pim-pam-pums que tenían que llenar páginas de diarios y horas de televisión o radio en las largas semanas sin partidos, agenciando al chileno todos los errores del Madrid y los aciertos a jugadores bajo ese extraño régimen mediático por el que todos los problemas del club blanco tienen que quedar bien lejos del Ser Superior. Además el equipo ha dado mayor sensación de debilidad, dejando que el Sporting de Gijón o el Atlético de Madrid estuvieran a punto de darles un susto en su propia casa. En cambio el Barça, con la llegada de la Champions, ha recuperado el juego perdido en los últimos meses. Liderado por un Messi absolutamente estelar, el Barça ha asustado a media Europa tras vapulear al tercer clasificado de la Premier League (que allí sí está con opciones de ser campeón, a sólo tres puntos del líder, el Chelsea). Los de Guardiola parecen estar en su mejor momento desde que se proclamaron campeones de todo lo ganable. Así, se ha instalado la sensación de que el Barça puede poco más o menos que repetir el roto que le hizo a los blancosel año pasado. Sin embargo, como bien dice el maestro Segurola en Marca, el Madrid merece más respeto. Tiene mejores jugadores que el año pasado y, sobre todo, una defensa muchísimo más sólida. El Barça tendrá que estar a su mejor nivel para poder ganar.

Con todo el Madrid tiene más que perder que ganar. Sólo le vale la victoria mientras que el Barça con un empate se volvería a casa con la ventaja del gol average. Eliminados de la Copa del Rey por un Segunda B y fuera a primeras de cambio de una Champions League que sentían suya por jugarse la final en el Bernabéu, una derrota frente al Barça podría desencadenar la tormenta perfecta en el madridismo. Se complicaría seriamente el único título al que opta mientras ve como el máximo rival está a sólo tres partidos de poder levantar la Champions su casa. Todo tras gastarse 250 millones de euros en reforzar la plantilla. El barcelonismo, con todo el crédito ganado por el equipo la temporada pasada y con la posibilidad de ganar su cuarta Champions no acusaría tanto una derrota. Tras el duelo no tendremos campeón, pero sí una buena pista de quién lo será de aquí a ocho jornadas.

Con todos estos ingredientes, mañana se juega el partido que ha creado más expectativas en mucho tiempo. Barça y Madrid empatados a puntos; Messi, Cristiano Ronaldo; un Real Madrid galáctico que se juega todo a la carta de la Liga, un Barça en disposición de ganar la Champions en santuario blanco; un Casillas en uno de los peores momentos de su carrera, un Valdés grande como nunca; un Iniesta deshinchado, un Xabi Alonso creciente; Pellegrini bajo la Espada de Damócles, el intocable gurú Guardiola… Mañana será el día que España quedará inmóvil. Como para que queden 0-0 en un partido aburrido.

Las maravillosas obras de un Ser Superior

Dicen los entendidos que el fútbol es un deporte de equipo, de lo que puede deducirse fácilmente que cuando se gana y cuando se pierde lo hace todo el club. Desde el delantero centro hasta el presidente, pasando por el entrenador y el utillero. No sé si tendrá que ver o no con las campañas de Marca contra Pellegrini y a favor de Benzema, pero da la sensación de que el madridismo ahora mismo quiere prender fuego al chileno y al Pipita, mientras que se ensalza a Cristiano como el único que dio la talla.

Por partes, primero recordar que la eliminación no sólo se gestó en el partido de ayer, sino también en Gerland, y allí Cristiano no sólo no dio la talla sino que además tras el gol de los franceses fue un estorbo. Quería ser el principio, el nudo y el final de todas las jugadas y eso convertía al Madrid en un equipo extremadamente previsible y fácil de defender. No deja de ser llamativo que los dos mejores partidos que he visto al Madrid este año, el de Mestalla y el de Riazor (no pude ver el del Villarreal), hayan sido sin el portugués en el campo. Es un jugadorazo, pero cuando no está el equipo combina mejor y no le busca continuamente. Ayer marcó el gol, sí (con colaboración de Lloris, por cierto), pero a partir de ahí no hizo tampoco nada más. Higuaín falló, sí. ¡Pero leches! El fútbol es un deporte que se juega con los pies, la parte del cuerpo más torpe y la más alejada de la cabeza, y en el que en realidad pesa mucho más la imprecisión que la precisión (ea, ahora parezco Lillo). De las dos que falla, la segunda es una gran parada de Lloris y la otra, en la que regatea al portero francés, se ve obligado a ajustar al palo porque por detrás llega un defensa. El argentino falla ¿hace eso de él un mal jugador? ¿hay que colgarlo de un abedul? Si empezamos a recordar pifias de grandes jugadores en partidos importantes (Raúl, Platini, Terry, el propio Cristiano…) no acabaríamos nunca. ¿Que no marca en los partidos realmente importantes? Será porque desde que lleva en el Madrid ha tenido ocasión de jugar tantas finales. Y recuerdo que el pasado 2 de mayo, glorioso día, Higuaín marcó un gol que puso al Real Madrid a sólo un punto del Barça y que bien podría haber valido una Liga si el equipo hubiera sido más sólido ¿o eso es culpa sólo suya?

Pasamos a un entrenador que no supo reaccionar a un cambio táctico y de actitud del Lyon y que en la ida tampoco hizo el mejor planteamiento posible. El juego que desarrolla el equipo lo lleva a ser tremendamente contundente pero también tremendamente vulnerable y eso es responsabilidad del banquillo, vale. También hablamos de un técnico que en su día dijo que él cree “en los medios y en las puntas, no en los mediapuntas”. Tras su llegada los primeros fichajes fueron Cristiano Ronaldo y Kaka, dos jugadores que si bien pueden actuar en otros puestos, son más mediapuntas que otra cosa. Este señor, chileno para más pistas, pidió una serie de jugadores como complemento para la plantilla, Cazorla entre otros, que jamás llegaron y pidió que se mantuviera a otros jugadores (Snejder, Robben, Negredo) que ahora están fuera del Bernabéu. ¿Y ahora la culpa de que el Madrid caiga en octavos es sólo suya? Y digo yo que entonces también tendrá la culpa de que los blancos sean líderes con una cantidad de puntos brutal a estas alturas de temporada ¿o es sólo gracias a Cristiano? Decía Eduardo Inda en su esperpéntico videoblog y Pedrerol en Punto Pelota que el Madrid tiene que estar entrenado por uno de los mejores cinco entrenadores del mundo. No dieron nombres, pero hagamos una lista rápida: Mourinho, Ferguson, Ancelotti, Capello y Wegner. Mou y el entrenador del Arsenal no irán a ningún equipo en el que la política deportiva vaya a ser dictada desde las alturas por alguien que no sean ellos. Ferguson tiene ya una edad y pocas simpatías por el Madrid y si sale del Manchester será para irse al Castillo del Jubilado con el Abuelo Simpson. A Capello se hace difícil imaginarlo en una tercera aventura blanca y a Ancelotti de momento le va muy bien en el Chelsea y no creo que tenga problemas de sueldo. Así que… ¿a quién pueden fichar? ¿A Scolari? ¿A Rijkaard? ¿A Luís Aragonés? ¿Repescar a Camacho? ¿Repetir la operación Figo fichando a Guardiola? ¿O es que Del Bosque aceptará volver al banquillo bajo las órdenes de Florentino?

Luego está el señor Pardeza, un director técnico que no se muy bien lo que hace, ya que ni ficha ni corta. Valdano, que más allá de ejercer de guardaespaldas mediático del presidente no se sabe hasta que punto tiene libertad de movimientos para intervenir en la política deportiva del club. Trajo al mejor entrenador que pudo después de las calabazas de Mourinho y de Wegner y solo Florentino sabe qué más hizo.

Y así llegamos al Ser Superior. El Intocable. Vamos a analizar la trayectoria de este señor que ha triunfado en todo lo que ha intentado, pero que no logró sacar ni un escaño con el Partido Reformista en su intento de entrar en política. Con este año lleva siete temporadas al frente del Real Madrid. En su primera etapa, seis años, ganó dos Ligas y una Champions entre 2001 y 2003, en buena parte con la estructura futbolística heredada de Lorenzo Sanz. Luego optó por poner un entrenador más guapo que el que tenía y estuvo tres años en blanco. En 2006 dimitió en plena temporada, como una rata, ante la posibilidad de que el Barça ganara Liga y Champions bajo su presidencia. Otro dato es que desde que él entro en el 2000 ningún canterano se ha consolidado como titular en el Bernabéu, el último fue Casillas en 1999. Dice José Sámano, redactor jefe de deportes de El País en su crónica de del partido frente al Lyon que “en el deporte todo es posible, salvo para quienes consideran que el césped es un tapiz bursátil”, pero no tengo claro si se refiere a Florentino, que no se corta a la hora de soltar 60 millones por Kaká, un jugador que no está dando lo que se esperaba en el Bernabéu pero que en realidad ya venía de firmar una temporada lamentable en su último año en el Milan (inciso: no deja de ser curioso que ya no esté Calderón pero los madridistas se sigan preguntando eso de “¿dónde está Kaká?)

El problema del Real Madrid va más allá de Higuaín, de Pellegrini o incluso de Florentino Pérez. Al fin y al cabo es un club democrático y los socios eligen a su presidente. El verano pasado nadie se atrevió a presentarse contra el Rey Midas, y el que lo hacía era machacado por los medios, en especial por el tridente El Mundo-Marca-La Sexta. Y lo preocupante no es tanto esto sino que gran parte del madridismo lo asumió como normal y recibió a Florentino Pérez como el único posible salvador sin pararse a pensar que el constructor podía ser uno de los causantes de la caótica situación del club. Todo esto rebozado de una prensa tóxica para la vida democrática del club blanco, en unos casos por sus intereses empresariales y en otros por las relaciones personales de algunos periodistas con los poderes del entorno blanco.

El Madrid tiene un problema estructural de club, social y mediático que recuerda y mucho al del Barça de los 60 y 70 que se arrastraba por el mundo fichando jugadores a golpe de talonario y que lloraba por lo malvados que eran los árbitros, por el cabrón de Guruceta, por el hijo de puta de Franco y el ‘Joséplazato’. Un problema similar al del Inter de Milán que a pesar de tener casi siempre la mejor plantilla de Italia siempre ha estado a la sombra de Milan y Juventus. Un problema como el que lleva al Atlético a no estar a la altura de lo esperado a pesar de tener jugadores como Torres, Forlán o Simao. Porque el Madrid lleva seis años sin pasar de octavos ¡seis! Y desde luego de eso no tienen la culpa ni Higuaín ni Pellegrini.

Eto’o-Ibra, Laporta-Valdano… y Pardeza

Aunque las casas de apuestas dan las mismas posibilidades de marcar a Eto’o y a Ibrahimovic, da la sensación que el camerunés tiene bastantes más números de hacerlo. Sólo hay que recordar su salida del Real Madrid y las ganas que tenía cada vez que jugaba contra el conjunto blanco, que volvieron loco al bueno de Casillas y sus gestos a Florentino Pérez quedan para la posteridad. Esta noche Samu tendrá entre ceja y ceja demostrarle a Guardiola que el ‘feeling’ no siempre es el mejor consejero. A su favor están los enormes espacios que deja la defensa culé a sus espaldas, unos espacios en los que él se mueve como ningún otro jugador gracias a su tremenda explosividad. Ibra, al contrario que el africano, no es un delantero que se motive especialmente al jugar contra sus ex-equipos, y no lo tendrá fácil para moverse de espaldas a la portería como él sabe con un central tipo tanque como es Walter Samuel, al que no hay que valorar por su lamentable etapa en el Madrid. Sin embargo, el sueco tiene una ocasión inmejorable para callar a todos aquellos que le acusan de realizar grandes partidos contra equipos pequeños para luego desaparecer en las grandes citas. Sólo espero dos cosas: la primera es que si Eto’o marca , que marcará, no haga ninguna tontería tipo ir a celebrarlo delante de Guardiola. Creo que el ambiente que se ha generado es inmejorable para que el camerunés sea ovacionado como merece cuando salte al césped del Camp Nou, pero si hay un jugador capaz de dinamitar cualquier buen ambiente, ese es Eto’o. La segunda es que en caso de que Eto’o marque y Zlatan no lo haga, no se creen en el Entorno Culé (sí, con mayúsculas) esas comparaciones tan culés que ni ayudan ni vienen a cuento y que se resumen en la esa frase tan típica de la grada del Camp Nou ‘aquest tiu es una tolla’.

Por otro lado, el campeonato de mear fuera de tiesto entre Laporta y Valdano está empezando a cobrar dimensiones ridículas. Que Laporta saque a pasear su boca-chancla es algo ya tristemente habitual y no sorprende demasiado. Suponemos que, si acaba siendo verdad los rumores que apuntan a que cuando abandone la presidencia se unirá a las filas de Reagrupament, alguien le enseñará a controlar la diarrea verbal que le entra cada vez que ve un micrófono. Sí que sorprende que el compañero de juerga sea Valdano, un tipo que siempre se ha caracterizado por unas opiniones mesuradas. Es posible que estar tan cerca de Monseñor Florentino le haya afectado demasiado. Ya declaró hace un par de meses que las enormes inversiones de Kaka y Cristiano Ronaldo se recuperarían en apenas un año, una justificación impensable viniendo de un hombre de fútbol como él. Ahora también se dedica a mezclar política y deporte sin venir a cuento y, para quedarse más descansao, mezclando el tocino con la velocidad. Lo más patético de todo es que muchos de los que critican a Laporta cuando habla de política, argumentando con razón que no es bueno mezclarla con el deporte, han aplaudido con las orejas las palabras de Valdano. El último y más esperpéntico episodio del culebrón viene protagonizado por… Pardeza… un director técnico de funciones indefinidas más allá de servir de escudo humano a Monseñor Florentino en caso de que la galaxia no acabe de funcionar como es debido (por 25 pesetas, un sólo fichaje o venta del Real Madrid que no haya salido del lóbulo frontal del monseñor-presidente). El amigo Miguel ha tenido la feliz idea de, en vez de dejar que esta estúpida polémica se olvide, entrar al trapo. Será que no tiene otra cosa que hacer. Ojalá algún día se legalice grapar la boca de ciertas personas.