El camino más difícil, el camino más plácido

Belletti_paris

Cuando el Barça ganó su primera Champions en 1992, yo tenía siete años. No puedo decir que lo recuerde con gran claridad, pero basta con una mirada rápida al gol de Koeman para darse cuenta de lo que se sufrió para ganar aquel torneo. 111 minutos de partido tardó el Barça en adelantarse en el marcador, con la sombra de los penaltis (y la de Duckadam) en el cogote, con las paradas de Zubizarreta ante Lombardo y Vialli o el balón al palo de Stoichkov. En octavos, Bakero salvó al equipo con un gol en el último minuto tras quince minutos eliminados.

El sufrimiento de 2006 lo recuerdo bastante mejor. Tras eliminar al Chelsea en octavos, el barcelonismo se las prometía muy felices contra un Benfica en principio muy inferior, pero el 0-0 en la ida y un penalti que Moretto detuvo a Ronaldinho en el minuto 4 de la vuelta tornó el cruce en venenoso. Ronaldinho marcó cerca del minuto 20, pero un solo gol de los portugueses acabaría de un plumazo con el camino a París, y Simao y Karagounis nos pusieron el miedo en el cuerpo. Hasta el gol de Eto’o en el 88, a pase de quien acabaría siendo el héroe de aquella Champions, los espasmos no cesaron en los esfínteres culés.

A pesar del golazo de Giuly en San Siro, la vuelta de las semis contra el Milan no fue precisamente un camino de rosas, y cada vez que Shevchenko rondaba el área de Valdés, y si no sufrimos más fue únicamente porque el señor Alain Sars anuló un gol al ucraniano por una más que dudosa falta sobre Puyol. Y de la final de París no hace falta hablar mucho, Victor Valdés amargó la noche a Henry y el Barça se vio obligado a remontar bajo la lluvia el gol del Arsenal, un partido tan sufrido que Juliano Haus Belletti se echó a llorar cuando su remate se escurrió entre las piernas de Almunia.

iniesta

2009 será siempre recordado como el año del triplete, el año que vio nacer al mejor equipo de la historia del club y tal vez del fútbol: el Barça de Guardiola. Es también el año del Iniestazo de Stamford Bridge. Todo lo que ha logrado el Barça en los últimos años cuelga de ese gol: las tres ligas, el 5-0, el baño al Santos jugando sin delanteros, el regreso a Wembley… todo llega a raíz de ese rabioso gol de un equipo que siempre se caracterizó por su juego sereno, un gol que clasificaba al equipo para la final tras casi una hora viéndose en la calle. Ese gol resume lo que tiene que sufrir un equipo para ganar un torneo como la Champions y eclipsa otros grandes momentos de sufrimiento en el camino a Roma, como aquella primera media hora contra el Olympique de Lyon en la que podías haber encajado tres o cuatro goles. Un gol de Henry arregló el marcador y luego los de Guardiola aplastaron a los franceses por 5-2 y mucha gente parece haber olvidado que Benzema pudo haber sido leyenda negra del barcelonismo antes de llegar al Real Madrid.

El cruce contra el Madrid de Mourinho en 2011 quedó muy bien encarado tras los dos goles de Messi en el Bernabéu, pero eso no acabó con el sufrimiento, y el gol de Marcelo en el minuto 64 de la vuelta inquietó mucho mas de lo que se podía esperar. Pero aquel año, para sufrimiento, el de octavos tras perder 2-1 en el Emirates frente al Arsenal. El Barça remontó en el Camp Nou, pero con 3-1 en el marcador un mal pase atrás de Adriano estuvo a punto de ser enganchado por Bendtner y solo un cruce milagroso de Javier Mascherano evitó el gol que muy posiblemente hubiera eliminado al Barça.

No se gana una Champions sin sufrir, y si no que se lo pregunten al Madrid o al Bayern en los últimos dos años. ¿O si? Este año el Barça de Luis Enrique ha tenido uno de los caminos más complicados en las eliminatorias. En cada sorteo nos tocaba la más fea del baile o en el mejor de los casos un orco de tomo y lomo. Cuando se celebró el sorteo de octavos, el Barça parecía un equipo sin rumbo claro que había perdido prácticamente todos los partidos complicados que había jugado, contra el Real Madrid y contra el PSG en París. A priori el campeón inglés podía parecer favorito, pero la eliminatoria no tuvo gran historia y el Barça ganó ambos partidos con autoridad. Lo mismo ocurrió contra en cuartos de final contra un multimillonario Paris Saint Germain que venía de eliminar al Chelsea, para muchos el favorito de la competición, pero el 1-3 del Parque de los Príncipes lo dejó todo visto para sentencia.

Lo más parecido a minutos de sufrimiento tuvo lugar el pasado martes ante el Bayern de Munich. Los equipos alemanes son como Alien o como Terminator, da igual cuantas balas les hayas metido que se resisten a morir. El contundente 3-0 del Camp Nou hubiera dejado cualquier eliminatoria liquidada, pero el gol de Benatia y el posterior arreón de los de Guardiola inquietaron. Inquietaron todo lo que puede inquietar cuando el rival necesita meterte dos goles más para empatar y con un gol tuyo necesitan cinco. Y además, si tienes a Messi en el campo con Suárez y Neymar pasan cosas, y la cosa que pasó fue que, ante el posible sufrimiento metieron dos balas mas en la bestia germana y se acabó la tontería.

Fueron ocho minutos en los que la búsqueda “pañales para adultos” se disparó en Google -sí, somos culés, nos han hecho así- pero nada que ver con el sufrimiento de Stamford Bridge, Paris o Kaiserlautern. De todos los Barças de los últimos años este es es más discutido de todos, al que más le ha costado encontrar una senda -tocamos fondo en Anoeta en enero, apenas un mes antes de atropellar al City-. De todas las veces que los azulgrana han alcanzado la final de la Champions League en los últimos años esta ha sido la vez que más rocas se ha encontrado en el camino. Siempre tienes que jugar contra rivales complicados, esa es la gracia de esta competición, pero normalmente tienes algún cruce que te permite respirar contra un Sporting de Lisboa, un Glasgow Rangers o un Schalke 04, rivales que pueden obligarte a competir pero que son claramente inferiores. Esta vez no ha tocado ni uno, todos los rivales eran de los que teóricamente te obligan a ir al 100% y aun así pueden eliminarte.

Y este Barça ha sufrido menos contra todos ellos juntos que contra el Benfica en 2006. Es precisamente en la final cuando nos encontraremos al que es sobre el papel el rival más asequible. Cuatro ligas consecutivas y la eliminación del Real Madrid atestiguan que no será un rival que venda su piel fácil, pero sin duda muchos hubieran elegido al equipo italiano antes que el Manchester City, PSG o Bayern de Munich en cualquiera de los anteriores sorteos.

No se puede ganar una Champions sin sufrir, dicen. Lo que no está claro es si el sufrimiento en los sorteos cuenta o si hay un futbolista argentino empeñado en demostrar que sí, que se puede ganar una Champions con la punta de la pirula fuera.

 

Anuncios

El conspirador conspirado

FC Barcelona Press Conference

En el Camp Nou se han visto de todos los colores, incluso de algunos en teoría imperceptibles al ojo humano, pero lo vivido esta semana probablemente supere todo lo vivido en los últimos años, o como mínimo iría directo a un podio. Lejísimos queda ya el mal partido de los de Martino contra el Levante y de eso no hace ni seis días. El locurón empezó cuando la noche del domingo se publicaba la primera edición de El Mundo en el que Eduardo Inda, enfant terrible del periodismo deportivo reconvertido en periodista de investigación, afirmaba que Neymar había costado al Barça 95 millones de euros, un número mágico que según sus cuentas convertía al brasileño en el jugador más caro de la historia, un millón por encima de Cristiano Ronaldo. No hacía falta ser Sherlock Holmes, ni siquiera ser Eduardo Inda, para darse cuenta que el otrora director de Marca había sumado conceptos como le salía de la calva. Traspaso, primas, comisiones, sueldo, bonus, la foto de la abuela… todo iba al mismo saco. En un pequeño despiste, se llegaba a incluir la penalización de 9 millones en caso de que los dos amistosos acordados no se jugasen (4,5 por cada uno), a pesar de uno de ellos ya se había disputado. Lapsus a parte, posiblemente esta sea la manera más adecuada de contabilizar el coste de un fichaje, pero como se dice popularmente, aquí o follamos todos o tiramos la puta al río. Por eso hacía daño a la inteligencia una tabla que acompañaba el artículo en el que se comparaba el supuesto coste total de la operación Neymar con lo pagado por otros futbolistas, pero los demás contando sólo el traspaso y no el sueldo, bonus, primas de fichaje etc. Tan hábil fue Eduardo Inda al conseguir la documentación que el Barça había entregado al juez Ruz como al manipular la información a su gusto. La verdad es una puta que se acuesta con cualquiera, y el domingo Eduardo Inda pegó un polvazo.

Los lunes suelen ser dantescos por definición, pero este fue especialmente espeluznante gracias a la rueda de prensa perpetrada por Sandro Rosell y Toni Freixa. Se expuso el proyecto de reforma del Camp Nou, y ya es bastante sorprendente que el socio irá a votar si el estadio se reformará o no sin saber detalles tan insignificantes como qué empresa llevará a cabo la reforma (el concurso se realizaría después del referéndum), algo que en aras de la transparencia debería poder elegir el socio, habida cuenta de la facilidad de esta junta para acordarse de sus amigos en ciertos temas y los 600 millones que volarán en la reforma, una reforma que por otro lado es realmente necesaria. Pero lo mejor aún estaba por llegar. David Bernabeu, de Cuatro, destapaba la caja de los truenos al preguntar a la directiva por la información publicada por El Mundo. Patetismo absoluto. Primero pidiendo, con un punto de chulería, al juez Ruz que aceptase la querella que Jordi Cases había interpuesto contra él. Luego indicando a los periodistas qué debían y qué no debían preguntar con un feo “ya vale” y luego con un “siguiente pregunta por favor” con el que Toni Freixa salía a defender a un patético Sandro Rosell que había decidido ejercer la transparencia del hormigón.

Y el juez admitió la querella, y Rosell dimitió. Y alegó que habían sufrido amenazas. Y los Mossos dijeron que ellos no sabían nada, y TV3 publicó la denuncia, y entonces los Mossos dijeron que sí, que algo sabían. Y unos disparos con una pistola de balines contra la puerta de su casa cuando ellos no estaban (suceso vomitivo, por cierto) se narró como si fuese la escena del peaje de El Padrino“le pegaron dos tiros en su casa” llegó a decir Quique Guasch en El club de la mitjanit [a partir del minuto 29]-. Y así acabó el mandato del presidente que logró que el mejor entrenador de la historia del club se fuese del Barça, el presidente que trató de volver a meter a los violentos en el Camp Nou (quizá els nois molt macus tengan algo que ver con las amenazas recibidas), el presidente que no renovar ni a Eric Abidal ni a Pete Mickeal tras sus enfermedades a pesar de sus promesas, el presidente que fulminó las secciones, el presidente que convirtió el club en una máquina de limpiar la imagen de cierta dictadura árabe, el presidente que puso en marcha una impresentable y revanchista acción de responsabilidad contra la anterior junta que puede hundir la vida a gente que nada tuvo que ver con los derroches de Joan Laporta. Su caída tiene algo de poética, como de Macbeth. A Sandro Rosell siempre se le ha dado bien moverse entre las sombras, conspirar y apuñalar por la espalda. En la oposición nunca dio la cara, dejando que sus agentes hiciesen el trabajo sucio como aquella moción de censura que Oriol Giralt interpuso contra Laporta. Su dimisión ha sido forzada, o cuanto menos acelerada, por la querella de uno de esos socios comprometidos con el club que con el tiempo normalmente se demuestra que tenían a alguien detrás. Hoy no sabemos si Jordi Casas es un agente de alguien, pero las historias de justicieros solitarios pocas veces salen de los cómics. Rosell, conspirador conspirado, recibió una puñalada en lo que tenía que haber sido la culminación de su obra de gobierno, el fichaje del que todo apunta tenía que ser el crack de los próximos años. Y así abandonó el club, de la manera que mejor resume la imagen dada por su presidencia: leyendo un comunicado y sin contestar las preguntas de los periodistas.

Y así contarán los anales de la historia, también conocidos como Wikipedia, que Josep María Bartomeu se convirtió en el 40º Presidente del FC Barcelona. Erigiéndose cual heredero de Isildur, Bartomeu tomo las de Villadiego y decidió que acabaría el mandato hasta 2016. Los estatutos se lo permiten y tienen todo el derecho del mundo en hacerlo, si bien llama la atención que una junta tan obsesionada por la transparencia y la democracia que convoca un referéndum para votar si se reforma el estadio considere que el socio no tiene nada que decir sobre quién será el siguiente presidente. Porque el argumento de que las elecciones desestabilizan al club quedó totalmente descartado en 2010, cuando en plena campaña electoral el Barça ganó una Liga con 100 puntos y sólo un volcán islandés evitó que se plantase en la final de Champions.

Con todo, la primera comparecencia de Bartomeu ante la prensa fue razonablemente convincente, o lo hubiera sido de haberse hecho antes y de no haber mentido. El heredero se siente mucho más cómodo que su antecesor en público, tiene más cintura y agilidad mental al salirse del guión y la valentía suficiente como para aceptar una rueda de prensa sin límite de tiempo ni preguntas. La explicación de las cifras del contrato de Neymar hubiera sido más o menos aceptable de no haber llegado después de todo el espectáculo de esta semana. Cada uno interpretará la ensalada de números como le de la real gana, como puede comprobarse con una mirada rápida al kiosko al día siguiente. Poco se ha hablado, además de lo estratosféricamente ridículo que resulta tener que pagar 40 millones como compensación por romper un contrato que habías firmado para asegurar el fichaje del jugador, pero en el mundo Barça ya pocas cosas sorprenden. También queda un poco casual que el padre de Neymar tuviera una empresa distinta que se ajustase a las necesidades del Barça que surgían de cada fleco del contrato. Si bien el contrato publicitario queda explicado (el padre de Neymar posee la exclusividad para negociar contratos con la imagen del jugador en Brasil) queda muy extraño que también tuviera otra empresa de scouting perfecta para controlar a los tres futbolistas por los que se adquirió un derecho de tanteo (tres futbolistas que realmente no interesan al Barça y que sólo se usaron como excusa para pagar más al Santos sin que este tuviera que dar una parte a la cadena de supermercados CIS que poseían el 45% de los derechos de Neymar, al estilo “vendo bolígrafo y regalo entrada” habitual de eBay). Quizá dentro de no mucho descubramos que el padre de Neymar también tiene una constructora perfecta para reformar el Camp Nou. O quizá sea todo verdad y gracias a este contrato descubramos al próximo Romario, pero en ese caso el Barça debería haber pensado en la estética y la sensación sospechosa que genera tantas partidas para el padre, porque seguramente haya muchas más empresas de scouting en Brasil que no tengan nada que ver con Neymar padre. El oscurantismo que ha rodeado a toda la operación tampoco ayuda a tomarse en serio las explicaciones dadas. Tampoco las mentiras. Bartomeu explicó que el padre de Neymar había dado permiso para saltarse la cláusula de confidencialidad y que esa era la razón por la que se podía hacer público todo. Falso. Como publicó David Torras en El Periódico de Catalunya, las famosas cláusulas de confidencialidad habían sido impuestas de manera mutua, excepto en los contratos de publicidad y scouting que lo había impuesto el club azulgrana. Una vez más, la junta azulgrana miente. No miente, sin embargo al decir que el Barça no contó con agentes externos para tratar el fichaje: a André Cury directamente se le hizo empleado del club.

Captura de pantalla 2014-01-26 a la(s) 17.22.12

Neymar en Instagram, visiblemente preocupado por la tormenta desatada por su fichaje.

Interpretaciones y mentiras al margen, queda claro que los azulgrana pagarán unos 130 millones de euros por tener a Neymar los próximos cinco años, contando el traspaso, sueldo y todos los derivados del contrato. A primera y a segunda vista, es una cifra astronómica con la que muchos vivirían bien una buena temporada y que haría sonrojar al mismo arzobispo de Barcelona, sin embargo el problema al valorar esta cifra es que no tenemos con qué compararlo. Hasta ahora, las cifras que se publicaban eran únicamente el coste del traspaso (que en el caso de Neymar estrictamente serían los 17 millones pagados al Santos, y de manera más amplia también los 40 pagados por romper el contrato original). Desconocemos con exactitud los sueldos que cobran otros grandes futbolistas, si hay contratos derivados, sus primas de fichaje -que las ha habido toda la vida-, las comisiones de los agentes y cuantas triquiñuelas pueda haber. Incluso hay fichajes de los que ni sabemos con exactitud la cuantía del traspaso. Sin embargo, contando con que el sólo el transfer de Cristiano Ronaldo o Bale ya superaron los 90 millones de euros se puede intuir que el coste de Neymar, siendo locura, no sería el mayor locurón fuera del mercado.

El tiempo dirá si el Barça ha pagado mucho o poco por el fichaje de Neymar, de momento el nombre del brasileño ha quedado grabado con letras de oro en la libro  cainita del club como parte fundamental de la caída de Sandro Rosell, el mandatario más votado de la historia del club. Se marcha el presidente de la vendetta, que fundamentó su etapa al frente del club en la negación de quien heredó uno de los mejores equipos de la historia. Lo curioso es que con sus acciones es posible que haya puesto la alfombra roja para un posible retorno de Laporta, tras fracasar en política, al palco del Camp Nou.

Zubizarreta l, el Grande

Viene siendo ya un clásico que cada vez que se presenta una crisis, la junta de Sandro Rosell nos regala un festival de cosas que no hacer cuando tienes un marrón comunicativo. A última hora del martes llega la noticia de que parece que la enfermedad de Vilanova se ha reproducido y que tendrá que pasar de nuevo por el quirófano. El club decide no decir nada hasta que tenga más datos y esperar que sea el propio entrenador quien comunique la situación a la plantilla, como él mismo deseaba. La decisión es la más sensata y humana. El problema llega cuando el miércoles por la mañana el club anuncia que cancela la comida con los medios, las entrevistas con los jugadores y la rueda de prensa de Sandro Rosell. Evidentemente no hacía falta ser Philip Marlowe para darte cuenta de que algo no iba del todo bien, hasta cierto punto la estrategia de silencio se contradice con la de cancelar todos los eventos. Para más inri, Mundo Deportivo publica sobre el mediodía que la causa es que Tito Vilanova ha recaído de su enfermedad (con la cantidad de fichajes que anuncian y no aciertan, ya tiene mala hostia que esta noticia sí la hayan acertado. Cinísmos de la vida). El plan del departamento de comunicación del club acababa de volar por los aires.

Y ahí se han desbordado los rumores. Que si ya le estaban operando de urgencia en la Vall d’Hebrón, que si le operaban mañana, que si estaba ingresado, que si el Barça se había puesto en contacto con Guardiola para que tomase las riendas del equipo mientras Vilanova estuviera de baja… una avalancha de supuestas informaciones en las que ni siquiera los jugadores sabían qué era cierto y qué no. Y ante esto el club se ha tomado siete horas antes de abrir la boca. El momento más absurdo de la tarde ha llegado cuando el Real Madrid ha publicado un comunicado apoyando a Vilanova mientras en la web azulgrana hablaba del premio a Nick Hornby y la previa del sorteo de Champions. Siete horas en las que la noticia se ha desbocado por Internet totalmente fuera de control, algo que no beneficia a nadie, ni al enfermo, ni al club, ni a los jugadores que no sabían nada, sólo a algunos vendedores de vísceras. Parece mentira que alguien que ha gestionado tan mal desde el punto de vista comunicativo crisis como esta, como el viaje a Pamplona o las acusaciones de dopaje de la COPE, lo hiciera tan bien con la peor situación a la que podía enfrentarse el barcelonismo: la marcha de Pep Guardiola. Es curioso que aquel día, tras la rueda de prensa en la que El Tótem dijo que se iba, una gran mayoría de la culerada estaba ilusionada. ¿Qué había pasado? Había pasado Zubizarreta

2010-09-15_ENTREVISTA_ZUBIZARRETA_BAR_ATV_004.v1339579767

Tras dos temporadas tratando de evitar dar titulares en las entrevistas que ofrecía en la media parte de los partidos, el viernes 27 de abril de 2012 Andoni Zubizarreta se puso la chaqueta de salir a decir cosas y nos descubrió que en los despachos del club también hay vida inteligente a pesar de los intentos del presidente por ocultarla. Giró la tortilla y convirtió una crisis en una oportunidad. Cuando, ocho horas después de que todo el mundo supiera de la enfermedad del entrenador, salió acompañado del Presidente (cuando lo normal sería que él acompañase al Presidente) justificó él solito una rueda de prensa que en principio sólo servía para confirmar lo que todo el mundo sabía. Seguramente Rosell tenga muchas virtudes pero la oratoria está lejos de ser una de ellas, así que se limito a leer cuatro líneas antes de pasar la palabra al director técnico “para que explicase cosas más técnicas”. Las susodichas cuestiones técnicas en realidad lo que tenía que haber dicho Rosell, apelando al lado humano de la enfermedad de Vilanova y explicando con claridad todo aquello que se había confundido y enfangado durante la larga tarde de silencio. En la ronda de preguntas los periodistas decían “una pregunta para cualquiera de los dos” queriendo decir “que me conteste Zubi, por favor”. Hasta tal punto que Rosell parecía que estaba allí sólo en función institucional  y el que fue uno de los líderes del Dream Team parecía un verdadero presidente.

El Barça y sus interrogantes

Ya está aquí el momento que todo culé sabía que llegaría pero en el que nadie quería pensar. El Barça saldrá a competir un título sin la estrella que durante los últimos cuatro años ha guiado no sólo al primer equipo de fútbol, sino al club entero. Cuatro años en los que Guardiola no sólo se ocupó de dirigir a uno de los mejores equipos de la historia, también a apagar los fuegos generados por las bravuconadas de Laporta y los palos de ciego de Rosell. Sólo Dios, si existe, sabe cómo evolucionará sin su superlíder un club que lleva la fractura en su genética como si fuese el fútbol de posición. Puede que el Guardiolismo haya servido para que la afición azulgrana madure, pero como en cualquier club de fútbol la estabilidad a corto plazo depende de los resultados. No cabe duda de que la apuesta de Tito Vilanova es la continuidad absoluta, como es lógico, pero esta misma apuesta por la continuidad absoluta encierra una serie de interrogantes que marcarán los resultados como ya ocurrió el año pasado.

El más importante es el nivel que ofrecerá Xavi. Con 32 años y con problemas en el tendón de Aquiles, el equipo nota muchísimo cuando el de Terrassa baja el nivel (también la selección Española, no es casualidad que el mejor partido de la Eurocopa coincidiese con el mejor del centrocampista azulgrana). ¿Cómo gestionar que tu timón ya no pueda disputar 50 partidos por temporada al máximo nivel? Esta pregunta se superpone con otra, que es cómo acabará de encajar Cesc en el equipo. El año pasado comenzó la temporada como un avión y acabó diluyéndose después de Navidad, cuando la posición de interior le obligó a controlar su tendencia al desorden y él mismo reconoce que acabó por bloquearse. Por experiencia y posición el ex-Gunner debería ser el reemplazo natural de Xavi, a pesar de ser un jugador totalmente distinto.

Otro gran interrogante está en la línea delantera. La escalofriante cifra goleadora de Leo Messi ocultó el año pasado ciertas carencias del equipo y es que en momentos clave, si falla La Pulga, al Barça le falta gol. Este defecto es consecuencia directa de la grave lesión de Villa y la irregularidad de Pedro, jugadores que en condiciones normales te garantizan entre 20 y 25 goles por temporada cada uno. Entre los dos marcaron el pasado curso 24 goles, lo que quiere decir que en el tramo crucial de la competición al Barça le faltaron cerca de 20 goles que Messi estuvo a punto de compensar él solito, pero se quedó a un palmo de conseguirlo. Teniendo en cuenta que Alexis Sánchez nunca ha sido un goleador (el año pasado con 15 goles fue su mejor temporada en este aspecto) habrá que ver si Pedro es capaz de volver a su nivel habitual y cómo evoluciona Villa con 30 años y cerca de 9 meses sin jugar. Tito Vilanova y Andoni Zubizarreta parecen tener muy claro este punto, ya que en ningún momento han parecido interesados en buscar un delantero, siempre con la carta Neymar bajo la manga (otro interrogante en si mismo).

Y en defensa, dos nombres propios, Piqué y Puyol. El gran capitán es un portento de la naturaleza, sin embargo con 34 años tiene una edad en la que la mayoría de los jugadores empiezan a cambiar el fútbol por la petanca y deberá dosificarse. El problema de Piqué es otro. Cuando quiere, es el mejor central del mundo. Seguro en defensa, exquisito con el balón y con una capacidad para tirar del carro cuando las cosas van mal pocas veces vista en un central. Los últimos meses, pero, ha parecido que el “cuando quiere” es un condicional demasiado pesado para él y cuando jugó entre lesión y lesión lo hizo disperso y despistado. Es cierto que en la Eurocopa rindió a un buen nivel, pero su carácter hace difícil ver si es una reacción pasajera o permanente. Su capacidad para sacar el balón controlado desde atrás fue vital en los éxitos del equipo. Otra gran duda es Abidal. El francés aseguró que cree que podría volver a los terrenos de juego en diciembre, pero con 32 años y un trasplante la duda no es si podrá rendir al extraordinario nivel que rendía antes de su enfermedad, es si realmente podrá jugar en la élite. Su sustituto es, además, un lateral de características opuestas. Si Abidal era la pieza defensiva que permitía compensar las continuas incorporaciones de Dani Alves, Jordi Alba es tan ofensivo como el brasileño, por lo que habrá que redefinir los automatismos defensivos del equipo.

En frente, el Real Madrid de José Mourinho es un rival formidable, con la moral por las nubes tras ganar la Liga y a su vez espoleados por la espina clavada de haber caído eliminados en semifinales de Champions por penaltis. El conjunto blanco son claros favoritos en Liga y en Champions, por lo que recuperar el trono de campeón será un reto gigantesco para los culés. Pero hay ciertos jugadores a los que los retos gigantescos les encantan.

Cómo ser José Mourinho

Montaje de Karim Sabet

¡Qué inteligente que es! ¡Qué provocador! ¡Que bien se mueve en la rueda de prensa! ¡Cómo da una vuelta de tuerca a las cosas para hacérselas venir bien! ¡Qué maestro que es para atraer la presión hacia él y liberar a los jugadores! ¡Qué habilidad tiene para motivar a sus jugadores! ¡Mama, quiero ser como José Mourinho!

O no. Porque a mi se me caería la cara de vergüenza si mi equipo, en este caso el Porto, llegara a la de Champions League por un piscinazo de Deco ante Jorge Andrade que acabó con la expulsión del central del Deportivo -uno de los mejores centrales en aquel momento- por la que no pudo jugar la vuelta, partido que los de Mourinho ganaron 0-1 y de penalti. Antes, en octavos, el Porto de Mourinho eliminó al Manchester United -único grande que se cruzó en las eliminatorias- gracias a que el linier anuló un gol a Paul Scholes por un fuera de juego inexistente. La siguiente temporada, ya con el Chelsea, Mourinho eliminó al Barça porque Pierluigi Collina (el mismo árbitro que pitó el penalti de César Martín a Deco en las semifinales del año anterior) no vio una escandalosa falta de Ricardo Carvalho sobre Víctor Valdés en el área pequeña -¡donde el portero es intocable!- en el córner en el que Terry sentenció la eliminatoria. ¿Por qué? ¿Será que las mujeres prefieren su look Georgecloonesco antes que las trencitas cumbayás de Frank Rijkaard? Espero poder contestar eso algún día.

También se me caería la cara de vergüenza si mi equipo hubiera superado al Chelsea como lo hizo su Inter el año pasado, cuando el señor Fernández Borbalán se zampó dos penaltis, uno de Walter Samuel a Salomon Kalou y otro de Thiago Motta a Ivanovic. Para rematar el escándalo, en la vuelta el señor Wolfgang Stark decidió sufrir de ceguera súbita y transitora ante dos penaltis más: Motta volvió a tener barra libre para agarrar a Ivanovic y Walter Samuel le dio un cariñoso abrazo del oso a Didier Drogba. El pasillo arbitral al conjunto de Mourinho siguió en semifinales, donde se alinearon Olegario Benquerença, el Eyjafjalla y la UEFA. La negativa de la organización a aplazar el partido por la nube de ceniza proyectada por el volcán islandés obligaron al Barça a marcarse un siempre revitalizante viaje de 15 horas en autobús hasta Milán, recordemos que nueve de cada diez médicos recomiendan un largo viaje por carretera antes de jugar un partido de alto nivel. En Italia se encontraron con un árbitro portugués –amigo de Mourinho- que no quiso ver una falta de Thiago Motta a Messi en la jugada del segundo gol y un doble fuera de juego clarísimo en el tercero. Tampoco un penalti de Sneijder a Dani Alves. El asalto a su ‘segunda Champions limpia’ se completó en el Camp Nou donde el belga Frank De Bleeckere anuló un gol de Bojan–el segundo, que daba el pase a la final al Barça- por unas manos de Touré que todo el mundo vio que eran involuntarias.

Anda, tú. Pues lo mismo ser el puto amo no es tan complicado. Basta con borrar del mapa los argumentos en tu contra, minimizar los aspectos futbolísticos cuando interesa y ensalzar los fallos arbitrales adecuados dejando los no convenientes en el limbo. En el fondo tampoco importa si lo que dices es verdad. Como acabáis de ver, basta con un poco de prostituzione intellettuale.

Algunos goles llevan a Roma

Artículo originalmente escrito para FCBwiki.com

No era el día. Era la hora desesperada. El reloj lloraba hacia el final de los cuatro minutos de prolongación. El barcelonismo ya se resignaba a una temporada magnífica pero sin el premio más deseado. La goleada endosada al Real Madrid en su estadio cuatro días antes no era ya tan dulce, incluso el Athletic de Bilbao parecía un rival durísimo para la final de Copa del Rey que se tenía que disputar una semana después. En ese momento Iniesta recuperó el esférico cerca del área culé y trató de salir de la cueva, pero Lampard cortó su progresión tirándose al suelo. El balón rechazado le cayó a Keita, jugando de improvisado lateral izquierdo tras la expulsión de Abidal. El malí la cedió a Piqué y Piqué a Xavi, que abrió el juego a la banda derecha a un Dani Alves que no había dado un buen centro en todo el partido.

Las cosas no empezaron bien ya en el partido de ida. El 28 de abril en el Camp Nou los azulgrana fueron incapaces de superar al Chelsea. Con una línea defensiva adelantada, con Obi Mikel tapando a Xavi, Ballack sobre Iniesta y con Bosingwa encargado de frenar a Messi, los de Hiddink consiguieron tornar el grácil juego habitual del club catalán en una danza incómoda y pringosa, aunque aquel día el criticadísimo Petr Cech volvió a recordar al porterazo que era antes de fracturarse el cráneo y Wolfgang Stark optó por no señalar un agarrón de Bosingwa a Henry dentro del área en el minuto 73 de partido. Ante un Barça descafeinado Drogba y Malouda causaban muchos problemas a la defensa local. El marfileño dispuso de la ocasión más clara del partido en el minuto 38 tras aprovechar un gravísimo error de Rafa Márquez, pero Víctor Valdés detuvo el cañonazo inicial y el sutil toque con el que Drogba trató de superarle después, levantándose rápidamente para taponar el segundo remate. No había sido el mejor partido culé y el 0-0 tampoco parecía el mejor resultado para visitar Stamford Bridge.

Era el 6 de mayo de 2009 cuando el sueño del triplete se rompía, apenas unos días después de vapulear al Real Madrid en un partido histórico. Pasaban dos minutos del descuento y el Barça todavía no había chutado ni una sola vez a puerta. Alves corrió la banda y soltó un centro como había soltado muchos a lo largo del encuentro, pero esta vez hubo algo diferente: el centro era bueno. Terry despejó en primera instancia y el balón le cayó a Eto’o, de espaldas a la portería y escorado a la izquierda del área.

El Barça no llegaba en condiciones ideales a la vuelta de aquellas semifinales, todavía colocado por lo vivido frente al Real Madrid y con bajas notables: Márquez había caído lesionado en el partido de ida y Henry en el clásico. Además, el gran capitán Puyol estaba sancionado. Ante las circunstancias, Guardiola se vio obligado a reorganizar al equipo con Yaya Touré de central, Keita de volante junto a Xavi e Iniesta de extremo izquierdo. Los culés iniciaron el partido controlando el balón y moviéndolo con más fluidez que en el Camp Nou, sin embargo el golazo de Essien, que envió el balón a la escuadra con una volea casi zidaniana, rompió al conjunto catalán. Ante un rival descolocado, los bluespudieron haber sentenciado antes del descanso. El árbitro, Tom Henning Ovrebo, no pitó un penalti de Abidal a Drogba y señaló fuera del área una falta de Alves a Malouda que también podía haber pitado dentro. Además Drogba se encontró dos veces más con un enorme Valdés que fue el gran héroe olvidado de esa eliminatoria. Sin sus paradas todo lo que estaba por venir no hubiera valido para nada.

El descanso trajo serenidad a los azulgrana, que movieron el balón con más criterio que en la primera parte pero con idéntico resultado: chocaban continuamente con una muralla azul. Si la remontada parecía difícil, más lo era tras la injusta roja directa a Eric Abidal. Además los ingleses reclamaron dos penaltis más de Touré, uno sobre Drogba y otro sobre Anelka, que no eran, como tampoco unas manos involuntarias de Piqué dentro del área. El Barça lo intentaba pero el Chelsea tapaba cada espacio con maestría una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

Eto’o trató de controlar la pelota, pero se le escapó. Essien falló estrepitosamente al intentar achicar y lo que despejó fue el aire. El balón llegó a Messi cerca de la esquina izquierda del área, se giró y parecía que buscaba posición de disparo. Hasta tres jugadores del Chelsea –Essien, Alex y Bosingwa-  salieron a taparle, pero el argentino fue inteligente, no se precipito y en vez de chutar por donde no había hueco cedió la pelota hacia la frontal del área donde, totalmente solo, esperaba esa criatura con estrella nacida en Fuentealbilla. Entonces, explosión.

El sueño que se resquebrajaba volvió a tener forma. Iniesta se transformó en Bakero, vistiendo Londres de Kaiserslautern y devolvió la vida a un muerto. Se pueden marcar goles más importantes pero no más épicos. Todo volvía a tener sentido, incluso la final de Copa del Rey frente al Bilbao parecía un reto fácilmente superable. Roma estaba ahí, esperaba el Manchester United de Cristiano Ronaldo, vigente campeón, pero en aquel momento todo parecía fácil para un Barça que había demostrado que podía atravesar los siete infiernos y salir vivo con una sonrisa.

En aquellos 365 días el Barça de Guardiola superó sus grandes mitos: En el Bernabéu, Gerard Pique ‘mató’ el 0-5 del Barça de Cruyff mientras mostraba la zamarra azulgrana al público tras marcar el sexto gol; Eto’o y Messi mejoraron con sus goles las finales agónicas de Londres y París con una victoria incontestable ante un gigante europeo; la aparición de un tal Pedro Rodríguez hizo posible el nacimiento del Barça de las Seis Copas, sobrepasando al equipo liderado por el mítico László Kubala que en la década de los cincuenta logró cinco. Pero por encima de todas las imágenes que generó el 2009, y especialmente el mágico mes de mayo en que se ganaron Copa, Liga y Champions, una simbolizará su éxito por encima de las demás. Una estampa extraña para un equipo cerebral y armónico acostumbrado a dominar claramente los partidos, una fotografía llena de rabia y fustración liberada tomada en uno de los pocos encuentros del año –tal vez el único- en el mejor equipo del mundo no mereció salir vencedor, aunque sí mereció ganarlo todo: la imagen de Iniesta corriendo hacia el córner de Stamford Bridge mientras se quitaba la camiseta amarilla celebrando con locura su gol. Al final, aquél sí fue el día.

Mourinho cogió su fusil

Lo consiguió. Que a nadie le quepa la menor duda de que José Mourinho llevaba esperando esto desde el minuto cero en que aterrizó en Madrid. Provocando poco a poco, como una gota malaya, esperaba con ansia que alguien cayera en su trampa, explotara y provocara un efecto dominó. Manolo Preciado abrió el fuego respondiendo a las declaraciones del portugués, y Pochettino, Garrido y otros entrenadores de primera se han posicionado a favor del entrenador sportingista. Otros como Camacho y Michel no se han mojado y Guardiola no ha querido hablar al respecto, pero todavía se espera a que alguien se alinee con el luso, que tiene exactamente el escenario que quería.

No hay otro entrenador en el mundo que domine la sala de prensa como el entrenador merengue, ni siquiera Guardiola. A lo largo de su trayectoria ha sabido usarla para enrarecer el clima de las competiciones para imprimirles un ambiente adrenalínico en el que sabe motivar como nadie a sus jugadores. Ya lo hizo en Inglaterra y en Italia, donde sostuvo intensos tiroteos con Ferguson, Wenger, BenitezRanieri o Spalletti, incluso fue multado en Italia varias veces. Mourinho crea una atmósfera en la que el universo y todos sus elementos están contra él y su plantilla y la usa para azuzar a sus jugadores.

El fin justifica los medios. Hay que ganar aunque para ello se tenga que recurrir a las estrategias más sucias y antideportivas -canallas, que dirían algunos- como calentar un partido a extremos peligrosos. La necesidad de títulos del Real Madrid llega a tales límites que aceptan que un entrenador recién llegado al club dinamite el archifamoso ‘señorío’ cada vez que le ponen delante un micrófono. Mourinho siempre ha entrenado en con urgencias por ganar y ha sacado provecho de la carta blanca recibida. El Porto llevaba cinco años sin ganar una Liga, el Chelsea llevaba 50, el Inter  no ganaba una Champions desde 1965 y llega al Madrid tras seis temporadas sin pasar de octavos en Europa y tras haber gastado cerca de 300 millones en fichajes con la resaca del triplete culé. Queda por ver cómo se las arreglaría el portugués en un club en el que no le permitieran este juego, pero de momento parece que está empezando a salirse con la suya en la Liga española. Para su desgracia, por ahora el que no parece caer en su trampa es precisamente su máximo rival, Pep Guardiola. El de Sampedor ha evitado sabiamente responder a las provocaciones de un Mourinho que espera con ansia que le de los buenos días para montar un incendio. El entrenador culé es una persona de sangre caliente  –por algo es el jugador que más veces ha sido expulsado de la historia del Barça-, pero también es tremendamente inteligente y parece que es el único que no tiene intención de entrar al trapo. Y no debe, porque en el duelo dialéctico Mourinho es imbatible, sin embargo en el terreno de juego el Barça tiene los recursos suficientes para silenciar, a golpe de violín, los cañonazos del portugués.

La sonrisa que iluminó el Camp Nou

Pocos jugadores han dado tantas alegrías y tantas frustraciones, tanta ilusión y tanta desazón, como Ronaldinho al Camp Nou. El Gaucho llegó al Barça el 20 de julio de 2003 en el peor momento de su historia, reducido a cenizas tras el paso del huracán Gaspart, procedente del Paris Saint-Germain a cambio de 32 millones de euros. Cuatro temporadas sin lograr ningún título habían deprimido totalmente a la afición blaugrana. Pero resultó que la sonrisa de Dinho era contagiosa y con su llegada el soci volvió a soñar con victorias y sólo dos temporadas después, liderado por el genial brasileño, el Barça vivía uno de los mejores momentos de su historia al levantar su segunda Champions en París el 17 de mayo de 2006.

Pero el despertar del sueño fue duro. El 25 de agosto de 2006 el Barça perdía la final de la Supercopa de Europa en Mónaco ante el Sevilla. Fue el primer paso en un descenso a los infiernos en el que el líder también fue Ronaldinho. Saco al club del pozo para luego devolverlo. Perdida la ambición, faltó la profesionalidad. Se dedicó más a la fiesta que al campo. Demasiada noche movida. Demasiada resaca camuflada de gastroenteritis y sobrevivida en el refugio del gimnasio, lejos de los ojos de los periodistas que cubrían el entrenamiento. Su rendimiento en el campo bajó gradualmente durante la temporada 2006/2007 y en la 2007/2008 se arrastró patéticamente por los campos hasta que, en abril, una lesión puso punto y final a la agonizante etapa azulgrana de Ronaldinho. El 9 de marzo disputó su último partido como culé, un Barça-Villarreal que acabó con una derrota por 1-2, resultado que no hacía justicia a lo que Ronaldinho merecía. El 16 de julio fue traspasado al AC Milan a cambio de 25 millones y medio de euros.

Pero antes, Ronnie se había echado las ruinas del club a la espalda y llevó al Barça a protagonizar una grandísima remontada, recortándole 18 puntos al Real Madrid en la segunda vuelta y escalando de la duodécima posición a la segunda a sólo cinco puntos del campeón, el Valencia. Un presagio de los dos sensacionales años que vendrían, en los que se ganarían dos Ligas y una Champions. Ronaldo de Assis Moreira era un jugador distinto –antes de convertirse en la sombra de si mismo que es ahora-. Un jugador mágico, capaz de jugadas que sólo él era capaz de imaginar. Tras el gol del gazpacho, vinieron la espaldinha, los sombreros ante los defensas del Bilbao, el gol con la puntera en Stamford Bridge, el gol ante Osasuna, la exhibición de potencia física en el gol ante el Chelsea en el Camp Nou, la chilena contra el Villarreal, el estratosférico pase a Giuly frente al Milan, la elástica, infinitos recursos para enloquecer las defensas rivales y, por supuesto, los aplausos del Santiago Bernabéu. Incluso su último gol como culé, cuando ya estaba en una decadencia sin retorno, fue una espectacular chilena en el Vicente Calderón.

Ronaldinho fue el milagro que cambió el rumbo del Barça. Devolvió el optimismo al club, lideró al equipo y facilitó los fichajes de otros cracks como Eto’o o Deco que querían jugar al lado de un superclase como el brasileño. Sin él se hace difícil concebir los éxitos del Barça de Frank Rijkaard y, por extensión, también los del equipo de Pep Guardiola. Su historia es la de un ascenso fulgurante y una desintegración lamentable, la demostración de que nadie es indispensable por mucho que lo parezca. Hubo un momento en que parecía que el Barça se hundiría si el brasileño no firmaba un contrato hasta el 2014 y apenas tres años después se marchaba por la puerta de detrás, y sin él los azulgrana firmaron la mejor temporada de su historia. Los que hoy parecen indispensables en sus equipos –como Messi y Guardiola en el Barça o Cristiano Ronaldo en el Real Madrid- harían bien de tener en mente el final de Ronaldinho. Carismático y espectacular como pocos, quedará para siempre la duda de hasta dónde hubiera podido llegar si no se hubiera dejado echar a perder como lo hizo.

Que se quede el sueco

En una temporada Zlatan Ibrahimovic parece haber agotado todo el crédito y la ilusión generada tras su fichaje. Su final de temporada fue lamentable. Tan indefendible como la campaña de Thierry Henry o la de Rafa Márquez. Negado ante el gol e inconexo con sus compañeros, parecía haber dimitido de sus esfuerzos por acoplarse al equipo. Con el recuerdo de Eto’o y el pastizal indecente pagado por él muy presente, el Camp Nou le pitó. Tras la llegada de David Villa parece que su puesto en el once inicial no está en absoluto garantizado, y más si se tiene en cuenta que la temporada pasada Messi jugó sus mejores partidos jugando de falso nueve, donde los movimientos de Ibra hacían poco más que estorbar a la pulga. Hasta el propio Guardiola perdió la fe en él y lo sentó en el banquillo en el tramo final de Liga en el que se jugaba el título frente al Villarreal o el Sevilla apostando por Bojan.

Sin embargo, es injusto valorar al sueco únicamente por este último y lamentable tramo final. Marcó 21 goles (16 en Liga, tres en Copa y cuatro en Champions), su tercera mejor marca (29 en la 08/09 con el Inter, 22 en la 07/08 y también 21 en la 02/03 con el Ajax) y de largo la mejor cifra goleadora en su primer año en un club (un gol con el Malmö en la temporada 99/00, ocho goles con el Ajax en la 01/02, dieciséis goles con la Juventus en la 04/05 y quince con el Inter en la 06/07). Sin haber destacado nunca por su capacidad goleadora, Marcó algunos tantos muy importantes, como los dos ante el Arsenal en el Emirates Stadium y sobre todo el gol frente al Real Madrid en el Camp Nou. Ese gol acabó por valer al Barça tres cuartos una Liga que los azulgranas ganaron por una diferencia mínima y sin él el título seguramente hubiera sido blanco. Y tampoco se puede olvidar su papel vital en el Mundial de Clubes, en el que no marcó pero ayudó como pocos pueden hacer a descargar balones en el centro del campo.

Además, las primeras temporadas en un club nunca han sido buenas para el sueco. Ya pasó en el Ajax, en la Juve y en el Inter. Y el Barça también tiene ejemplos de jugadores que tras una primera temporada discreta han acabado por ser grandes cracks, como Laudrup, Koeman, Figo o Márquez. Pese a lo que el Camp Nou ha visto esta temporada, Zlatan Ibrahimovic no es un tronco. Tiene una técnica exquisita, regate y muy buen pase. Recursos suficientes para desenvolverse en ataque con movilidad, cayendo a las bandas para no estorbar a Messi si es necesario. No es un gigantón tipo Koller que sólo sabía estar cerca de la portería para rematar de cabeza. Tener un jugador como Ibra en el banquillo puede ser una bomba de relojería, pero merece una segunda oportunidad porque si se centra tiene muchísimo que dar al Barça.

Encaje de bolillos

Es cierto que es muy injusto sacar conclusiones del partido de Supercopa. El Barça se enfrentaba al Sevilla en unas circunstancias que difícilmente se volverán a repetir a lo largo de la temporada, con ocho jugadores titulares recién llegados de vacaciones con un absurdo amistoso en México de por medio y con Messi todavía lejos de su mejor forma. Tampoco es justo valorar a los canteranos por lo visto sobre el Sánchez Pizjuán. Miño, Sergi Gómez y Oriol Romeu debutaron en una alineación en la que sólo Alves y Abidal son titulares indiscutibles (Ibrahimovic está por ver si lo es, incluso si se queda) y no es lo mismo que entrar en un equipo con nueve o diez titulares. Es más, los errores que facilitaron los goles sevillistas se les puede atribuir más a los veteranos Milito y Abidal que a los debutantes Gómez y Romeu. Pero tampoco hacía falta el partido de Supercopa para comprobar que la plantilla del Barça es corta y lo visto en este encuentro no ayuda precisamente a rebatir esa teoría.

No cabe duda de que con Puyol y Piqué el Barça tiene una de las mejores, o la mejor, pareja de centrales del mundo y Busquets, a pesar de sus pajareos ocasionales, es un gran pivote defensivo. Sin embargo, tal y como está la plantilla del Barça en este momento, una lesión o una sanción –o una combinación de ambas- deja el eje defensivo del Barça en pelota picada. La marcha de Márquez y Chygrynskiy, aunque el año pasado hicieron poco más que pastar por los campos de entrenamiento, dejan a Milito como único recambio para los centrales. Además, su historial de lesiones no aconseja que juegue muchos partidos completos. La alternativa era recolocar a Abidal de central, pero el francés ha demostrado en el Mundial, en la gira asiática y en la Supercopa su nula capacidad para jugar en ese puesto. Casi recordaba a Oleguer. El caso del pivote es todavía más dramático: una baja de Busquets obliga a tirar de Oriol Romeu, que apenas ha jugado un año en segunda división B. No hay que olvidar que Yaya Touré –el gran Yaya Touré- jugó el año pasado 37 partidos (23 de Liga, tres de Copa y once de Champions). Con su marcha el Barça pierde uno de los mejores del mundo en su posición y reemplazarlo por un chaval de 18 años significa perder potencial.

Cesc Fábregas y Mezut Özil son grandes jugadores pero el Barça no los necesita. En el caso del alemán, además, todavía tiene que demostrar que lo visto en Sudáfrica no es flor de un día. Muchos jugadores han saltado a la fama en una Eurocopa o Mundial para luego estrellarse contra la realidad. Y sólo hay que recordar que el Barça estuvo a punto de fichar a Milan Baros tras la Eurocopa de 2004. Para la posición de interior, Thiago y Jonathan están suficientemente rodados para dar el salto al primer equipo si hay que rotar a Xavi e Iniesta. Muniesa, Bartra, Fontás, Sergi Gómez y Oriol Romeu tienen un potencial extraordinario pero están verdes, algunos como Gómez están verde fosforito. pero los canteranos deben ir incorporándose al primer equipo poco a poco. Casos como el de Sergio Busquets, que pasan de jugar en tercera división a la final de la Champions en apenas un año, pasan una vez en la década. Incluso Messi paso un año yendo y viniendo del filial antes de asentarse en el primer equipo e Iniesta estuvo varias temporadas siendo suplente. El escenario de verte obligado a jugártela en una semifinal de Champions, donde un solo error te puede facturar para casa, es muy arriesgado. El Barça necesita reforzar su eje defensivo si no quiere tener que hacer encaje de bolillos cada vez que tenga una o dos bajas en la zaga.