El penalti más largo del mundo

Iturralde es el campeón del Villarato” e “Iturralde le da la victoria al Barça” eran los titulares de As y Marca en la portada el día después del Barça-Espanyol del pasado domingo. El editorial de Marca, titulada “Iturralde regala la victoria al Barcelona de forma inadmisible” y deja caer, casi tontamente, que “la corriente [de errores arbitrales] ha ido muy favorable al Barcelona”. La crónica de As –firmada por Tomás Guash, impresentable donde los haya y que tiene de periodista lo mismo que Pocholo- narra: “Sucedio a los 39 minutos de un derbi de fuerzas parejas. Un balón cruzado al área de Kameni, Baena que forcejea, no más, con Xavi que cae. Iturralde se siente Messi en ese momento, el futbolista más desequilibrante del Barça”. Aprovechando la jugada, y que al final fue lo que decidió el partido, la Brunete Mediática merengue ha sacado toda su artillería para gritar “¡Villarato!” a los cuatro vientos (Pregunta: si ellos ahora hablan de Villarato y Platinato ¿podemos hablar nosotros de Franco y Guruceta? Aquí o follamos todos o la puta al río, digo yo).

La manipulación en este caso es bastante mezquina. Vale, Xavi no hubiera llegado a controlar ese balón ni en dos millones de años. Vale, cada partido hay siete jugadas así que no se sancionan con penalti. Vale, seguramente la acción de Baena no es suficiente para desequilibrar a Xavi, aunque tampoco hace falta estampar en la cara una miniatura de la catedral de Milán para que te piten penalti. Y sin embargo, por mucho que As se esfuerce en colocar una secuencia de fotos en la que no se ve nada, es impepinable que el defensa del Espanyol agarra por la camiseta a Xavi. Sucede, cosas de la vida, que el reglamento de la FIFA dice así:

Regla 12: Faltas e incorrecciones

Tiro libre directo
Se concederá un tiro libre directo al equipo adversario si un jugador comete una de las siguientes siete infracciones de una manera que el árbitro considere imprudente, temeraria o con el uso de fuerza excesiva:
• dar o intentar dar una patada a un adversario
• poner o intentar poner una zancadilla a un adversario
• saltar sobre un adversario
• cargar sobre un adversario
• golpear o intentar golpear a un adversario
• empujar a un adversario
• realizar una entrada contra un adversario

Se concederá asimismo un tiro libre directo al equipo adversario si un jugador comete una de las siguientes tres infracciones:
• sujetar a un adversario
• escupir a un adversario
• tocar el balón deliberadamente con las manos (se exceptúa al guardameta dentro de su propia área penal)

El tiro libre directo se lanzará desde el lugar donde se cometió la infracción
(ver Regla 13 – Posición en tiros libres).

Tiro penal
Se concederá un tiro penal si un jugador comete una de las diez infracciones antes mencionadas dentro de su propia área penal, independientemente de la posición del balón, siempre que este último esté en juego.

Sujetar a un adversario es tiro libre directo. Dentro del área es penalti. Por lo tanto, se pongan como se pongan algunos, reglamento en mano se puede considerar que la jugada fue penalti. Es más, el reglamento no deja a interpretación del árbitro si el agarrón es “imprudente, temerario, o con el uso de fuerza excesiva”, un agarrón es falta y punto. A partir de aquí, se podrá argumentar que hay mil jugadas así o mucho más exageradas (como el “abrazo” de Pareja a Ibrahimovic minutos antes, en que sólo le faltó desnudarlo, y que encima acabó con tarjeta al sueco por protestar) en cada córner y que no se pitan –tal vez deberían pitarse-, que Xavi le echa todo el cuento que puede. Se pueden argumentar muchas cosas para justificar que no era penalti, pero de lo que no se puede es hablar de robos, atracos y conspiraciones judeo-masónicas para favorecer al Barça como han hecho Marca, As y, lo que es peor, el presidente del Espanyol, Daniel Sánchez Llibre, que parece que sólo vio una jugada en todo el partido, la que le interesa, y del resto se olvida. El hombre que ha anunciado 12 veces su dimisión y ha salido vivo llegó a pedir “que le den 70 puntos de salida a ese* equipo y el resto jugamos otra Liga y ya está”. Tal vez abandonar el hooliganismo y el sectarismo sea demasiado complicado para esas extrañas formas de vida como Eduardo Inda, Tomás Guasch, Tomás Roncero (ejemplos del bando merengue) Joan Vehils, José Luis Carazo o Joan Mascaró (bando azulgrana), sobre todo si es para abrazar la bandera del rigor y de una cierta memoria a medio plazo (¿Madrid-Almería? ¿penalti a Cristiano Ronaldo? ¿alguien se acuerda?), pero podrían empezar por hablar en términos algo menos absolutos y buscar expresiones algo más humildes como penalti dudoso (en el peor de los casos) o penalti riguroso (en el mejor) porque, cómo es la vida, el reglamento dice que un agarrón en el área es penalti ¿o mejor cambiamos el reglamento?

*Nota del autor: Barça, Dani, B-A-R-Ç-A. Sé que te cuesta decirlo. El resentimiento es una cosa complicada, pero muchos agradeceríamos que dejaras de referirte al Futbol Club Barcelona en demostrativos o como “l’-l’altra equip de la ciutat”, tartajeo incluído. Dices que Laporta es “infantil” e “impresentable” pero con actitudes como esta sólo ofreces dura competencia.

Dicho esto, la jugada del derbi (metropolitano o ciudadano, según guste) es el más claro ejemplo de que la aplicación del video al arbitraje no cambiaría en exceso el panorama actual. El viejo debate se reabrió con furor tras la hábil mano de Henry frente a Irlanda (reconozcámoslo, a parte de ilegal y descarada, la acción no es nada sencilla y es ejecutada con esa elegancia que caracteriza ‘Titi’. Especialmente el segundo toque con la mano, en plena carrera, con la que se coloca el balón con extraordinaria precisión para dar una asistencia de gol, fuera del alcance de Shay Given, para que Gallas remate a placer. Ilegal, pero elegante). En aquel momento todo el mundo coincidió con que el gol no tenía que haber subido al marcador. Sin embargo, estas jugadas tan clamorosas que no dejan lugar a interpretaciones son una rareza futbolística, y el penalti que nos ocupa es un clarísimo ejemplo: han pasado cinco días, se han visto mil repeticiones y todavía hay gente que defiende que la sanción es correcta con argumentos validos y otros que creen que no está bien señalado con razones de igual peso. Al defender la incorporación del video parece que se acabará con las polémicas arbítrales, con los errores de los colegiados y con las trampas de los jugadores más pícaros, pero la realidad es que seguiremos más o menos igual. Se parte de una base errónea: el video, como el algodón, no engaña. Dejando de lado que hay cierta industria, ahora en una crisis galopante, que ha generado millones de euros usando una cámara precisamente para engañar al espectador, ¿cuántas veces hemos visto una toma en la que se ve claramente que el defensor arrolla al delantero y otra en la que se aprecia sin lugar a dudas que toca el balón? El video tampoco solucionaría las dudas sobre si unas manos en el interior del área son voluntarias o no, o si ese jugador en fuera de juego posicional, pero que no interviene directamente en la jugada, estorba o no al defensa. Al final quedaría a criterio del árbitro, con lo que tampoco hemos mejorado tanto.

Además se abriría otro debate: ¿cuándo se recurre al video y cuándo no? ¿quién decide cuando lo hacemos? ¿el árbitro o los jugadores? Todo el mundo estaría más o menos de acuerdo con usarlo en caso de que haya dudas sobre si un balón ha entrado o no, ¿pero se tendría que acudir al monitor cada vez que alguien reclame un posible penalti o un fuera de juego? Si ya nos aburrimos de ver equipos que aprovechan cualquier contacto para perder un minuto simulando una amputación de pierna ¿se imaginan que pudieran perder otros dos minutos yendo a ver la tele un rato? Se facilitarían las constantes interrupciones del juego y el balompié es un deporte que necesita continuidad. El ojo de halcón usado en el tenis para determinar de manera rápida y aséptica si una bola ha entrado o no sólo funcionaría en el fútbol para confirmar si el balón botó dentro o fuera de la portería, para casi todos los demás casos seguiríamos con las tan características quejas de los futbolistas y el rosario de tarjetas con el que responden algunos árbitros ¿o acaso una pantalla convencería a Marchena de que sí, que ha hecho falta?.

Los ingleses dicen que el rugby es un deporte de villanos jugado por caballeros, y el fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos. Y es que, aunque no sea políticamente correcto, la trampa ya forma parte del fútbol. Hasta tal punto que incluso los espíritus más puros aceptan las mal llamadas faltas tácticas, que no deja de ser otra cosa que derribar a tu rival en el centro del campo para cortar el juego, abortar un posible contraataque y recolocar tu defensa. El resultado es una paradoja en la que la sanción beneficia al sancionado. Pero si la falta es táctica no puede ser sucia… ¿o sí?

PD: Yo no hubiera pitado penalti, y si la jugada hubiera sido al revés hubiera abonado bien todo el árbol genealógico del árbitro, pero también el del defensa idiota que agarra de la camiseta al rival que no iba a llegar al balón en una jugada en la que estás solo en el área con él, sin nadie que te tape. Con todos mis respetos hacia Raúl Baena, hay que ser burro para arriesgar tanto, como hay que ser corto para expulsar a alguien sólo porque te dice “ya lo verás en la tele”(según explica el acta del partido). Pero ya sabemos como son los árbitros: un jugador puede coser a patadas a los rivales y ver tarjeta amarilla en el minuto 90 por protestar. Viva ellos.

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La jojoya de la cocorona

Al final se han salido con la suya. Guardiola tendrá a su ansiado Dmytro Chygrynskiy y el propietario del Shakhtar tendrá los 25 millones de euros que pedía. Casi nada. La misma cantidad por la que el Real Madrid ha vendido a Arjen Robben, un jugador que -lesiones a parte- ha demostrado sobrada calidad en el Chelsea, en el Madrid y en la selección holandesa. Dirán que ‘Chygro’ es de los defensas más prometedores de Europa, que ha ganado una UEFA y que tiene la salida de pelota del mismo Beckenbauer, pero sólo ha jugado en Ucrania. Y jugar en el Shakhtar no es lo mismo, ni parecido a jugar en el Barça.

Guardiola lo ha pedido insistentemente –como también pidió a Cáceres y a Hleb- y es de suponer que lo ha visto jugar más que yo. En los dos partidos que jugó contra el Barça en la Champions ni siquiera me percaté de su presencia, sólo me fijé en Brandao (el brasileño plasta que no hacía más que dar patadas y que al final le sacaron tarjeta por protestar en el minuto 88). En la final de la UEFA me hizo gracia el nombre y poco más. Parecía salido de un chiste de Chiquito de la Calzada o de Muchachada Nui. El otro día, viendo la repetición del Shakhtar-Barça (¡Qué mal que jugó el Barça!) me pareció un jugador lento, que no guarda bien la posición y además cada vez que sacaba el balón lo regalaba al Barça. Un diamante en bruto. Pero bruto, bruto, bruto.

Txiki Beguiristain también tiene su parte en este lío. Esta claro que el emperramiento de Guardiola no viene de ayer, sino de hace meses. Por eso se hace difícil de entender que se haya pagado los 25 millones que pedía el Shakhtar desde el principio, pero casi al final del mercado y cuando el jugador ya no puede jugar la Champions. Lo más divertido de todo es que si mañana no se ha firmado definitivamente le acuerdo, Chygrynskiy podría jugar la Supercopa de Europa frente al Barça ¿y si lesiona a Ibrahimovic? (porque no tiene pinta de poder marcar un gol).

Entre Martín Cáceres (20), Chygrynskiy (25) y Henrique (10) el Barça habrá pagado más de 50 millones de euros en defensas de calidad no contrastada en sólo dos años. En cambio no se podía hacer ese desembolso por Ribéry porque era una locura. Así las cosas, más le vale al amigo Dmytro adaptarse rápido y empezar a rendir. Las circunstancias de su fichaje y su desorbitado precio (no hay mucha diferencia entre pagar 25 millones por él y 94 por Cristiano Ronaldo) no le favorecen en absoluto. Más le vale adaptarse rápido y empezar a rendir o tiene todos los números para engrosar de la lista de los Korneievs, Escurzas, Albertinis y Hlebs. Claro que yo me equivoco… de vez en cuando.

La inoperancia de un inoperante

Txiki Begiristain ha decidido llenar la bolsa de la playa de sus detractores con una buena artillería de argumentos. En San Mamés, antes del partido, Tito Vilanova dijo que hacía falta uno o dos jugadores más, pero el excelso secretario técnico dejó entrever, en la media parte, que es posible que no llegue ninguno. Es lamentable que, aunque Guardiola dejara claro después de Roma que quería una plantilla un poco más amplia para esta temporada, tras el primer partido oficial tengamos un jugador menos que el año pasado, contando con que Henrique no se va a quedar.

Lo divertido del asunto es que después de ganar la Champions se dijo que “los deberes ya están hechos”. ¿Qué entiende esta gente por hacer los deberes? ¿Mirar el álbum de cromos y decir “me gusta Ribéry, me gusta Villa, me gusta Filipe Luis, me gusta Mascherano, me gusta Cesc, me gustas tú”? Los seres normales, al oír esta frase, entienden que se ha peinado el mercado en busca de jugadores interesantes, se han identificado, se ha hablado con ellos, con su representante, con el club, con el Espíritu Santo, y que hay un principio de acuerdo, cosa que –aparentemente- no es el caso. Queda en el aire saber cómo era Txiki en el cole. Si cuando la profesora de mates le preguntaba si había hecho los deberes este le contestaba “sí, seño. Es una suma muy interesante y que me gusta”. “A ver Aitor” contestaría la profesora “¿Cuál es el resultado?”. “Ah, no lo sé. Pero es una suma muy interesante y que nos interesa mucho”. Respuesta tras la cual, cualquier niño acabaría en el despacho del director.

Lo cierto es que el Barça se ha movido por el mercado dando bandazos sin un plan aparente. El primer objetivo fue Ribéry. Fracaso absoluto y con tirabuzón, ya que el francés no sólo no está en el Barça sino que además está muy cerca del Madrid. La razón por la que no se firmó un preacuerdo cuando Scarface estaba loco por jugar en el Camp Nou sólo la conoce Txiki. Tras comerse los mocos de mala manera en el fichaje del francés, en vez de buscar una alternativa para la banda izquierda, como podía ser Van Persie, Nani o Robinho, por nombrar alguno de los jugadores más conocidos con este perfil, se pasa a la búsqueda de un delantero centro. Con el Show Eto’o de por medio, también causado por la incompetencia de Txiki a la hora de abordar al camerunés, se barajan los nombres de Ibrahimovic, Villa y Forlán. Tras un primer intento fallido por el sueco, el Barça se lanza a por Villa, gran delantero pero de cualidades opuestas a Ibra. Tras un nuevo fiasco en la negociación con el Valencia –aquí hay que reconocer que el Cristo accionarial que hay montado en el club Che no facilitaba el asunto, pero el Madrid bien que pudo fichar a Albiol-, Laporta coge las riendas de la negociación y paga por Ibrahimovic un pastizal indecente, metiendo en el paquete a Eto’o, a Hleb (que no hizo ni puto caso y acabo yéndose al Stuttgart) y los calzoncillos que llevaba en el aeropuerto. Aplaudan, por favor. Tras esta jugada maestra, que bien podía haber firmado la portera de Nuñez, Txiki se lanzó a la caza de un centrocampista y de un central, que básicamente era o el ucraniano Chygrynskiy o el ucraniano Chygrynskiy.

Para el centro del campo se barajaban los nombres de Mascherano y Cesc. Dos jugadores maravillosos, sin duda, pero parecidos como un huevo y una castaña. El Barça hizo un poco bastante el ridículo cuando, ante la visita del Liverpool a Barcelona para disputar el encuentro inaugural del estadio de Cornellá, no mandó a nadie para negociar el traspaso mientras el Madrid sí lo hizo para acabar cerrando el fichaje de Xabi Alonso. Tras la salida del jugador vasco, parece imposible que Mascherano también abandone el equipo red. También parece imposible que el Barça pueda fichar a Cesc sin otro Eto’o que regalar. En Ucrania el secretario técnico cruzó ríos de fuego, se enfrentó a poderosos Titanes y vientos huracanados para, una vez más, salir escaldado. Ya no es que el multimillonario propietario del Shakhtar Donetsk dijera “tururú trompeta”a la oferta azulgrana, algo que se puede comprender, es que el señor Begiristain ni siquiera logró que el jugador moviera una uña para salir de un club en el que aspira a ganarlo todo… en la prestigiosísima liga ucraniana. Tras un nuevo y estrepitoso fracaso en el fichaje de un central, el Barça ha pasado a buscar un lateral izquierdo de perfil bajo con el que cubrir los partidos que Alves se pueda perder y contar con Puyol únicamente como central. La idea es no tener que jugar al encaje de bolillos con la defensa si tenemos al brasileño sancionado y un central –sólo uno- lesionado como pasó en la final de Roma, en la que Touré acabó jugando en el eje de la defensa. ¿Quién vendrá? Quién sabe, pero Belletti, héroe de París, acaba contrato al final de temporada y podría salir barato (esta última frase es fina ironía, aclaro). Con la búsqueda de un lateral derecho, la prioridad inicial –el extremo izquierdo- ha quedado totalmente olvidada. Me encanta que los planes salgan bien.

Como hay que ser justo en la vida, habría que reconocer que la secretaría técnica fue rápida, inteligente y hábil con el fichaje del lateral izquierdo, fichando a un jugador contrastado como Maxwell después de que Lendoiro se subiera a la parra, al pino y a la conífera gigante al pedir 20 kilos por Filipe Luis. Pero esta inteligente maniobra –la de Ibrahimovic fue parecida, pero teniendo en cuenta los duros que se tuvieron que soltar para traerlo no la hace muy inteligente que digamos, sin menospreciar la extraordinaria calidad del sueco– no puede tapar que el Barça ha ido saltando de descalabro en descalabro cada vez que se fijaba un objetivo.

Claro que, viendo la trayectoria del secretario técnico, esta retahíla de fiascos tampoco debe ser sorprendente. Él fue el encargado de traer al Camp Nou fenómenos como Ezquerro o Maxi López; Gudjohnsen o Albertini, estos con la complicidad de ‘Rizoparte’ Rijkaard. También Hleb ha ido cortesía de Begiristain, esta vez con el visto bueno del falible-aunque-no-lo-parezca Guardiola. No incluyo en la lista de chascos a Zambrotta y Thuram ya que eran dos jugadores a priori consagrados que no lograron encajar en un equipo en descomposición (aunque en el caso de Thuram no llegó a tiempo a ni un solo balón en las dos temporadas que vistió de azulgrana). Por Martín Cáceres se pagó un precio exageradísimo y sus dificultades a la hora de sacar el balón jugado hacen que difícilmente encaje en el sistema de juego culé –algo que Txiki tenía que haber pensado antes de soltar 20 millones por él- pero el uruguayo es un muy buen jugador.

Descontando a Piqué y Touré, todos los fichajes de Txiki han sido caros, como Alves o Henry; han dado un buen rendimiento pero no como se esperaba, como Abidal o Henry; y todos ellos eran fichajes evidentes y los hubiera llevado a cabo cualquier chimpancé con un fajo de billetes. Sería muy fácil dar los méritos de los éxitos de la época Rijkaard a los magníficos fichajes de Sandro Rossell y los del triplete a Guardiola. Rezar para que la Masía siga produciendo joyas como Iniesta, Xavi, Busquets, Pedro o Messi ¿Alguien se imagina qué hubiera pasado si Txiki hubiera tenido que fichar a un sustituto para Ronaldinho y Deco? Pero eso sería ventajista, simplista y probablemente tramposo, pero lo cierto que con Txiki Begiristain al frente de la secretaría técnica que el Barça haya ganado tres ligas y dos Champions en cinco años parece un milagro. Un jodido milagro.

Las luces y las sombras del (posible) fichaje de Ibrahimovic

Sí, Ibrahimovic es un jugador absolutamente espectacular, posiblemente el delantero centro más completo del mundo. Más que Eto’o y más que Villa. Un jugador de 1,92 pero con la habilidad, agilidad, técnica y movilidad propias de un jugador mucho más pequeño. El sueco es la elegancia personificada. Tras cuatro temporadas en Holanda y cinco en Italia se ha ganado sobradamente que le rebauticen como “Ibracadabra”. Su repertorio de goles sorprende por la variedad: de tacón, de espuela, de vaselina, en jugada individual, de volea, de fuera del área, de falta, de estar donde tiene que estar y de todos los colores. Sin embargo Zlatan, a pesar de ser uno de los mejores delanteros centros del mundo, no es un hombre de área. El todavía interista es un jugador que vive de mucho más que del gol. Es uno de esos jugadores que, además de jugar bien, hacen jugar bien a los que le rodean. No será un finalizador como son Eto’o y Villa, sino que es una fuente de creación de juego que, además, ha marcado la nada desestimable cifra de 80 goles en sus 156 partidos en una liga tan complicada como la italiana. Letal de cara a gol, efectivo de cabeza, gran tirador de faltas, dominador del juego de espaldas a portería y grandísimo pasador, es de los pocos jugadores que pueden mejorar la faceta ofensiva del Barça. Villa podía aportar al Barça algo muy parecido a lo que aportaba Eto’o, similar a lo que Henry o incluso Bojan pueden aportar jugando en el eje del ataque, pero Zlatan es un perfil de delantero diferente a lo que el Barça tenía hasta ahora. De concretarse el fichaje, ofrecería a Guardiola unas variantes tácticas que hasta ahora no tenía y que ya reclamó el verano pasado al pedir el fichaje de Adebayor, que acaba de firmar por el Manchester City (que a lo tonto tiene una de las delanteras más interesantes de la Premier, con el togolés, con el ‘apache’ Tévez y con Robinho).

Samuel Eto’o ha ofrecido goles a mansalva y un trabajo defensivo que difícilmente podrá igualar el sueco. Zlatan viene a ofrecer algo distinto. Seguramente no llegará a los 35 goles que el camerunés puede aportar en una buena temporada –la mejor cifra goleadora de Ibra ha sido 29 goles en esta última temporada, si bien es verdad que en España resulta mucho más fácil marcar que en Italia-, sin embargo es un jugador que podría lograr que Messi superase los casi 40 goles que ha marcado este año o que Henry alcance los 35 goles que podía alcanzar en etapa en el Arsenal. Comparado con Samuel, a Ibra le falta algo de gol (aspecto que en España podría igualarse) y actitud defensiva, pero gana en movilidad, inteligencia táctica y juego de espaldas. Además Ibra llega al Barça con la motivación de ganar la Champions y luchar por el Balón de Oro, dos premios de los que, hasta ahora, se ha quedado lejos.

Dicho esto, la cantidad de 45 millones más Eto’o y la cesión de Hleb (pagando el Barça la ficha) es una cantidad casi tan desorbitada como las pagadas por Kaka y Cristiano Ronaldo que el Presidentísimo Laporta calificó de imperialistas. Cierto es que el hecho que a Eto’o le quede un año de contrato hace que su tasación baje y no llegue a los 35 millones en los que algunos medios lo valoran, pero el Manchester City había ofrecido 25. Si este es el valor de Eto’o en el mercado, sumados a los 7,5 millones que cobra Hleb, la operación ascendería a la humilde cantidad de 77,5 millones de euros. El segundo fichaje más caro de la historia del fútbol después de CR9. Aunque se venderá la moto (una superbike en este caso) de que el sueco habría costado sólo 45 millones no es así. La ficha de Hleb también cuenta y el propio Eto’o tiene un valor, y mucho. Si no lo tiene, que no se vuelva a pagar nunca dinero por un jugador. ¡Al loro! 77,5 millones. Calderilla oye. Sólo espero que, si Ibrahimovic llega a presentarse como jugador azulgrana, Laporta no diga que se podrá recuperar la inversión con la venta de camisetas en sólo un año. La realidad más bien será que el Barça podrá costear la inversión con el ‘pelotazo culé’ repitiendo la jugada florentiniana que tanto se criticó en su día.

Además, en las últimas semanas la relación entre el camerunés y el club se había envenenado peligrosamente y se había evidenciado que después de todo lo que se habían dicho unos a otros, Samuel no podía volver a jugar con la camiseta del Barça, todo porque el club, en la persona de Txiqui Beguiristain (que viendo su trabajo, parece un milagro que el Barça haya ganado tres ligas y dos Champions) no supo gestionar el carácter de Eto’o y ha acabado por poner la política de fichajes del Barça en manos de un Eto’o que está enfadado con razón con la entidad azulgrana.

Y ese ha sido el gran fracaso de la dirección técnica. Antes de irse de vacaciones, Guardiola pidió tres cosas: 1) Ribéry. 2) Que Eto’o no siguiera en la plantilla y que fuera sustituido, por orden de preferencia, por Ibrahimovic, Villa, Benzema o Forlán. Y 3) que se ampliara la plantilla. Ribéry, para muchos la pieza clave que convertiría el Barça en un equipo difícilmente mejorable, parece que no llegará. Es algo que puede pasar, estos fichajes no siempre se pueden llegar a concretar aunque te llames Florentino Pérez. Pero es que a sólo un día del retorno al trabajo del equipo Eto’o sigue con contrato en el Barça y la plantilla es tan corta como la del año pasado, ya que el único fichaje, Maxwell, ha sido para cubrir la marcha de Sylvinho. No sólo eso, sino que Eto’o tiene en su mano que el que debería ser el gran fichaje culé se realice o no, y si hay un jugador capaz de decir que no al Inter sólo por el orgullo de que no sea el Barça quien decida su destino es Eto’o. Ya rechazó la millonaria oferta del City y no resultaría extraño que también rechazara la del Inter, por mucho que el los Nerazzurri puedan cumplir con sus aspiraciones económicas y futbolísticas, y más ahora que se rumorea que el Chelsea podría haberle hecho una oferta. Es inaceptable que un club como el Barça llegue a estar cogido por los huevos (perdón por la expresión, pero no hay ninguna otra en el lenguaje español que describa tan bien la situación) por un jugador, sea quien sea. Si se llega a hablar de dimisiones, no parecería exagerado, aunque tal y como se dirige el club sí sería sorprendente.

La ineptitud de Txiki para gestionar la salida de Eto’o podría hacer buena la exageradísima, inmoral que dirían algunos, cantidad pagada por Zlatan, ya que además de traer a la primera opción de Guardiola para la posición de ‘9’ y solucionaría el marrón en el que se ha convertido la salida de Eto’o, que por los servicios prestados en el campo (108 goles, tres Ligas, una Copa del Rey y dos Champions. Por 25 pesetas, jugadores del Barça que puedan decir lo mismo: ninguno) merecería salir por la puerta grande con un homenaje en el próximo Gamper, pero vista la situación y teniendo en cuenta que ni Ronaldinho ni Deco pudieron despedirse de la afición, se hace difícil de creer una quimera así.

Fútbolisticamente hablando, el fichaje de Ibrahimovic es, a priori, un gran movimiento por parte del Barça, sin embargo el coste desorbitado del fichaje y la situación Eto’o lo empañan. Es una pena que la extraordinaria plantilla y el excepcional entrenador que han logrado el triplete (sí, repitámoslo, que nadie se olvide. Triplete.TRI-PLE-TE. ) no se complete con una secretaría técnica eficaz que hiciera su trabajo cuando toca y bien, no tarde y a medias, que no se dejara atropellar por el más que previsible Huracán Florentino, y por un presidente discreto, que no se convirtiera en Mr Hyde cada vez que ve un micrófono para luego tener que comerse sus palabras.

¿Cagómetro? ¡Babómetro!

Ha pasado mucho tiempo y poca gente se acuerda de un gol de Rafa Márquez a la salida de un corner que inició la goleada por 6-1 al Atlético de Madrid. El Barça llegaba a aquel partido con ciertas dudas. Había perdido contra el Numancia, un recién ascendido y empatado con el Racing en casa en las dos primeras jornadas. Se empezó bien la Champions, 3-1 al Sporting de Lisboa, y ya se goleó por 1-6 al Sporting de Gijón, pero en aquel momento los asturianos parecían dispuestos a batir todos los records negativos de Primera División. Los siguientes partidos, Betis, Shakhtar y Espanyol se ganaron de milagro y no sin polémica en Donetsk y gracias a un grave error arbitral en Montjuïc (Villarato, dirían algunos). En esta situación el Barça recibía un Atlético que todavía creía aspirar al título. Era la gran prueba de fuego y la afición culé no las tenía todas consigo (tampoco es que sea muy complicado) después de dos años nefastos. Pero aquel gol del defensa azteca en el minuto 3 puso en marcha la máquina. La primera de varias goleadas que ha convertido a este equipo en el Barça más letal de todos los tiempos y que está a sólo 7 goles del record absoluto de tantos en la Liga. 5-0 al Almería, 4-0 al Valencia, 6-0 al Valladolid, 5-0 al Depor, 4-0 al Sevilla… hasta el histórico 2-6 al Real Madrid en el Santiago Bernabéu.

Desde que el Madrid perdiera en el Camp Nou el 13 de diciembre no había perdido ni un solo partido. Cierto que los de Juande no elaboran un juego brillante, pero hay que admirar la garra y el corazón con la que han logrado aguantar el tirón del mejor Barça de la historia, y hay que recordar que con sus números en cualquier otra temporada hubieran sido campeones y han llegado a reducir una distancia de 12 puntos a un solo punto, aunque sólo fuera virtualmente y por unos minutos. A esto hay que sumarle las lamentables campañas de los dos diarios de Madrid, el Canguelo de Marca y el Villarato de As, que tras la victoria merengue en Sevilla titulaba “Que pase el Barça” pues el Barça pasó. Del Canguelo poco hay que decir, es una expresión divertida, pero de dudosa seriedad y probadamente equivocada. Lo del Villarato es otra historia. Reducir la superioridad del Barça a las ayudas arbitrales es un insulto. Pero al final todo este circo mediático ha jugado en contra del equipo blanco, igual que en la primera vuelta tanto hablar de una manita azulgrana acabó jugando en contra de los de Guardiola.

A lo largo de los últimos meses la prensa madridista había creado una burbuja en la que el Madrid podía ganar la Liga, es más, iba a ganarla, incluso la Champions. A lo largo de toda la temporada As y Marca han intoxicado ocultando el gran juego del Barça tras conspiraciones arbitrales y afirmando que las victorias culés se debían poco más o menos a que el rival se dejaba ganar.

Pero al final la realidad se ha acabado imponiendo, y de la forma más cruel. El gol de Higuaín hizo que los merengues creyeran que el sueño de la liga era posible. Por un momento, la sombra del canguelo sobrevoló el barcelonismo. Pero el Barça de Guardiola ha demostrado que este equipo se puede cruzar los Nueve Círculos del Infierno y, con una sonrisa, salir vivo. Seis minutos después del argentino, Carles Puyol besaba el brazalete de capitán: el Barça ya iba por delante en el marcador, y lo mejor aún estaba por llegar. En el césped del Bernabéu se evidenció la distancia futbolística entre los dos equipos, una distancia que la clasificación no refleja. El Barça se divertía mientras los jugadores del Madrid corrían como pollos sin cabeza detrás del balón. No es una cuestión de jugar más o menos bonito. Es una cuestión de saber qué vas a hacer cuando saltas al campo. Puede salirte bien o mal, pero el Barça siempre ha sabido lo que tenía que hacer y lo ha llevado a cabo con más o menos acierto. Por otro lado el Madrid muchas veces parecía salir al campo pensando “yo salgo y ya veré como soluciono esto”. Esta “estrategia” de andar por casa le ha servido para ir ganando partidos en la Liga, pero a la que ha tenido un rival complicado lo ha pasado mal. Catástrofe ante el Liverpool, empate ante el Atlético (y gracias) y el hundimiento ante el Barça.

De los once jugadores titulares en Madrid, siete lo fueron también en el bochornoso 4-1 del año pasado. Otros tres jugadores -Samuel Eto’o, Rafa Márquez y Andrés Iniesta- han tenido un papel importantísimo en ambas temporadas. Y sin embargo los resultados son totalmente diferentes. Únicamente tres fichajes -Dani Alves, Seydou Keita y Gerard Piqué- y el canterano Sergio Busquets han tenido un peso más o menos importante en el equipo. Por lo tanto uno puede pensar que Guardiola es el artífice del cambio. Él decidió que Deco y Ronaldinho abandonaran el club. También quería deshacerse de Eto’o, fichar a Adebayor y contar con Henry como delantero centro y jugar con un extremo izquierdo que jamás llegó por obra y gracia de las cualidades del secretario técnico Txqui Beguiristain, pero Pep supo reconducir la situación. Pep ha sabido convertir un delantero obsesionado con el gol hasta la ofuscación en un jugador de equipo que casi se preocupa más por ayudar en el centro del campo que por marcar un gol. Pep ha recuperado a Henry, un jugador que con Rijkaard se quejaba continuamente por tener que jugar pegado a la banda izquierda y parecía acabado, pero que se ha erigido como decisivo esta temporada. Pep ha sabido dar galones en el equipo a jugadores como Iniesta o Xavi que habían permanecido a la sombra de Deco y Ronaldinho en la época de Rijkaard ‘Rizoparte’. Y qué decir de Messi. Guardiola ha sabido gestionar el físico del argentino, que con el holandés siempre sufrió lesiones musculares graves, y ha llegado al tramo final de la temporada sin sufrir prácticamente lesiones.

Y tengo que reconocerlo. Hace un año alguien me preguntó ¿Qué te parece Guardiola? Yo lo único que pude contestar fue, parafraseando al póster que Fox Mulder tenía en su despacho en Expediente X, “Quiero creer”. Y quería creer porque Guardiola es un gran tipo, fue un jugador enorme y su propuesta me gustaba, sin embargo pensaba que estaba verde, muy verde. Como el uranio, verde fosforito. Frente a la posibilidad de fichar a Mourinho, sentar en el banquillo del Camp Nou a un entrenador que venía de Tercera División parecía un suicidio. Después de las dos últimas lamentables temporadas con ‘Rizoparte’ muchos querían un entrenador que garantizase resultdos, y Pep, en principio, no parecía cumplir ese requisito.

Y pese a su falta de experiencia como entrenador en la élite ha formado un conjunto que puede pasar a la historia. Tras el 2-6 del Bernabeu, con la Liga en el bolsillo, este Barça que borda un fútbol como nadie en el mundo aun está en disposición de ganar la Copa del Rey y la Champions League. ¿Difícil? Por supuesto. Por algo sólo el Manchester ha logrado un triplete en las grandes ligas. Si fuera fácil no tendría tanta gracia. Luego puedes ganar o perder, cosas del balompié, pero si algo ha demostrado este equipo es que puede, y que mientras pueda se dejará la piel en el campo. Y así será el miércoles en Londres.