Una estrella en el pecho y amnesia en la cabeza

Hace sólo cuatro años, antes de la Eurocopa de Austria y Suiza, los españoles se dividían entre aquellos a los que se les hacía el culo gaseosa porque la selección lograra pasar de los malditos cuartos de final y aquellos que veían los partidos con palomitas para ver con qué nuevo azote se encontraba esta vez el combinado español. Conviene no olvidar que de esto hace sólo cuatro años. Hasta que Cesc metió el penalti que eliminó a Italia, España era un equipo perdedor. Sus imágenes más conocidas en grandes torneos eran Luis Enrique reclamando penalti con la nariz rota ante Sándor Puhl, Zubizarreta empujando un balón a su propia red ante Nigeria, el fallo de Cardeñosa, la cantada de Arconada, el penalti a las nubes de Raúl ante Francia… pocas de ellas de júbilo y alegria.

Y sin embargo, tras el partido ante Croacia, la edición digital de Marca lucía el titular “Sufrimos como nunca y ganamos como siempre”. España puede dar gracias a los dioses por tener en su plantilla jugadores no sólo futbolísticamente extraordinarios sino también personas con la cabeza sobre los hombros como Casillas, Iniesta, Xavi o Xabi Alonso, o el entorno patriotero de pandereta y fachicasposillo podría haber devorado una selección fabulosa. ¿Qué hubiera sido del equipo con este ambiente si en sus filas hubiera tendido ególatras como Balotelli, Eto’o o Cristiano Ronaldo?

España ganó la Eurocopa de 2008 de manera brillante, con una exhibiciones en las que se atropelló dos veces a Rusia, y actuaciones excepcionales ante Italia y Alemania pero con marcadores bastante más ajustadas. En la memoria, del Mundial queda el partidazo ante Alemania y el gol de Iniesta en la final, sin embargo parece que se ha olvidado que la selección de Del Bosque llegó a la semifinales a trancas y barrancas, jugándose el pase a octavos en el último partido y rozando el desastre ante Paraguay.

Y sin embargo en las horas previas al estreno de España en esta Eurocopa parecía que todo lo que no fuese descuartizar a Italia en el debut era un fracaso. Todo porque en el pecho de la camiseta española hay bordada una estrella, y olvidando que la azzurra hay ni más ni menos que cuatro. Pues resulta que se empató a uno y la nunguneada Italia dominó buena parte del encuentro.

Y como el fútbol es así de cachondo, 21 días después España vuelve a toparse con Italia en la final de Kiev. Como en el Mundial de Sudáfrica, la selección española ha llegado a la final sin excesiva lucidez, pero en este caso se suma a la ecuación el sesgado debate del falso nueve en el que se reduce el origen de los problemas de juego a la punta de ataque sin tener en cuenta que el doble pivote del centro del campo atasca alarmantemente la salida de balón. Además, se suma el preocupante estado físico de Xavi Hernández al que le está costando demasiado aparecer en los partidos de manera continuada. Italia ha llegado a la final de la manera que nos tiene acostumbrados. Llegó al torneo con un escándalo por amaño de partidos en su liga, en la fase de grupos bailó en el filo de la navaja tras empatar contra Croacia y luego ha crecido en las eliminatorias hasta llegar a eliminar sin paliativos a una Alemania a la que le empezaba a crecer un aura de imbatibles. Además, Prandelli le ha dado una nueva cara al equipo enviando al olvido el catenaccio y buscando el control del partido a partir de la posesión de balón.

España es un equipo que parece ir a menos, y sin embargo está a las puertas de lograr algo que nunca antes ha sido logrado (ganar Eurocopa, Mundial y Eurocopa de manera consecutiva). Italia ha ido a más, de ser un equipo con el que nadie contaba a mostrarse como un rival formidable. La Brunete mediática española tiene una vomitiva tendencia a sobreexagerar éxitos y derrotas basándose en elementos muy superficiales. Si gana España, no faltará quien diga que es la mejor selección de la historia como si el fútbol sólo existiese desde el gol de Torres en Viena. Si pierde, que la posesión de balón no vale para nada y que hay que chutar más, olvidando totalmente los formidables éxitos de este equipo y de esta forma de jugar en los últimos años. Posiblemente pedir memoria en el fútbol sea algo naif, pero si Casillas levanta la copa otra vez, será un gran momento para recordar, por ejemplo, la tanda de penaltis contra Bélgica en Mexico 86. Y si lo hace Buffon, el control de Iniesta ante Stekelemburg.

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En fútbol no hay hijos pródigos

En las últimas horas, últimas horas que se han prolongado tres años, se ha vendido el retorno de Cesc Fàbregas al Barça como el retorno de un hijo pródigo y a Wenger como un malvado señor oscuro con la malvadísima intención de encerrar al jugador en la torre más alta del Emirates para evitar que el jugador pudiera cumplir su sueño de triunfar en el Camp Nou.

Nadie puede negar que Cesc es un refuerzo extraordinario para el conjunto de Pep Guardiola. Dejando de lado las dudas que pueda generar las lesiones que le han asolado en las dos últimas temporadas, algo que puede ser circunstancial o no, el de Arenys es un centrocampista extraordinario que conoce perfectamente el Barça, su fútbol, su entorno y su vestuario. Aunque es un jugador distinto a Xavi, es posiblemente la apuesta más segura para sustituir al de Tarrasa cuando deje el fútbol. Más allá de que su fichaje no era una necesidad primordial (como puede ser un defensa rápido para corregir la posición cuando el rival gana la espalda de la defensa adelantada, el Barça sólo tiene a Puyol con este perfil y se ve obligado a recolocar a Abidal o Mascherano cuando el capitán no está), Cesc da profundidad a una plantilla algo corta y, junto a Thiago, multiplica las posibilidades tácticas. Aunque es difícil que Guardiola alinee a Xavi, Iniesta y Cesc juntos, en un 4-3-3 o que pase a jugar con tres defensas con un 3-4-3, su fichaje garantiza que en caso de incidencia siempre habrá un recambio de calidad para el centro del campo. Es un jugador de una calidad extraordinaria que vuelve a Barcelona muchísimo más completo de lo que se fue. Con sólo 24 años ha sido capitán de un equipo histórico como el Arsenal y está fogueado en una liga de gran exigencia como la Premier y en Champions, donde en 2006 fue titular en la final de París frente al Barça precisamente, por lo que los 40 millones que se pueden llegar a pagar por él si se cumplen los variables no parece una cifra excesiva.

Sin embargo, la narrativa que describe su fichaje como el retorno de un hijo pródigo resulta algo falaz. No hay por qué dudar del barcelonismo de Cesc Fàbregas, posiblemente cualquier persona hubiera hecho lo mismo que él en sus circunstancias, sin embargo no hay que olvidar que si el fichaje ha sido tan complicado ha sido en gran parte por sus acciones. En verano de 2009 el Barça ya se puso en contacto con él para comunicarle su interés, pero ante la negativa de los culés de acercarse a los 50 millones que demandaban los gunners el de Arenys optó por prolongar su contrato dos años más hasta 2014, lo que subía su cotización y ha dado fuerza a Wenger para retener a su estrella durante el pasado verano y buena parte de este. El técnico francés ha hecho lo que tenía que hacer, por lo que le pagan: defender los intereses del Arsenal. Obviamente, ningún equipo regala a sus jugadores estrella (a menos que seas el Barça, que en su historial tiene las ridículas salidas de Eto’o o Rivaldo) y menos después de siete años sin ganar ningún título y con duras críticas sobre el trabajo de Wenger en las últimas fechas. Se ha demonizado al francés por fichar a Cesc del Barça cuando era un juvenil, pero conviene recordar que esta es una práctica habitual, en mayor o menor medida, en todos los equipos grandes, azulgranas inclusive. El centrocampista se marchó del Barça por voluntad propia, y seguramente tomó la decisión correcta, ante la promesa de más oportunidades en un equipo de primer nivel (ha jugado 292 con el Arsenal, 59 de Champions, una cantidad de partidos impensable a estas alturas si se hubiera quedado en el Barça) y, también, más dinero. El padre de Cesc alegó un cambio de residencia a Londres para que su hijo pudiera salir del club sin tener que pagar ninguna compensación al club culé, algo que fue sólo una argucia ya que el chaval acabó viviendo con una familia inglesa junto a su compañero Phillippe Senderos. En los últimos días se venía diciendo que el jugador estaba sufriendo mucho por las complicaciones que surgían en su regreso a casa, sin recordar que tales dificultades eran en gran parte por sus acciones y que el malvado Wenger sólo hacía su trabajo.

Queda por ver como afecta todo esto a su recibimiento en la afición culé, siempre tan especial. Su marcha no sentó bien y su retorno ha sido largo, tedioso y caro (al contrario que otro jugador que se marchó, Piqué, que volvió por la módica cifra de 5 millones), y Cesc ya fue pitado el pasado marzo cuando visitó el Camp Nou para disputar los octavos de final de la Champions League. Todo esto lo único que hace es meter presión a un jugador, que por otro lado ha demostrado soportarla bien, que llega al Barça para ser el timonel de la próxima década. El tiempo ha demostrado que Cesc seguramente hizo lo correcto marchándose a Londres, donde ha crecido sin la sombra de centrocampistas de la talla de Xavi, Deco o Iniesta. Su fichaje es una gran noticia para el Barça, pero basta con un poco de memoria para pinchar la mística creada alrededor de su regreso.

Rectificación: En su presentación como jugador azulgrana Cesc Fàbregas ha desmentido haber renovado con el Arsenal en 2009 como he dicho en esta entrada.  Un error extendido ya que se había publicado en varios medios en las últimas fechas, tanto aquí como Inglaterra. Incluso un periodista de la BBC ha formulado su pregunta asumiendo que renovó en 2009 (“You signed for a five year contract and left after only two…”), al cual Cesc no ha corregido como sí a Joan Poquí de Mundo Deportivo. En todo caso no he encontrado ninguna referencia a tal renovación en las hemerotecas por lo que debo rectificar y disculparme. En todo caso, la idea de fondo no cambia demasiado ya que en 2006 firmó un contrato extraordinariamente largo hasta 2014. Un error ya que le ponía muy difícil poder salir del Arsenal si quería hacerlo en un momento dado, aunque evidentemente no es lo mismo que renovar cuando el club de tus amores se ha interesado por ti.

Cómo ser José Mourinho

Montaje de Karim Sabet

¡Qué inteligente que es! ¡Qué provocador! ¡Que bien se mueve en la rueda de prensa! ¡Cómo da una vuelta de tuerca a las cosas para hacérselas venir bien! ¡Qué maestro que es para atraer la presión hacia él y liberar a los jugadores! ¡Qué habilidad tiene para motivar a sus jugadores! ¡Mama, quiero ser como José Mourinho!

O no. Porque a mi se me caería la cara de vergüenza si mi equipo, en este caso el Porto, llegara a la de Champions League por un piscinazo de Deco ante Jorge Andrade que acabó con la expulsión del central del Deportivo -uno de los mejores centrales en aquel momento- por la que no pudo jugar la vuelta, partido que los de Mourinho ganaron 0-1 y de penalti. Antes, en octavos, el Porto de Mourinho eliminó al Manchester United -único grande que se cruzó en las eliminatorias- gracias a que el linier anuló un gol a Paul Scholes por un fuera de juego inexistente. La siguiente temporada, ya con el Chelsea, Mourinho eliminó al Barça porque Pierluigi Collina (el mismo árbitro que pitó el penalti de César Martín a Deco en las semifinales del año anterior) no vio una escandalosa falta de Ricardo Carvalho sobre Víctor Valdés en el área pequeña -¡donde el portero es intocable!- en el córner en el que Terry sentenció la eliminatoria. ¿Por qué? ¿Será que las mujeres prefieren su look Georgecloonesco antes que las trencitas cumbayás de Frank Rijkaard? Espero poder contestar eso algún día.

También se me caería la cara de vergüenza si mi equipo hubiera superado al Chelsea como lo hizo su Inter el año pasado, cuando el señor Fernández Borbalán se zampó dos penaltis, uno de Walter Samuel a Salomon Kalou y otro de Thiago Motta a Ivanovic. Para rematar el escándalo, en la vuelta el señor Wolfgang Stark decidió sufrir de ceguera súbita y transitora ante dos penaltis más: Motta volvió a tener barra libre para agarrar a Ivanovic y Walter Samuel le dio un cariñoso abrazo del oso a Didier Drogba. El pasillo arbitral al conjunto de Mourinho siguió en semifinales, donde se alinearon Olegario Benquerença, el Eyjafjalla y la UEFA. La negativa de la organización a aplazar el partido por la nube de ceniza proyectada por el volcán islandés obligaron al Barça a marcarse un siempre revitalizante viaje de 15 horas en autobús hasta Milán, recordemos que nueve de cada diez médicos recomiendan un largo viaje por carretera antes de jugar un partido de alto nivel. En Italia se encontraron con un árbitro portugués –amigo de Mourinho- que no quiso ver una falta de Thiago Motta a Messi en la jugada del segundo gol y un doble fuera de juego clarísimo en el tercero. Tampoco un penalti de Sneijder a Dani Alves. El asalto a su ‘segunda Champions limpia’ se completó en el Camp Nou donde el belga Frank De Bleeckere anuló un gol de Bojan–el segundo, que daba el pase a la final al Barça- por unas manos de Touré que todo el mundo vio que eran involuntarias.

Anda, tú. Pues lo mismo ser el puto amo no es tan complicado. Basta con borrar del mapa los argumentos en tu contra, minimizar los aspectos futbolísticos cuando interesa y ensalzar los fallos arbitrales adecuados dejando los no convenientes en el limbo. En el fondo tampoco importa si lo que dices es verdad. Como acabáis de ver, basta con un poco de prostituzione intellettuale.

La madre de todas las eliminatorias

Pocas eliminatorias de Champions League, de las que han sido y de las que serán, se presentan tan intensas como la semifinal entre el Barcelona y el Real Madrid. Porque aunque suene imposible es mucho más que un Madrid-Barça. Infinitamente más que las visiones reduccionistas que lo presentan como un Guardiola-Mourinho o como un Messi-Cristiano Ronaldo. En esta eliminatoria se cruzan el mejor Barça de la historia (para algunos el mejor equipo que ha existido) frente a un Real Madrid fabuloso construido para acabar con el ciclo culé. Los dos mejores equipos del mundo, liderados por los dos mejores entrenadores del mundo, con los dos jugadores más desequilibrantes del mundo. Por si fuera poco, la semifinal es el tercer acto de un tríptico de encuentros entre Liga, Copa y Champions.

Ambos equipos tienen argumentos para afrontar el partido con optimismo. El Barça tiene su fútbol, el Madrid el momento psicológico. En la final de Copa el Real Madrid demostró que puede imponer su fútbol al del Barça, sacar a los culés del encuentro y buscar la yugular –y de paso algún tobillo- de su rival. Mourinho sacó de la chistera un planteamiento que sorprendió a los azulgranas, que parece esperaban a un Madrid atrincherado como en el encuentro de Liga. Con la circulación de balón ahogada por un “trivote” adelantadísimo, los de Guardiola fueron un flan arrollado por el Real Madrid. Únicamente Pinto, el palo y la Virgen del Rocío evitaron que la final estuviera sentenciada al descanso.

Pero el fútbol tiene esas cosas extrañas. Empezó la segunda parte y resultó que alguien le había dado al interruptor. Cruyff decía que si te hacen faltas es porque tú no mueves el balón suficientemente rápido, y el partido quiso darle la razón. Xavi, Iniesta, Messi y Busquets aceleraron el esférico y el planteamiento sabueso del Real Madrid se diluyó. Demostrado que el Barça tiene armas para desligarse los nudos que pueda tejer Mourinho, la segunda parte recordó ligeramente al 5-0 y únicamente Casillas, el palo, un palmo de fuera de juego y la Virgen de Lourdes evitaron que el Barça levantara la Copa del Rey.

Con ambos equipos desfondados, la moneda de la prórroga cayó del lado blanco con una fantástica jugada de Di María que remachó Cristiano Ronaldo para que los blancos se llevaran el primer título del año, tan merecido como lo hubiera sido que se la copa la hubiera levantado Puyol.

El Madrid tiene la tranquilidad de tener ya un título en sus vitrinas, y el Barça sabe que si no hace el tonto tiene muy bien encaminado la Liga –que es más importante que la Copa-. El desenlace de la eliminatoria marcará también el “ganador” del año, especialmente si uno de los dos acaba llevándose la Champions. Uno triunfará y el otro fracasará. Más allá del valor sentimental (que sí, importante) y del ruido mediático (que no tan importante), la valoración futbolística de cada temporada no debería depender de estos dos partidos sino de un análisis más frío, como si la eliminatoria de Champions hubiera sido contra el Manchester y la final de Copa contra el Valencia. El Real Madrid ha logrado una puntuación en Liga que en otras temporadas le hubiera hecho campeón, y el Barça ha perdido la Copa en la prórroga de la final. Pase lo que pase en Europa ambos conjuntos habrán hecho una temporada sensacional y habrán demostrado han trabajado en el camino correcto más allá de actitudes fuera de los terrenos de juego. El fútbol es un juego y perder forma parte de ello, pero si compites al nivel que han competido Barça y Madrid poco se puede reprochar.

Algunos goles llevan a Roma

Artículo originalmente escrito para FCBwiki.com

No era el día. Era la hora desesperada. El reloj lloraba hacia el final de los cuatro minutos de prolongación. El barcelonismo ya se resignaba a una temporada magnífica pero sin el premio más deseado. La goleada endosada al Real Madrid en su estadio cuatro días antes no era ya tan dulce, incluso el Athletic de Bilbao parecía un rival durísimo para la final de Copa del Rey que se tenía que disputar una semana después. En ese momento Iniesta recuperó el esférico cerca del área culé y trató de salir de la cueva, pero Lampard cortó su progresión tirándose al suelo. El balón rechazado le cayó a Keita, jugando de improvisado lateral izquierdo tras la expulsión de Abidal. El malí la cedió a Piqué y Piqué a Xavi, que abrió el juego a la banda derecha a un Dani Alves que no había dado un buen centro en todo el partido.

Las cosas no empezaron bien ya en el partido de ida. El 28 de abril en el Camp Nou los azulgrana fueron incapaces de superar al Chelsea. Con una línea defensiva adelantada, con Obi Mikel tapando a Xavi, Ballack sobre Iniesta y con Bosingwa encargado de frenar a Messi, los de Hiddink consiguieron tornar el grácil juego habitual del club catalán en una danza incómoda y pringosa, aunque aquel día el criticadísimo Petr Cech volvió a recordar al porterazo que era antes de fracturarse el cráneo y Wolfgang Stark optó por no señalar un agarrón de Bosingwa a Henry dentro del área en el minuto 73 de partido. Ante un Barça descafeinado Drogba y Malouda causaban muchos problemas a la defensa local. El marfileño dispuso de la ocasión más clara del partido en el minuto 38 tras aprovechar un gravísimo error de Rafa Márquez, pero Víctor Valdés detuvo el cañonazo inicial y el sutil toque con el que Drogba trató de superarle después, levantándose rápidamente para taponar el segundo remate. No había sido el mejor partido culé y el 0-0 tampoco parecía el mejor resultado para visitar Stamford Bridge.

Era el 6 de mayo de 2009 cuando el sueño del triplete se rompía, apenas unos días después de vapulear al Real Madrid en un partido histórico. Pasaban dos minutos del descuento y el Barça todavía no había chutado ni una sola vez a puerta. Alves corrió la banda y soltó un centro como había soltado muchos a lo largo del encuentro, pero esta vez hubo algo diferente: el centro era bueno. Terry despejó en primera instancia y el balón le cayó a Eto’o, de espaldas a la portería y escorado a la izquierda del área.

El Barça no llegaba en condiciones ideales a la vuelta de aquellas semifinales, todavía colocado por lo vivido frente al Real Madrid y con bajas notables: Márquez había caído lesionado en el partido de ida y Henry en el clásico. Además, el gran capitán Puyol estaba sancionado. Ante las circunstancias, Guardiola se vio obligado a reorganizar al equipo con Yaya Touré de central, Keita de volante junto a Xavi e Iniesta de extremo izquierdo. Los culés iniciaron el partido controlando el balón y moviéndolo con más fluidez que en el Camp Nou, sin embargo el golazo de Essien, que envió el balón a la escuadra con una volea casi zidaniana, rompió al conjunto catalán. Ante un rival descolocado, los bluespudieron haber sentenciado antes del descanso. El árbitro, Tom Henning Ovrebo, no pitó un penalti de Abidal a Drogba y señaló fuera del área una falta de Alves a Malouda que también podía haber pitado dentro. Además Drogba se encontró dos veces más con un enorme Valdés que fue el gran héroe olvidado de esa eliminatoria. Sin sus paradas todo lo que estaba por venir no hubiera valido para nada.

El descanso trajo serenidad a los azulgrana, que movieron el balón con más criterio que en la primera parte pero con idéntico resultado: chocaban continuamente con una muralla azul. Si la remontada parecía difícil, más lo era tras la injusta roja directa a Eric Abidal. Además los ingleses reclamaron dos penaltis más de Touré, uno sobre Drogba y otro sobre Anelka, que no eran, como tampoco unas manos involuntarias de Piqué dentro del área. El Barça lo intentaba pero el Chelsea tapaba cada espacio con maestría una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez.

Eto’o trató de controlar la pelota, pero se le escapó. Essien falló estrepitosamente al intentar achicar y lo que despejó fue el aire. El balón llegó a Messi cerca de la esquina izquierda del área, se giró y parecía que buscaba posición de disparo. Hasta tres jugadores del Chelsea –Essien, Alex y Bosingwa-  salieron a taparle, pero el argentino fue inteligente, no se precipito y en vez de chutar por donde no había hueco cedió la pelota hacia la frontal del área donde, totalmente solo, esperaba esa criatura con estrella nacida en Fuentealbilla. Entonces, explosión.

El sueño que se resquebrajaba volvió a tener forma. Iniesta se transformó en Bakero, vistiendo Londres de Kaiserslautern y devolvió la vida a un muerto. Se pueden marcar goles más importantes pero no más épicos. Todo volvía a tener sentido, incluso la final de Copa del Rey frente al Bilbao parecía un reto fácilmente superable. Roma estaba ahí, esperaba el Manchester United de Cristiano Ronaldo, vigente campeón, pero en aquel momento todo parecía fácil para un Barça que había demostrado que podía atravesar los siete infiernos y salir vivo con una sonrisa.

En aquellos 365 días el Barça de Guardiola superó sus grandes mitos: En el Bernabéu, Gerard Pique ‘mató’ el 0-5 del Barça de Cruyff mientras mostraba la zamarra azulgrana al público tras marcar el sexto gol; Eto’o y Messi mejoraron con sus goles las finales agónicas de Londres y París con una victoria incontestable ante un gigante europeo; la aparición de un tal Pedro Rodríguez hizo posible el nacimiento del Barça de las Seis Copas, sobrepasando al equipo liderado por el mítico László Kubala que en la década de los cincuenta logró cinco. Pero por encima de todas las imágenes que generó el 2009, y especialmente el mágico mes de mayo en que se ganaron Copa, Liga y Champions, una simbolizará su éxito por encima de las demás. Una estampa extraña para un equipo cerebral y armónico acostumbrado a dominar claramente los partidos, una fotografía llena de rabia y fustración liberada tomada en uno de los pocos encuentros del año –tal vez el único- en el mejor equipo del mundo no mereció salir vencedor, aunque sí mereció ganarlo todo: la imagen de Iniesta corriendo hacia el córner de Stamford Bridge mientras se quitaba la camiseta amarilla celebrando con locura su gol. Al final, aquél sí fue el día.

El Barça mató el vodevil

Este artículo fue escrito originalmente para el blog de FCBWiki

El Barça no guarda buen recuerdo de las últimas excursiones improvisadas en autobús. La última acabó por ahogar a los jugadores azulgranas pasada apenas media hora de partido frente al Inter de Milán precipitando una catástrofe que acabó con sus huesos fuera de la Champions, por lo tanto es lógico que Guardiola tratara de evitar un viaje de cuatro o cinco horas por tren o carretera el mismo día de partido. También es admirable la confianza que deposita en el míster la estructura del club, sin embargo esta vez lo ha llevado al borde del abismo ya que a punto ha estado de costar seis puntos al equipo, los tres del encuentro y otros tres a modo de sanción.

El de Sampedor tiene la costumbre de desplazar al equipo el mismo día de partido y morirá con esta idea, sin embargo le ha faltado cintura tras el terremoto causado por la lamentable y salvaje acción de los controladores aéreos que han pretendido paralizar un país para dar bombo a sus reclamaciones. España es España y por muchos Mundiales o Eurocopas que gane, por muchos Nadals o Alonsos que salgan, sigue siendo España, es decir un país de sol y panderetas. Aun tomando como cierta la versión del club, que afirma que AENA le aseguró que a lo largo de la mañana del sábado se abriría el espacio aéreo… ¿quién en su sano juicio cree algo que le dice alguien desde la empresa gestora de los aeropuertos? Cualquier guía de ‘supervivencia en España’ dice que no tienes que creer jamás nada de lo que te dicen desde AENA, Iberia o Telefónica, y mucho menos darles de comer después de las 12. ¿Alguien más ha creído que el pollo aeronáutico de dimensiones cósmicas que se organizó en España el viernes podía solucionarse en menos de 24 horas? No. Atlético de Madrid y Valencia , por poner un ejemplo, ya viajaron por carretera el viernes y el Sporting lo hizo el sábado hasta Barcelona. Si bien es cierto que todos estos equipos tenían previsto viajar un día antes de sus encuentros, mientras el Barça se entretenía preguntando ellos tomaban decisiones y han llegado a tiempo para jugar sus partidos sin autobuses con óxido nitroso ni shows esperpénticos como el protagonizado por el, para muchos, mejor equipo del mundo. Aunque a veces no lo parezca, en el organigrama culé hay gente que está por encima de Josep Guardiola. Personas, como por ejemplo el director general del club Antoni Rossich, cuyo trabajo es analizar las circunstancias y tomar las decisiones más adecuadas. En este caso, lo acertado era haber salido de Barcelona en tren o en autocar por la mañana. Todos los clubs de primera se han dado cuenta a tiempo que no habría aviones, menos el Barça. Para lo bueno y para lo malo més que un club.

Por si el Barça no había sido ya atropellado por los amables controladores, la Real Federación Española de Fútbol decidió colaborar en la opereta con un papel estelar, que estos no se pierden una. Jorge Pérez, el Secretario General, confirmó a Rac1 que la idea de aplazar el partido al domingo surgió de ellos, incluso aseguró que el Barça no estaba de acuerdo con esa fecha por el partido (intrascendente, por cierto) de Champions League que tiene que disputar el martes contra el Rubin Kazán. El Barça ha pecado de inocente, no se ha puesto en contacto con Osasuna para confirmar la suspensión del encuentro y ha dado por buena una simple conversación telefónica con alguien que en realidad no tenía potestad para tomar esa decisión. Los jugadores vuelven a sus casas y empiezan a sonar los tambores de guerra mediáticos, se monta un nuevo sarao que ni los controladores aéreos y Mourinho juntos. El club rojillo se  niega a cambiar el día del partido y la RFEF da marcha atrás. El partido se juega. Todos a correr. A Pamplona con una estrategia de una sola parada y por poco no nos dejamos a Pedrito en la estación. Reventamos todos los radares desde Zaragoza a la capital navarra y llegamos justo a tiempo para dar munición a todos los que afirman que el partido se debía dar por perdido al Barça. Y es que, reglamento en mano, así es.

Este sainete que habrían firmado Berlanga y Azcona era el escenario ideal para un nuevo exitazo del gabinete de incomunicación del club. Ante la lluvia de palos el club no dio señales de vida hasta casi las siete de la tarde, a través de un pírrico comunicado de prensa en el que se ponía en marcha el ventilador y se repartían las culpas a AENA y a la RFEF, que conspiraron cual judíos y masones para engañar al Barça. Nadie salió a dar una explicación. Sandro Rosell, en su búnker; Bartomeu, desaparecido; Zubizarreta, echó balones fuera. Sólo Guardiola, para variar, dio la cara. El tótem se puso una vez más a cargo de la política de comunicación del club. A la defensiva primero y a la ofensiva después, con un tono y unos argumentos discutibles pero con una retórica perfecta, desmintió las informaciones de Indas y Relaños que apuntaban a que el malvado Pep había presionado a la Federación. Eso sí, todo culpa de los demás.

Pero ya es tarde y la imagen del equipo de señoritos pijos que no quieren coger un tren o un autobús ya está dada. Deberían pedirse responsabilidades por el rocambolesco ridículo y por el riesgo corrido ¿y si el Barça no hubiera llegado a tiempo y en mayo pierde la Liga por dos puntos? Pero no se pueden esperar más explicaciones por parte de una junta directiva que se pasa de tibia, tal vez por compensar el exceso de locuacidad de la anterior. Superados los calzoncillos de Laporta y su loro, Rosell ha protagonizado la primera charlotada de su mandato. Visto lo visto, para salvar la imagen del club habrá que aferrarse al fútbol, a ese equipo que siempre da la cara hasta el último minuto gane o pierda, con controladores aéreos o volcanes islandeses de nombre irreproducible. Guardiola no durará mucho más pero su Barça será eterno, y eso quedará por encima del vodevil de quienes dirigen el club.

Mourinho cogió su fusil

Lo consiguió. Que a nadie le quepa la menor duda de que José Mourinho llevaba esperando esto desde el minuto cero en que aterrizó en Madrid. Provocando poco a poco, como una gota malaya, esperaba con ansia que alguien cayera en su trampa, explotara y provocara un efecto dominó. Manolo Preciado abrió el fuego respondiendo a las declaraciones del portugués, y Pochettino, Garrido y otros entrenadores de primera se han posicionado a favor del entrenador sportingista. Otros como Camacho y Michel no se han mojado y Guardiola no ha querido hablar al respecto, pero todavía se espera a que alguien se alinee con el luso, que tiene exactamente el escenario que quería.

No hay otro entrenador en el mundo que domine la sala de prensa como el entrenador merengue, ni siquiera Guardiola. A lo largo de su trayectoria ha sabido usarla para enrarecer el clima de las competiciones para imprimirles un ambiente adrenalínico en el que sabe motivar como nadie a sus jugadores. Ya lo hizo en Inglaterra y en Italia, donde sostuvo intensos tiroteos con Ferguson, Wenger, BenitezRanieri o Spalletti, incluso fue multado en Italia varias veces. Mourinho crea una atmósfera en la que el universo y todos sus elementos están contra él y su plantilla y la usa para azuzar a sus jugadores.

El fin justifica los medios. Hay que ganar aunque para ello se tenga que recurrir a las estrategias más sucias y antideportivas -canallas, que dirían algunos- como calentar un partido a extremos peligrosos. La necesidad de títulos del Real Madrid llega a tales límites que aceptan que un entrenador recién llegado al club dinamite el archifamoso ‘señorío’ cada vez que le ponen delante un micrófono. Mourinho siempre ha entrenado en con urgencias por ganar y ha sacado provecho de la carta blanca recibida. El Porto llevaba cinco años sin ganar una Liga, el Chelsea llevaba 50, el Inter  no ganaba una Champions desde 1965 y llega al Madrid tras seis temporadas sin pasar de octavos en Europa y tras haber gastado cerca de 300 millones en fichajes con la resaca del triplete culé. Queda por ver cómo se las arreglaría el portugués en un club en el que no le permitieran este juego, pero de momento parece que está empezando a salirse con la suya en la Liga española. Para su desgracia, por ahora el que no parece caer en su trampa es precisamente su máximo rival, Pep Guardiola. El de Sampedor ha evitado sabiamente responder a las provocaciones de un Mourinho que espera con ansia que le de los buenos días para montar un incendio. El entrenador culé es una persona de sangre caliente  –por algo es el jugador que más veces ha sido expulsado de la historia del Barça-, pero también es tremendamente inteligente y parece que es el único que no tiene intención de entrar al trapo. Y no debe, porque en el duelo dialéctico Mourinho es imbatible, sin embargo en el terreno de juego el Barça tiene los recursos suficientes para silenciar, a golpe de violín, los cañonazos del portugués.

Por la ventana y en toda la boca

Tras la sesión clasificatoria del GP de Abu Dhabi parecía claro que Fernando Alonso se proclamaría tricampeón del mundo. Por delante de Webber, su gran rival, y en una posición que le permitiría controlar a Vettel sin demasiados problemas. Sin embargo al asturiano todo le ha salido al revés. Ferrari ha optado por copiar la estrategia de Webber y se ha olvidado de que Vettel también optaba al Mundial, ha salido de boxes retrasadísimo y luego ha sido incapaz de poder adelantar a Vitali Petrov en las 39 vueltas que se ha pasado tras la estela del Renault, ni de lejos el coche más competitivo de la parrilla. En el momento más decisivo, la ‘magia’ que se le presupone Alonso no ha llegado ni a treta de un prestidigitador de feria barata. Frustrado, incapaz de remediar en pista el error garrafal de Stefano Domenicali y Andrea Stella (que a nadie le extrañe ver rodar algunas cabezas los próximos días), Alonso ha visto como volaba por la ventana un campeonato que ayer parecía tener en el bolsillo.

Con todo, pese a la triste imagen final, Alonso y Ferrari han mostrado un gran nivel este año. Conviene recordar que Schumacher en su primer año en Ferrari fue tercero a 38 puntos de Damon Hill (puntuaban los seis primeros y el ganador de cada GP sumaba 10 puntos) y no luchó por el Campeonato hasta la última carrera como el español. Además, con un coche inferior al Red Bull, ha ido de menos a más y tras un inicio irregular ha firmado una segunda parte de campaña tremendamente espectacular.

Mención aparte merecen Sebastian Vettel, Christian Horner y el equipo Red Bull en general. Ya el año pasado parecían los únicos capaces de hacer algo de sombra a los sorprendentes Brawn, y este año tenían sin duda el mejor coche y sus pilotos en gran forma. Tras un inicio dubitativo de Webber y en la que fallos mecánicos privaron a Vettel de ganar las dos primeras victorias del campeonato, su fortaleza ha hecho que fueran la única escudería con sus dos pilotos con opciones de ganar el Mundial en la última carrera. La tormenta de criticas por no decantarse por Webber, mejor posicionado hasta el último momento, ha sido algo nunca visto. Sin embargo los hechos han dado en toda la boca a los que creían (creíamos) saber mejor que Horner cual era la estrategia más conveniente para su equipo. Con la colaboración de Ferrari –Alonso incluído- se han salido con la suya y Sebastian Vettel, niño mimado del equipo, es hoy el Campeón del Mundo más joven de la historia. Como Kimi Räikkönen en en 2007, llegó a Abu Dhabi a la expectativa y se lleva a casa un sueño que el viernes rozaba lo imposible. A pesar de algunos errores graves, como cuando arrolló a su compañero de equipo en Estambul, y una cierta irregularidad a mitad de campeonato, ha sabido resurgir en el tramo final, ganando tres de las últimas cuatro carreras. Y si no fuera por aquellos malditos frenos de las dos primeras carreras, Vettel hubiera sido campeón en Brasil.

El gran fracaso de Pep Guardiola

Las palabras de Zlatan Ibrahimovic  tras el Trofeo Joan Gamper acusando a Guardiola de no haber hablado con él más de dos veces en los últimos nueve meses es el punto de no retorno. La una salida que queda es la marcha del sueco del Camp Nou, y más si cabe después del comunicado del club amenazando con romper el contrato con la empresa de Mino Raiola por sus, digamos, poco cariñosas palabras hacia Guardiola.

‘Ibracadabra’ llegó al Camp Nou hace un año, después de que el entrenador culé decidiera prescindir de Samuel Eto’o. Durante unas semanas Villa parecía ser la primera opción para ocupar la punta de ataque del Barça, pero las dificultades a la hora de buscarle una salida al camerunés precipitaron la llegada de Ibrahimovic en un pseudo-cambio de cromos.  La junta presidida por Laporta pagó al Inter 49,5 millones de euros y Samuel Eto’o (valorado en 20 millones) por el delantero sueco. En realidad la operación no es otra cosa que una carta de libertad encubierta a un Eto’o que, dolido, no quería facilitar su salida. La rapidez con la que se ejecutó la contratación de David Villa a principios de este verano demuestran dos cosas: primero, lo cerca que estaban las posiciones de Barça y Valencia el año pasado y, segundo, que el asturiano era la pieza que quería Guardiola. Visto esto, y a toro pasado, quizá hubiera sido mejor dar la carta de libertad a Eto’o y haber traído a Villa en ese momento.

Pero llegó Zlatan. No cabe la menor duda de que es un fenómeno, muchos vimos con buenos ojos la operación (desde el punto de vista deportivo, no económico) incluso pensábamos hasta hace poco que el sueco debía quedarse este año. Y aterrizó con el visto bueno de Guardiola, al que le gustan los delanteros altos –basta con recordar que ya en su primer año quiso fichar a Adebayor o a Drogba-. Ya desde el primer partido, la Supercopa de Europa frente al Shakhtar, se vio que no acababa de encajar con Messi, aunque sus primeros partidos de Liga en los que marcaba goles como churros apuntaban a que su adaptación sería rápida… hasta que la pelotita dejó de entrar. Entonces todo se hizo demasiado evidente. No es que Ibrahimovic hiciera una mala temporada, sus números son buenos, su papel en el Mundial de Clubs descargando balones fue vital y marcó el gol frente al Madrid en el Camp Nou que acabó por valer tres cuartos de Liga. Pero Messi y el equipo jugaban mucho mejor sin él, y cuando Guardiola lo apartó de la titularidad para dársela a Bojan en las últimas jornadas de Liga el equipo hizo un sprint final espectacular cuando parecía que el Barça estaba más justo de fuerzas.

La actual situación de Ibra es un fracaso del propio jugador, del Barça y de Pep ‘falible-aunque-no-lo-parezca’ Guardiola. Es un fracaso del propio Zlatan porque llegó como un supercrack mundial, que lo es, pero no supo encajar en el campo y en el vestuario como se supone de alguien de su categoría, y lo peor es que en sus peores momentos que parecía que le daba todo igual. Además, declaraciones como las del Gamper son una extraordinaria muestra de falta de profesionalidad, los trapos sucios del vestuario se limpian en el vestuario. Es un fracaso del club por las astronómicas cifras de su fichaje, muy lejos de la cantidad por la que se puede vender. 49,5 millones de euros más otros 20 millones en los que se tasó Eto’o, un total de 69,5 millones que lo convierten en el fichaje más caro de la historia del Barça. Los 40 millones que podría pagar el Milan pueden maquillar un poco el desastre histórico. Las cinco temporadas por las que firmó significan que cada temporada se amortizan de su fichaje 13,9 millones de euros, por lo que que ahora quedarían por amortizar 55,6. Si el Milan acaba pagando esos 40 millones, contablemente el Barça “sólo” perdería 15,6 y se libraría de pagar los 12 milloncetes anuales que cobra Zlatan. Visto el panorama, si Rosell habrá sacado petróleo de una patata ardiente que le ha caído en las manos. Sin embargo a toda esta ensalada de números hay que sumarle los 40 millones pagados por David Villa. ¿Si hubiera funcionado Ibra hubiera llegado el asturiano? Puede que sí o puede que no, pero seguro que hubiera salido más económico haber pagado un poco más al Valencia y dejar ir libre a Eto’o que toda la operación Ibra, desastrosa económicamente.

Y también es un fracaso de Guardiola, que es un extraordinario entrenador pero de momento no ha sido capaz de lidiar con los jugadores conflictivos de su plantilla, y eso ha hecho salir del equipo a Eto’o y posiblemente a Ibrahimovic. Es su fracaso, en primer lugar, porque fue él quien quiso deshacerse de Samuel Eto’o. Es cierto que el camerunés había mostrado en alguna ocasión alguna actitud inaceptable, como cuando se negó a salir en los últimos minutos frente al Racing y en la posterior rajada de Vilafranca en 2007, sin embargo su rendimiento en el campo es absolutamente intachable y –que se sepa- su comportamiento el año bajo las órdenes de Guardiola fue perfecto. Pero el de Sampedor quiso deshacerse de él y eso precipitó la operación económicamente inaceptable antes descrita. La forma de ser de Zlatan la sabíamos todos, ya había dado muestras de ello en el Inter encarándose a su propia afición, y aún así se le fichó. Desde un punto de vista deportivo, Guardiola no ha sabido encajar al sueco en el sistema de juego, no ha encontrado la manera para sacar el máximo rendimiento a Zlatan, ni a Messi cuando jugaba con él. Hasta el punto que en los momentos decisivos prescindió del sueco. Y no sólo en el tramo final de Liga, sino también en los últimos minutos del partido contra el Inter cuando el Barça necesitaba con urgencia un gol y lo sustituyó por Bojan en el minuto 62. No ha sido capaz de evitar que el sueco se desconectase, no ha sido capaz de motivarlo para que recuperara su mejor nivel y de que luchara por recuperar la titularidad y no ha sido capaz de evitar que el sueco acabara explotando ante la prensa a pesar de saber bien cómo es y habiendo aceptado su fichaje a pesar de ello para librarse de Eto’o. No estuvo muy acertado cuando se negó a hablar de Ibrahimovic pudiendo haber tirado de tópico y decir que era uno más de la plantilla y que se contaba con él, y al final Zlatan acabó rompiendo las reglas criticando duramente a Guardiola de forma pública. Tras este último episodio el jugador tiene que salir del Barça sí o sí, pero el entrenador también tiene que dar explicaciones de porqué no hablaba con Ibra. Guardiola no negó esta situación y su “siempre hay una razón” no es suficiente. Su decisión de prescindir de Eto’o ha costado al Barça 109,5 millones de euros entre los fichajes de Zlatan y de Villa (menos lo que pueda pagar finalmente el Milan por el sueco). Con la resaca del triplete, ya se aceptó el ‘feeling’ como razón para prescindir de Eto’o sin preguntar todo lo que se debía haber preguntado. Pero esta vez se debería explicar al soci porqué el fichaje más caro de la historia del Barça sale en globo tras sólo un año en el club, y además lo hace disparando con bala contra Guardiola.

El día que Hakkinen arrancó las pegatinas a Schumacher (y a Zonta)

Era el 27 de agosto de 2000. Faltaban sólo cinco vueltas para el final de la carrera en el circuito belga de Spa-Francorchamps. El vigente campeón, Mika Hakkinen era segundo tras la estela de Michael Schumacher, y sabía que si quería ganar la carrera tenía que aprovechar la larga recta Kemmel, donde la potencia de su McLaren era muy superior a la del Ferrari, mientras que el alemán era superior en la zona virada del circuito.

Los dos bicampeones (Schumacher estaba a punto de ganar su tercer título, el primero de los cinco que lograría con Ferrari) iniciaron la vuelta 39 casi enganchados. Frenaron casi en seco para tomar la tortuosa curva de La Source, y aceleraron para subir la mítica curva del Eau Rogue, salieron del Radillon y enfilaron la larguísima recta donde se alcanzan los 340 km/h. Ahí lanzó el finés su primer ataque, intentándose colar por el interior justo antes de llegar a la chicane de Les Combes, pero el Kaiser le cerró el hueco. Al primer intento, error. Pero todavía había tiempo.

La vuelta 44 comenzó igual que las anteriores, con Hakkinen inmediatamente detrás de Schumacher que defendía su posición como podía. Sin embargo, esta vez había una diferencia: unos metros por delante del Ferrari número tres estaba, con una vuelta perdida, el brasileño Ricardo Zonta. A la salida del Radillon, Hakkinen se colocó a rebufo de Schumacher. Justo antes de llegar a Les Combes, el alemán se abrió a la izquierda para doblar a Zonta, instante que el finlandés aprovechó para colarse por la derecha. El brasileño sólo pudo estarse quieto mientras veía como dos aviones arrancaban las pegatinas de su BAR-Honda, uno rojo por la izquierda y uno plateado por la derecha. Una vez superado el piloto doblado, Hakkinen tenía unos metros de ventaja. Schumacher intentó meterle el morro, pero el de McLaren no se amilanó y defendió su posición con la misma fiereza con la que el alemán había defendido su liderato las vueltas anteriores, obligando al Kaiser, sorprendido como nunca por una maniobra que más tarde reconocería que jamás imaginó, a abrirse a la derecha y entrar en la chicane de Les Combes demasiado abierto, lo que le hizo perder toda opción de alcanzar de nuevo el liderato.

El podio lo decía todo. Schumacher con cara larga tras haber perdido una victoria que había tenido en su mano hasta casi el final de la carrera. Hakkinen exultante. “Tuve que optar por el plan B y adelantar al doblado al mismo tiempo que Michael” declaró el bicampeón finlandés tras la carrera. “Fue una gran maniobra y me encantó”.