El conspirador conspirado

FC Barcelona Press Conference

En el Camp Nou se han visto de todos los colores, incluso de algunos en teoría imperceptibles al ojo humano, pero lo vivido esta semana probablemente supere todo lo vivido en los últimos años, o como mínimo iría directo a un podio. Lejísimos queda ya el mal partido de los de Martino contra el Levante y de eso no hace ni seis días. El locurón empezó cuando la noche del domingo se publicaba la primera edición de El Mundo en el que Eduardo Inda, enfant terrible del periodismo deportivo reconvertido en periodista de investigación, afirmaba que Neymar había costado al Barça 95 millones de euros, un número mágico que según sus cuentas convertía al brasileño en el jugador más caro de la historia, un millón por encima de Cristiano Ronaldo. No hacía falta ser Sherlock Holmes, ni siquiera ser Eduardo Inda, para darse cuenta que el otrora director de Marca había sumado conceptos como le salía de la calva. Traspaso, primas, comisiones, sueldo, bonus, la foto de la abuela… todo iba al mismo saco. En un pequeño despiste, se llegaba a incluir la penalización de 9 millones en caso de que los dos amistosos acordados no se jugasen (4,5 por cada uno), a pesar de uno de ellos ya se había disputado. Lapsus a parte, posiblemente esta sea la manera más adecuada de contabilizar el coste de un fichaje, pero como se dice popularmente, aquí o follamos todos o tiramos la puta al río. Por eso hacía daño a la inteligencia una tabla que acompañaba el artículo en el que se comparaba el supuesto coste total de la operación Neymar con lo pagado por otros futbolistas, pero los demás contando sólo el traspaso y no el sueldo, bonus, primas de fichaje etc. Tan hábil fue Eduardo Inda al conseguir la documentación que el Barça había entregado al juez Ruz como al manipular la información a su gusto. La verdad es una puta que se acuesta con cualquiera, y el domingo Eduardo Inda pegó un polvazo.

Los lunes suelen ser dantescos por definición, pero este fue especialmente espeluznante gracias a la rueda de prensa perpetrada por Sandro Rosell y Toni Freixa. Se expuso el proyecto de reforma del Camp Nou, y ya es bastante sorprendente que el socio irá a votar si el estadio se reformará o no sin saber detalles tan insignificantes como qué empresa llevará a cabo la reforma (el concurso se realizaría después del referéndum), algo que en aras de la transparencia debería poder elegir el socio, habida cuenta de la facilidad de esta junta para acordarse de sus amigos en ciertos temas y los 600 millones que volarán en la reforma, una reforma que por otro lado es realmente necesaria. Pero lo mejor aún estaba por llegar. David Bernabeu, de Cuatro, destapaba la caja de los truenos al preguntar a la directiva por la información publicada por El Mundo. Patetismo absoluto. Primero pidiendo, con un punto de chulería, al juez Ruz que aceptase la querella que Jordi Cases había interpuesto contra él. Luego indicando a los periodistas qué debían y qué no debían preguntar con un feo “ya vale” y luego con un “siguiente pregunta por favor” con el que Toni Freixa salía a defender a un patético Sandro Rosell que había decidido ejercer la transparencia del hormigón.

Y el juez admitió la querella, y Rosell dimitió. Y alegó que habían sufrido amenazas. Y los Mossos dijeron que ellos no sabían nada, y TV3 publicó la denuncia, y entonces los Mossos dijeron que sí, que algo sabían. Y unos disparos con una pistola de balines contra la puerta de su casa cuando ellos no estaban (suceso vomitivo, por cierto) se narró como si fuese la escena del peaje de El Padrino“le pegaron dos tiros en su casa” llegó a decir Quique Guasch en El club de la mitjanit [a partir del minuto 29]-. Y así acabó el mandato del presidente que logró que el mejor entrenador de la historia del club se fuese del Barça, el presidente que trató de volver a meter a los violentos en el Camp Nou (quizá els nois molt macus tengan algo que ver con las amenazas recibidas), el presidente que no renovar ni a Eric Abidal ni a Pete Mickeal tras sus enfermedades a pesar de sus promesas, el presidente que fulminó las secciones, el presidente que convirtió el club en una máquina de limpiar la imagen de cierta dictadura árabe, el presidente que puso en marcha una impresentable y revanchista acción de responsabilidad contra la anterior junta que puede hundir la vida a gente que nada tuvo que ver con los derroches de Joan Laporta. Su caída tiene algo de poética, como de Macbeth. A Sandro Rosell siempre se le ha dado bien moverse entre las sombras, conspirar y apuñalar por la espalda. En la oposición nunca dio la cara, dejando que sus agentes hiciesen el trabajo sucio como aquella moción de censura que Oriol Giralt interpuso contra Laporta. Su dimisión ha sido forzada, o cuanto menos acelerada, por la querella de uno de esos socios comprometidos con el club que con el tiempo normalmente se demuestra que tenían a alguien detrás. Hoy no sabemos si Jordi Casas es un agente de alguien, pero las historias de justicieros solitarios pocas veces salen de los cómics. Rosell, conspirador conspirado, recibió una puñalada en lo que tenía que haber sido la culminación de su obra de gobierno, el fichaje del que todo apunta tenía que ser el crack de los próximos años. Y así abandonó el club, de la manera que mejor resume la imagen dada por su presidencia: leyendo un comunicado y sin contestar las preguntas de los periodistas.

Y así contarán los anales de la historia, también conocidos como Wikipedia, que Josep María Bartomeu se convirtió en el 40º Presidente del FC Barcelona. Erigiéndose cual heredero de Isildur, Bartomeu tomo las de Villadiego y decidió que acabaría el mandato hasta 2016. Los estatutos se lo permiten y tienen todo el derecho del mundo en hacerlo, si bien llama la atención que una junta tan obsesionada por la transparencia y la democracia que convoca un referéndum para votar si se reforma el estadio considere que el socio no tiene nada que decir sobre quién será el siguiente presidente. Porque el argumento de que las elecciones desestabilizan al club quedó totalmente descartado en 2010, cuando en plena campaña electoral el Barça ganó una Liga con 100 puntos y sólo un volcán islandés evitó que se plantase en la final de Champions.

Con todo, la primera comparecencia de Bartomeu ante la prensa fue razonablemente convincente, o lo hubiera sido de haberse hecho antes y de no haber mentido. El heredero se siente mucho más cómodo que su antecesor en público, tiene más cintura y agilidad mental al salirse del guión y la valentía suficiente como para aceptar una rueda de prensa sin límite de tiempo ni preguntas. La explicación de las cifras del contrato de Neymar hubiera sido más o menos aceptable de no haber llegado después de todo el espectáculo de esta semana. Cada uno interpretará la ensalada de números como le de la real gana, como puede comprobarse con una mirada rápida al kiosko al día siguiente. Poco se ha hablado, además de lo estratosféricamente ridículo que resulta tener que pagar 40 millones como compensación por romper un contrato que habías firmado para asegurar el fichaje del jugador, pero en el mundo Barça ya pocas cosas sorprenden. También queda un poco casual que el padre de Neymar tuviera una empresa distinta que se ajustase a las necesidades del Barça que surgían de cada fleco del contrato. Si bien el contrato publicitario queda explicado (el padre de Neymar posee la exclusividad para negociar contratos con la imagen del jugador en Brasil) queda muy extraño que también tuviera otra empresa de scouting perfecta para controlar a los tres futbolistas por los que se adquirió un derecho de tanteo (tres futbolistas que realmente no interesan al Barça y que sólo se usaron como excusa para pagar más al Santos sin que este tuviera que dar una parte a la cadena de supermercados CIS que poseían el 45% de los derechos de Neymar, al estilo “vendo bolígrafo y regalo entrada” habitual de eBay). Quizá dentro de no mucho descubramos que el padre de Neymar también tiene una constructora perfecta para reformar el Camp Nou. O quizá sea todo verdad y gracias a este contrato descubramos al próximo Romario, pero en ese caso el Barça debería haber pensado en la estética y la sensación sospechosa que genera tantas partidas para el padre, porque seguramente haya muchas más empresas de scouting en Brasil que no tengan nada que ver con Neymar padre. El oscurantismo que ha rodeado a toda la operación tampoco ayuda a tomarse en serio las explicaciones dadas. Tampoco las mentiras. Bartomeu explicó que el padre de Neymar había dado permiso para saltarse la cláusula de confidencialidad y que esa era la razón por la que se podía hacer público todo. Falso. Como publicó David Torras en El Periódico de Catalunya, las famosas cláusulas de confidencialidad habían sido impuestas de manera mutua, excepto en los contratos de publicidad y scouting que lo había impuesto el club azulgrana. Una vez más, la junta azulgrana miente. No miente, sin embargo al decir que el Barça no contó con agentes externos para tratar el fichaje: a André Cury directamente se le hizo empleado del club.

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Neymar en Instagram, visiblemente preocupado por la tormenta desatada por su fichaje.

Interpretaciones y mentiras al margen, queda claro que los azulgrana pagarán unos 130 millones de euros por tener a Neymar los próximos cinco años, contando el traspaso, sueldo y todos los derivados del contrato. A primera y a segunda vista, es una cifra astronómica con la que muchos vivirían bien una buena temporada y que haría sonrojar al mismo arzobispo de Barcelona, sin embargo el problema al valorar esta cifra es que no tenemos con qué compararlo. Hasta ahora, las cifras que se publicaban eran únicamente el coste del traspaso (que en el caso de Neymar estrictamente serían los 17 millones pagados al Santos, y de manera más amplia también los 40 pagados por romper el contrato original). Desconocemos con exactitud los sueldos que cobran otros grandes futbolistas, si hay contratos derivados, sus primas de fichaje -que las ha habido toda la vida-, las comisiones de los agentes y cuantas triquiñuelas pueda haber. Incluso hay fichajes de los que ni sabemos con exactitud la cuantía del traspaso. Sin embargo, contando con que el sólo el transfer de Cristiano Ronaldo o Bale ya superaron los 90 millones de euros se puede intuir que el coste de Neymar, siendo locura, no sería el mayor locurón fuera del mercado.

El tiempo dirá si el Barça ha pagado mucho o poco por el fichaje de Neymar, de momento el nombre del brasileño ha quedado grabado con letras de oro en la libro  cainita del club como parte fundamental de la caída de Sandro Rosell, el mandatario más votado de la historia del club. Se marcha el presidente de la vendetta, que fundamentó su etapa al frente del club en la negación de quien heredó uno de los mejores equipos de la historia. Lo curioso es que con sus acciones es posible que haya puesto la alfombra roja para un posible retorno de Laporta, tras fracasar en política, al palco del Camp Nou.

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Nunca más

Champions_romaEn mitad del mal llamado debate del estilo una de las frases más escuchadas en los últimos días en el entorno culé es “nunca más volveremos a jugar como con Guardiola” para justificar que se haya cambiado la forma de jugar del equipo. Dejando de lado que el problema no es que el equipo juegue diferente sino que juega mal, esa frase es una de las más tristes y conformistas que se pueden pronunciar. Siempre se pensó que el fútbol que desplegó el equipo del de Sampedor volvería a la afición azulgrana aún más exigente de lo que solía ser y nadie sospechó que tendría un efecto narcótico sobre una parte de la hinchada que se conformaría con ir ganando partidos al trote cochinero hasta darse una nata al encontrarse con un equipo serio, como aquellos Real Madrid de Luxemburgo o de Juande Ramos que eran capaces de ganar mil partidos seguidos en Liga pero que sistemáticamente comían polvo en octavos de Champions. Hace no mucho tiempo el culé se mofaba de ese Real Madrid, hoy una parte de la afición se conforma con un Barça similar.

En los últimos días del menguante Barça de Rijkaard había una corriente de pensamiento (entre los que se contaba el descerebrado que aquí escribe) que apostaba por olvidarse de la escuela holandesa y fichar a Mourinho (descerebrados, ya os digo). El argumento era bastante similar: “va a pasar mucho tiempo antes de que tengamos un equipo que juegue como Ronaldinho y compañía”. Todos sabemos qué pasó inmediatamente. Lo más divertido es que tras la destitución de Cruyff también hubo voces que dijeron que había que pasar página porque repetir lo conseguido por el holandés era imposible. Pues bien, no sólo era posible volver a ganar con aquella idea sino que se han logrado dos equipos que han jugado tan bien o mejor que el Dream Team -sin olvidar el Barça de Van Gaal que sin llegar a esos niveles no fue un mal intento-.

Además ¿quién dijo que hace falta jugar tan bien como lo hacía el Barça de Guardiola? Absolutamente nadie. Pero lo que es absurdo es utilizar la excelencia (nuevo palabro de moda de los creadores de ‘valores’) con la que se ha jugado como justificación del juego mediocre que el Barça viene desplegando desde principios de año, no sólo desde la llegada de Martino. Se puede jugar bien de muchas maneras, desde luego, y casi todas son más fáciles de aplicar que el juego de posición de la escuela Rinus Michels, pero ese fútbol ha dado al Barça tres de sus mejores tres épocas, y la mejor de la Selección Española. ¿Realmente hay razones para cambiarlo? ¿Realmente no se puede repetir? Todo cuando se ha hecho es susceptible de ser repetido y mejorado, o cuanto menos es posible acercarte a ello. Todo lo demás es conformismo.

Están locos estos culés

gerardo-martino-et-son-fidele-polo-vert-pommeSi Gurb volviese a aterrizar su nave interestelar en Collserola hoy, más de veinte años después de su estrambótica visita a la Barcelona preolímpica, y mirase los números del Barça de Gerardo Martíno llegaría a la rápida conclusión de que esta subespecie del homo sapiens que se denomina a si misma culerada están todos aún más locos que él mismo. Líderes en Liga, equipo más goleador y el menos goleado, clasificado para octavos de Champions -casi seguro como primero de grupo- cuando había encuadrado con tres equipos que suman 12 títulos de la gran competición europea. Y sin embargo todo anda revuelto en el Camp Nou: que si el estilo arriba, que si el bíceps femoral de Messi abajo, que si los niños no pueden entrar en el Camp Nou por aquí, que si perdemos la posesión por allá… están locos estos culés.

Y realmente es difícil replicar si se hace eso tan merengue de analizar las cosas exclusivamente desde el resultado. Tampoco se puede exigir mucho más a Martino, que aterrizó en el club como un paracaidista sobre una tabla de surf -mejor y más gráfica descripción de su llegada, obra de Santi Giménez-. Su diagnóstico fue tan acertado como evidente: había que recuperar elementos del mejor Barça de Guardiola y también introducir nuevos matices. El equipo debía evolucionar, como Van Gaal había hecho progresar el modelo de Cruyff, renovado más tarde por Rijkaard y perfeccionado, en el sentido más literal del término, por Guardiola. Martino tenía y tiene la obligación de participar de esa evolución. La gran pregunta es porqué ha pasado de poner énfasis en la recuperación de cosas que se habían dejado de hacer, como la presión adelantada, a centrarse únicamente en novedades que parecen ir a contranatura del diseño de la plantilla, como ceder la iniciativa al rival o plantear partidos como un correcalles de ida y vuelta. El gran Barça de Guardiola logró una combinación de extraordinaria brillantez y trabajo casi inhumano que se ve una vez cada 20 años en el mundo del fútbol y exigir de nuevo eso sería de bobos, pero da la sensación de que Martino ha visto algo en el vestuario que le ha hecho pensar que estos jugadores no podían ni siquiera acercarse un poco a aquello y ha optado rápidamente por un plan B. Alternativa que de momento está dando resultados pero también en gran parte gracias a la Virgen de la Moreneta que ha aparecido cuando se le necesitaba ¿y si un día el partido le pilla de parranda?

Hoy el Barça recuerda demasiado a aquel Real Madrid tardogaláctico que vivía de las paradas de Casillas y de los goles de Ronaldo, ahora encarnados por un Valdés agigantado tras anunciar su marcha y un Neymar que está volviendo locas a todas las defensas mientras la culerada espera el nuevo advenimiento de Messi nuestro señor. Hemos visto a los azulgrana ceder la pelota y el protagonismo a rivales menores como Betis, Rayo, Espanyol, Ajax o Milan -siete veces campeón de Europa pero hoy más cerca del descenso que de la cabeza de la tabla-, y se ha sacado un resultado positivo. Contra el Real Madrid, el Barça tuvo la inestimable colaboración de Carlo Ancelotti que tuvo a bien regalarle a los culés la primera parte. En la segunda, la Virgen de la Moreneta fue el MVP. Apareció en forma de Víctor Valdés, en forma del larguero que detuvo el cañonazo de Benzema, en forma de ceguera arbitral ante el clarísimo penalti de Mascherano a Cristiano y en forma de Alexis Sánchez, a quien no pediré que me repita la jugada de su golazo por si la falla. El Betis tuvo varias ocasiones para ponerse 1-0 y tanto Espanyol como Milan pudieron haber empatado. El Barça lleva muchos partidos jugando con fuego y así es cuestión de tiempo que se queme.

Se equivocan quienes creen que lo que se discute es sólo el estilo, que quienes critican el juego culé son apolillados talibanes del Guardiolismo. El problema no es jugar bonito, el problema es jugar bien. El asunto va más allá de si el Barça tiene que jugar bonito o no, más allá de qué estilo ha logrado más éxitos para el club azulgrana (aunque basta con dar una vuelta por el museo para ver que el ala dedicada a 1899 a 1990 es mucho más pequeña que la de 1990 a 2013). La cuestión ni siquiera es si la plantilla está diseñada para jugar como parece que pretenden en los últimos partidos, aunque este es un punto muy vinculado al quid de la cuestión. El asunto es que el camino más seguro para ganar es jugar bien, y el Barça lleva bastantes partidos sin jugar bien. Y jugar bien no es sinónimo de jugar bonito, puedes jugar muy bien encerrándote atrás y limitándote a tirar contraataques. Jugar bien es tener un plan y saber ejecutarlo, y, disculpen, pero atrincherarte en tu área contra el Betis y que te generen tres ocasiones cada diez minutos no parece el mejor ejecutado de los planes o, en el mejor de los casos, es un auténtico buñuelo de plan.

La temporada pasada debería servir como aviso. A partir de enero el Barça dejó de jugar bien (o mejor dicho, sólo jugó bien entre noviembre y diciembre), pero siguió ganando en Liga gracias a la gigantesca calidad de sus jugadores. Se lograron números de récord, pero las sensaciones al final de campaña no parecían tan brillantes. En Champions, hubo que tomar prestado el espíritu de Juanito para eliminar a un Milan muy inferior y contra el Paris Saint Germain se sufrió más de la cuenta aferrados a un Messi lesionado. Contra el Bayern el desastre fue tan absoluto que ni la inoperancia arbitral sirve de escudo. Incluso un Real Madrid envuelto en luchas intestinas e incendios mourinhistas atropelló a los azulgrana en la Copa y en el partido de Liga. Es cierto que todo esto estuvo muy marcado por la puta mierda de enfermedad de Tito Vilanova, pero siete meses, Neymar y un nuevo entrenador después, el equipo azulgrana no parece estar en un lugar muy diferente al del 7-0 contra el Bayern.

Estos tíos pueden haber sido el mejor equipo de la historia, pero la dinámica que muestra desde diciembre de 2011 -aquel 1-3 en el Bernabéu y el Mundialito contra el Santos- demuestra una decadencia ya difícil de parar. Zubizarreta ha desaprovechado ya dos veranos para comenzar una renovación del equipo que ya se impone necesaria, aunque también es cierto que estaría bien que el director técnico tuviera un verano en el que se pudiera dedicar en pleno a fichar y no tuviera que gestionar la salida del mejor entrenador de la historia del club ni encontrar un recambio de urgencia por el cáncer de Vilanova. Mientras esa renovación no llegue, lo máximo que podrá hacer Martino es armar un Barça de supervivencia. Un Barça de supervivencia que bien puede ganarte la Liga, especialmente si al Madrid le cuesta arrancar, pero parece difícil que pueda tumbar a los grandes de Europa de seguir así cuando lleguen los partidos de verdad. Quizá Martino pueda invertir en unos meses esta dinámica que ya dura dos años, pero parece complicado mientras haya futbolistas que parecen más preocupados por la longitud del césped que por su juego, más preocupados por la vida social que por los entrenamientos y futbolistas que mandan más en el club que el presidente.

Pero mientras la bofetada no llegue, Gurb mirará en La Vanguardia la clasificación, los resultados del Barça y pensará “están locos estos culés”. Sí. Total y absolutamente chalados.

Una sombra del pasado

FUTBOL, COPA DEL MUNDO 2010.Gerardo Martino era casi un completo desconocido para la afición azulgrana hasta que el pasado viernes el señor Santi Giménez dio por primera vez su nombre como candidato al banquillo culé, ahora ya es oficialmente el sucesor de Tito Vilanova. El argentino coge las riendas del Barça en uno de los momentos más complicados que se puedan imaginar. A nivel deportivo, se hace cargo del que posiblemente haya sido el mejor equipo de la historia ya en franca decadencia y con algún trazo -Neymar- del que debe ser el futuro del proyecto deportivo. Piezas fundamentales del equipo como Puyol y Xavi están ya de salida y no se atisba quien les pueda suceder. El gran reto de Martino es que este equipo vuelva a ser grande en los partidos importantes, que no gana ni uno desde el 1-3 en el Santiago Bernabéu en diciembre de 2011. Desde entonces ha palmado todo partido decisivo que ha jugado, contra el Madrid en Liga, Copa del Rey y Supercopa, contra el Chelsea en Champions y por no hablar del hundimiento frente al Bayern. La excepción es la espléndida remontada frente al Milan, pero también es cierto que los rossoneri están muy lejos del grande de Europa que solían ser. La llegada de un entrenador completamente nuevo debería, en teoría, poner firmes a algunos elementos acomodados de la plantilla y reorganizar la jerarquía en el vestuario, vuelta al aire desde que Tito Vilanova tuvo que ausentarse durante dos meses para tratarse en Nueva York -cuando los gatos no están, los ratones bailan-. Quienes lo conocen (yo no lo conocía, lo reconozco) explican que es de la escuela Bielsa, por lo que su estilo es lo suficientemente parecido al que se ha visto hasta ahora en el Camp Nou como para encajar, y a la vez es lo suficientemente distinto como para introducir nuevos matices ante rivales que ya empezaban a conocer demasiado al Barça. Sin experiencia en Europa, está claro que Martino es la apuesta más arriesgada de las que se podían tomar, pero los casos de Rijkaard y especialmente el de Guardiola demuestran que en ocasiones este tipo de decision puede ser la correcta. Eso, claro, asumiendo que Martino sea realmente la apuesta de futuro.

El gran debe que tiene Gerardo Martino es su absoluto desconocimiento del club y de su nitroglicerínico entorno, en guerra civil abierta desde la rueda de prensa de Pep Guardiola en Munich. Si el argentino cree que llega únicamente a entrenar a un puñado de extraordinarios futbolistas se equivoca. Si cree que su mayor enemigo será el Real Madrid y la exigencia de títulos, está completamente errado. Basta con echar una mirada rápida a la etapa de Bobby Robson al frente del conjunto culé, un momento que guarda muchos paralelismos con el presente. Como ahora, el club vivía el tramo final de la hasta entonces mejor etapa deportiva de su historia, que sólo cuatro años antes había conquistado su primera Champions además de cuatro Ligas consecutivas. También como entonces, el exentrenador e icono del barcelonismo estaba en un estado de confrontación directa con la directiva. Los resultados avalaron al entrenador inglés, que ganó la Supercopa de España, la Recopa de Europa y la Copa del Rey, y sólo cedió la Liga en la última jornada. Tres títulos de cuatro posibles, y aún así vilmente fue masacrado por la prensa, tanto por cruyffistas como por nuñistas. No sólo se le acusaba de jugar defensivo -con un doble pivote formado por Guardiola y De La Peña, defensivísimos ellos- incluso se llegó a crear el vomitivo rumor de que era homosexual y que se amarraba con su traductor, un tal José Mourinho. El resultado fue aquella delirante pañolada en el Camp Nou el día que el equipo ganó 7-0 al Sporting de Gijón. Acabada la temporada se destapó el pastel, y es que cuando Robson firmó por el Barça, Núñez ya tenía un acuerdo firmado con quien en aquél momento era el entrenador de moda en Europa, Louis Van Gaal, que no había podido llegar antes por su contrato con el Ajax. A sir Bobby Robson se le recolocó en un puesto florero y cumplió el resto de contrato que le quedaba con inglesa caballerosidad. Hoy todo el mundo es más tatista que el tato (lo siento, me lo hacía encima), pero cuando empiece a rodar la pelotita se verá si hay alguien que tiene las cartas marcadas desde el principio de la partida, porque todo el mundo sabe de la amistad del presidente del FC Barcelona con cierto entrenador que acaba contrato con la Federación Brasileña tras el próximo Mundial y a quien ya trató de traer a Barcelona en su etapa de vicepresidente.

Sólo queda desear la mejor de las suertes a Gerardo Martino. Realmente la va a necesitar.

Barça salvaje

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Desde el 4-0 contra el Santos en la final del Mundial de Clubs de 2011 el, el Barça es un equipo crepuscular. Antaño una apisonadora que trituraba cuanto se le ponía por delante, ahora tiene que sufrir en cada casi partido complicado. Las dificultades aparentan el doble y las piernas responden la mitad. El ciclo de varios futbolistas fundamentales en los éxitos de los últimos años está ya cerca de su final. Valdés hizo pública hace meses que anunció  su decisión de no renovar mientras que Xavi y Puyol viven entre algodones el tramo final de su carrera deportiva, y además el equipo ha recibido en los dos últimos años las bajas de Tito Vilanova y Abidal por un motivo tan atroz como es el cáncer, dos veces cada uno. Por no hablar de la marcha de su creador, ideólogo, faro y guía, Pep Guardiola. Y aún así, el Barça va camino de ganar la Liga con comodidad y se ha plantado en semifinales por sexta vez consecutiva, algo que nunca había logrado antes.

Como los forajidos que lideraba Pike Bishop en la sensacional Grupo salvaje de Sam Peckinpah, el Barça es un grupo destinado a la tragedia pero se rebela contra este destino. El equipo parecía muerto contra el Milán pero en un ataque de orgullo firmó una remontada que parecía imposible. El equipo parecía no poder levantarse de la lona contra el PSG pero en otro golpe de pundonor -y de Messi- volvió a resucitar. Las balas pasan muy cerca y todo apunta a que es cuestión de tiempo que alguna te alcance, pero ahí avanza el Barça como el grupo salvaje contra el ejército mexicano, sabiendo que el final fatal es más que probable. Esta negativa del equipo a morir no hace más que engrandecer la leyenda del equipo criado por Pep Guardiola. Cuatro años después del triplete,  tras dos Champions y tres Ligas, este equipo, con menos brillo, sigue sacando las garras cuando tiene el agua al cuello y en su versión más decaída ha firmado una temporada que hubiera sido magnífica para cualquier otro equipo de la historia, como es -muy probablemente- ganar la Liga y llegar a semifinales de Champions. Nada de morir por coma etílico como el Barça de Rijkaard, ni infartado como el Dream Team de Cruyff, ni una agonía triste y melancólica como el Real Madrid galáctico. Este Barça busca una muerte heroica.

Con la intención de hacer al Barça más imprevisible, Tito Vilanova ha introducido una serie de pequeños cambios que han acabado por desnaturalizar al equipo y que a la larga se han demostrado más negativos que positivos. Al hacer al equipo más vertical se han separado demasiado las lineas del equipo, entorpeciendo enormemente la que era una de las armas más letales del Barça de Guardiola: la presión de la primera y la segunda línea. Con tanto espacio entre los jugadores, el rival se encuentra con una autopista una vez supera la primera línea de presión haciendo de este Barça uno de los más frágiles de los últimos años. El cuerpo técnico haría bien de replantearse este aspecto de cara a la próxima temporada, sea cual sea el final de ésta. Además, también se hace necesaria una cierta renovación de la plantilla. Más allá del cambio en la portería,  hay que solucionar de una vez por todas el problema de la defensa, que desde el primer año de Guardiola se acaba la temporada inventando parches para estructurar la defensa a la mínima que hay un par de bajas y aceptar que Puyol ya no podrá ser titular todos los partidos. En el centro del campo hay que plantear ya un futuro sin Xavi, fallado el plan Cesc, y en la delantera hacen falta alternativas goleadoras a Messi. A Zubizarreta se le acumula mucho trabajo que no debe posponer ni siquiera aunque se gane la Champions.

El grupo salvaje al final encontró su bala, su final trágico y heroico. Al Barça aún sigue vivo, y un equipo tan grande como ha sido éste se ha demostrado capaz de todo. Ha marcado la historia del fútbol y, quién sabe, igual también es capaz de reescribir un clásico del cine.

Zubizarreta l, el Grande

Viene siendo ya un clásico que cada vez que se presenta una crisis, la junta de Sandro Rosell nos regala un festival de cosas que no hacer cuando tienes un marrón comunicativo. A última hora del martes llega la noticia de que parece que la enfermedad de Vilanova se ha reproducido y que tendrá que pasar de nuevo por el quirófano. El club decide no decir nada hasta que tenga más datos y esperar que sea el propio entrenador quien comunique la situación a la plantilla, como él mismo deseaba. La decisión es la más sensata y humana. El problema llega cuando el miércoles por la mañana el club anuncia que cancela la comida con los medios, las entrevistas con los jugadores y la rueda de prensa de Sandro Rosell. Evidentemente no hacía falta ser Philip Marlowe para darte cuenta de que algo no iba del todo bien, hasta cierto punto la estrategia de silencio se contradice con la de cancelar todos los eventos. Para más inri, Mundo Deportivo publica sobre el mediodía que la causa es que Tito Vilanova ha recaído de su enfermedad (con la cantidad de fichajes que anuncian y no aciertan, ya tiene mala hostia que esta noticia sí la hayan acertado. Cinísmos de la vida). El plan del departamento de comunicación del club acababa de volar por los aires.

Y ahí se han desbordado los rumores. Que si ya le estaban operando de urgencia en la Vall d’Hebrón, que si le operaban mañana, que si estaba ingresado, que si el Barça se había puesto en contacto con Guardiola para que tomase las riendas del equipo mientras Vilanova estuviera de baja… una avalancha de supuestas informaciones en las que ni siquiera los jugadores sabían qué era cierto y qué no. Y ante esto el club se ha tomado siete horas antes de abrir la boca. El momento más absurdo de la tarde ha llegado cuando el Real Madrid ha publicado un comunicado apoyando a Vilanova mientras en la web azulgrana hablaba del premio a Nick Hornby y la previa del sorteo de Champions. Siete horas en las que la noticia se ha desbocado por Internet totalmente fuera de control, algo que no beneficia a nadie, ni al enfermo, ni al club, ni a los jugadores que no sabían nada, sólo a algunos vendedores de vísceras. Parece mentira que alguien que ha gestionado tan mal desde el punto de vista comunicativo crisis como esta, como el viaje a Pamplona o las acusaciones de dopaje de la COPE, lo hiciera tan bien con la peor situación a la que podía enfrentarse el barcelonismo: la marcha de Pep Guardiola. Es curioso que aquel día, tras la rueda de prensa en la que El Tótem dijo que se iba, una gran mayoría de la culerada estaba ilusionada. ¿Qué había pasado? Había pasado Zubizarreta

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Tras dos temporadas tratando de evitar dar titulares en las entrevistas que ofrecía en la media parte de los partidos, el viernes 27 de abril de 2012 Andoni Zubizarreta se puso la chaqueta de salir a decir cosas y nos descubrió que en los despachos del club también hay vida inteligente a pesar de los intentos del presidente por ocultarla. Giró la tortilla y convirtió una crisis en una oportunidad. Cuando, ocho horas después de que todo el mundo supiera de la enfermedad del entrenador, salió acompañado del Presidente (cuando lo normal sería que él acompañase al Presidente) justificó él solito una rueda de prensa que en principio sólo servía para confirmar lo que todo el mundo sabía. Seguramente Rosell tenga muchas virtudes pero la oratoria está lejos de ser una de ellas, así que se limito a leer cuatro líneas antes de pasar la palabra al director técnico “para que explicase cosas más técnicas”. Las susodichas cuestiones técnicas en realidad lo que tenía que haber dicho Rosell, apelando al lado humano de la enfermedad de Vilanova y explicando con claridad todo aquello que se había confundido y enfangado durante la larga tarde de silencio. En la ronda de preguntas los periodistas decían “una pregunta para cualquiera de los dos” queriendo decir “que me conteste Zubi, por favor”. Hasta tal punto que Rosell parecía que estaba allí sólo en función institucional  y el que fue uno de los líderes del Dream Team parecía un verdadero presidente.

El Barça y sus interrogantes

Ya está aquí el momento que todo culé sabía que llegaría pero en el que nadie quería pensar. El Barça saldrá a competir un título sin la estrella que durante los últimos cuatro años ha guiado no sólo al primer equipo de fútbol, sino al club entero. Cuatro años en los que Guardiola no sólo se ocupó de dirigir a uno de los mejores equipos de la historia, también a apagar los fuegos generados por las bravuconadas de Laporta y los palos de ciego de Rosell. Sólo Dios, si existe, sabe cómo evolucionará sin su superlíder un club que lleva la fractura en su genética como si fuese el fútbol de posición. Puede que el Guardiolismo haya servido para que la afición azulgrana madure, pero como en cualquier club de fútbol la estabilidad a corto plazo depende de los resultados. No cabe duda de que la apuesta de Tito Vilanova es la continuidad absoluta, como es lógico, pero esta misma apuesta por la continuidad absoluta encierra una serie de interrogantes que marcarán los resultados como ya ocurrió el año pasado.

El más importante es el nivel que ofrecerá Xavi. Con 32 años y con problemas en el tendón de Aquiles, el equipo nota muchísimo cuando el de Terrassa baja el nivel (también la selección Española, no es casualidad que el mejor partido de la Eurocopa coincidiese con el mejor del centrocampista azulgrana). ¿Cómo gestionar que tu timón ya no pueda disputar 50 partidos por temporada al máximo nivel? Esta pregunta se superpone con otra, que es cómo acabará de encajar Cesc en el equipo. El año pasado comenzó la temporada como un avión y acabó diluyéndose después de Navidad, cuando la posición de interior le obligó a controlar su tendencia al desorden y él mismo reconoce que acabó por bloquearse. Por experiencia y posición el ex-Gunner debería ser el reemplazo natural de Xavi, a pesar de ser un jugador totalmente distinto.

Otro gran interrogante está en la línea delantera. La escalofriante cifra goleadora de Leo Messi ocultó el año pasado ciertas carencias del equipo y es que en momentos clave, si falla La Pulga, al Barça le falta gol. Este defecto es consecuencia directa de la grave lesión de Villa y la irregularidad de Pedro, jugadores que en condiciones normales te garantizan entre 20 y 25 goles por temporada cada uno. Entre los dos marcaron el pasado curso 24 goles, lo que quiere decir que en el tramo crucial de la competición al Barça le faltaron cerca de 20 goles que Messi estuvo a punto de compensar él solito, pero se quedó a un palmo de conseguirlo. Teniendo en cuenta que Alexis Sánchez nunca ha sido un goleador (el año pasado con 15 goles fue su mejor temporada en este aspecto) habrá que ver si Pedro es capaz de volver a su nivel habitual y cómo evoluciona Villa con 30 años y cerca de 9 meses sin jugar. Tito Vilanova y Andoni Zubizarreta parecen tener muy claro este punto, ya que en ningún momento han parecido interesados en buscar un delantero, siempre con la carta Neymar bajo la manga (otro interrogante en si mismo).

Y en defensa, dos nombres propios, Piqué y Puyol. El gran capitán es un portento de la naturaleza, sin embargo con 34 años tiene una edad en la que la mayoría de los jugadores empiezan a cambiar el fútbol por la petanca y deberá dosificarse. El problema de Piqué es otro. Cuando quiere, es el mejor central del mundo. Seguro en defensa, exquisito con el balón y con una capacidad para tirar del carro cuando las cosas van mal pocas veces vista en un central. Los últimos meses, pero, ha parecido que el “cuando quiere” es un condicional demasiado pesado para él y cuando jugó entre lesión y lesión lo hizo disperso y despistado. Es cierto que en la Eurocopa rindió a un buen nivel, pero su carácter hace difícil ver si es una reacción pasajera o permanente. Su capacidad para sacar el balón controlado desde atrás fue vital en los éxitos del equipo. Otra gran duda es Abidal. El francés aseguró que cree que podría volver a los terrenos de juego en diciembre, pero con 32 años y un trasplante la duda no es si podrá rendir al extraordinario nivel que rendía antes de su enfermedad, es si realmente podrá jugar en la élite. Su sustituto es, además, un lateral de características opuestas. Si Abidal era la pieza defensiva que permitía compensar las continuas incorporaciones de Dani Alves, Jordi Alba es tan ofensivo como el brasileño, por lo que habrá que redefinir los automatismos defensivos del equipo.

En frente, el Real Madrid de José Mourinho es un rival formidable, con la moral por las nubes tras ganar la Liga y a su vez espoleados por la espina clavada de haber caído eliminados en semifinales de Champions por penaltis. El conjunto blanco son claros favoritos en Liga y en Champions, por lo que recuperar el trono de campeón será un reto gigantesco para los culés. Pero hay ciertos jugadores a los que los retos gigantescos les encantan.

En fútbol no hay hijos pródigos

En las últimas horas, últimas horas que se han prolongado tres años, se ha vendido el retorno de Cesc Fàbregas al Barça como el retorno de un hijo pródigo y a Wenger como un malvado señor oscuro con la malvadísima intención de encerrar al jugador en la torre más alta del Emirates para evitar que el jugador pudiera cumplir su sueño de triunfar en el Camp Nou.

Nadie puede negar que Cesc es un refuerzo extraordinario para el conjunto de Pep Guardiola. Dejando de lado las dudas que pueda generar las lesiones que le han asolado en las dos últimas temporadas, algo que puede ser circunstancial o no, el de Arenys es un centrocampista extraordinario que conoce perfectamente el Barça, su fútbol, su entorno y su vestuario. Aunque es un jugador distinto a Xavi, es posiblemente la apuesta más segura para sustituir al de Tarrasa cuando deje el fútbol. Más allá de que su fichaje no era una necesidad primordial (como puede ser un defensa rápido para corregir la posición cuando el rival gana la espalda de la defensa adelantada, el Barça sólo tiene a Puyol con este perfil y se ve obligado a recolocar a Abidal o Mascherano cuando el capitán no está), Cesc da profundidad a una plantilla algo corta y, junto a Thiago, multiplica las posibilidades tácticas. Aunque es difícil que Guardiola alinee a Xavi, Iniesta y Cesc juntos, en un 4-3-3 o que pase a jugar con tres defensas con un 3-4-3, su fichaje garantiza que en caso de incidencia siempre habrá un recambio de calidad para el centro del campo. Es un jugador de una calidad extraordinaria que vuelve a Barcelona muchísimo más completo de lo que se fue. Con sólo 24 años ha sido capitán de un equipo histórico como el Arsenal y está fogueado en una liga de gran exigencia como la Premier y en Champions, donde en 2006 fue titular en la final de París frente al Barça precisamente, por lo que los 40 millones que se pueden llegar a pagar por él si se cumplen los variables no parece una cifra excesiva.

Sin embargo, la narrativa que describe su fichaje como el retorno de un hijo pródigo resulta algo falaz. No hay por qué dudar del barcelonismo de Cesc Fàbregas, posiblemente cualquier persona hubiera hecho lo mismo que él en sus circunstancias, sin embargo no hay que olvidar que si el fichaje ha sido tan complicado ha sido en gran parte por sus acciones. En verano de 2009 el Barça ya se puso en contacto con él para comunicarle su interés, pero ante la negativa de los culés de acercarse a los 50 millones que demandaban los gunners el de Arenys optó por prolongar su contrato dos años más hasta 2014, lo que subía su cotización y ha dado fuerza a Wenger para retener a su estrella durante el pasado verano y buena parte de este. El técnico francés ha hecho lo que tenía que hacer, por lo que le pagan: defender los intereses del Arsenal. Obviamente, ningún equipo regala a sus jugadores estrella (a menos que seas el Barça, que en su historial tiene las ridículas salidas de Eto’o o Rivaldo) y menos después de siete años sin ganar ningún título y con duras críticas sobre el trabajo de Wenger en las últimas fechas. Se ha demonizado al francés por fichar a Cesc del Barça cuando era un juvenil, pero conviene recordar que esta es una práctica habitual, en mayor o menor medida, en todos los equipos grandes, azulgranas inclusive. El centrocampista se marchó del Barça por voluntad propia, y seguramente tomó la decisión correcta, ante la promesa de más oportunidades en un equipo de primer nivel (ha jugado 292 con el Arsenal, 59 de Champions, una cantidad de partidos impensable a estas alturas si se hubiera quedado en el Barça) y, también, más dinero. El padre de Cesc alegó un cambio de residencia a Londres para que su hijo pudiera salir del club sin tener que pagar ninguna compensación al club culé, algo que fue sólo una argucia ya que el chaval acabó viviendo con una familia inglesa junto a su compañero Phillippe Senderos. En los últimos días se venía diciendo que el jugador estaba sufriendo mucho por las complicaciones que surgían en su regreso a casa, sin recordar que tales dificultades eran en gran parte por sus acciones y que el malvado Wenger sólo hacía su trabajo.

Queda por ver como afecta todo esto a su recibimiento en la afición culé, siempre tan especial. Su marcha no sentó bien y su retorno ha sido largo, tedioso y caro (al contrario que otro jugador que se marchó, Piqué, que volvió por la módica cifra de 5 millones), y Cesc ya fue pitado el pasado marzo cuando visitó el Camp Nou para disputar los octavos de final de la Champions League. Todo esto lo único que hace es meter presión a un jugador, que por otro lado ha demostrado soportarla bien, que llega al Barça para ser el timonel de la próxima década. El tiempo ha demostrado que Cesc seguramente hizo lo correcto marchándose a Londres, donde ha crecido sin la sombra de centrocampistas de la talla de Xavi, Deco o Iniesta. Su fichaje es una gran noticia para el Barça, pero basta con un poco de memoria para pinchar la mística creada alrededor de su regreso.

Rectificación: En su presentación como jugador azulgrana Cesc Fàbregas ha desmentido haber renovado con el Arsenal en 2009 como he dicho en esta entrada.  Un error extendido ya que se había publicado en varios medios en las últimas fechas, tanto aquí como Inglaterra. Incluso un periodista de la BBC ha formulado su pregunta asumiendo que renovó en 2009 (“You signed for a five year contract and left after only two…”), al cual Cesc no ha corregido como sí a Joan Poquí de Mundo Deportivo. En todo caso no he encontrado ninguna referencia a tal renovación en las hemerotecas por lo que debo rectificar y disculparme. En todo caso, la idea de fondo no cambia demasiado ya que en 2006 firmó un contrato extraordinariamente largo hasta 2014. Un error ya que le ponía muy difícil poder salir del Arsenal si quería hacerlo en un momento dado, aunque evidentemente no es lo mismo que renovar cuando el club de tus amores se ha interesado por ti.

Cómo ser José Mourinho

Montaje de Karim Sabet

¡Qué inteligente que es! ¡Qué provocador! ¡Que bien se mueve en la rueda de prensa! ¡Cómo da una vuelta de tuerca a las cosas para hacérselas venir bien! ¡Qué maestro que es para atraer la presión hacia él y liberar a los jugadores! ¡Qué habilidad tiene para motivar a sus jugadores! ¡Mama, quiero ser como José Mourinho!

O no. Porque a mi se me caería la cara de vergüenza si mi equipo, en este caso el Porto, llegara a la de Champions League por un piscinazo de Deco ante Jorge Andrade que acabó con la expulsión del central del Deportivo -uno de los mejores centrales en aquel momento- por la que no pudo jugar la vuelta, partido que los de Mourinho ganaron 0-1 y de penalti. Antes, en octavos, el Porto de Mourinho eliminó al Manchester United -único grande que se cruzó en las eliminatorias- gracias a que el linier anuló un gol a Paul Scholes por un fuera de juego inexistente. La siguiente temporada, ya con el Chelsea, Mourinho eliminó al Barça porque Pierluigi Collina (el mismo árbitro que pitó el penalti de César Martín a Deco en las semifinales del año anterior) no vio una escandalosa falta de Ricardo Carvalho sobre Víctor Valdés en el área pequeña -¡donde el portero es intocable!- en el córner en el que Terry sentenció la eliminatoria. ¿Por qué? ¿Será que las mujeres prefieren su look Georgecloonesco antes que las trencitas cumbayás de Frank Rijkaard? Espero poder contestar eso algún día.

También se me caería la cara de vergüenza si mi equipo hubiera superado al Chelsea como lo hizo su Inter el año pasado, cuando el señor Fernández Borbalán se zampó dos penaltis, uno de Walter Samuel a Salomon Kalou y otro de Thiago Motta a Ivanovic. Para rematar el escándalo, en la vuelta el señor Wolfgang Stark decidió sufrir de ceguera súbita y transitora ante dos penaltis más: Motta volvió a tener barra libre para agarrar a Ivanovic y Walter Samuel le dio un cariñoso abrazo del oso a Didier Drogba. El pasillo arbitral al conjunto de Mourinho siguió en semifinales, donde se alinearon Olegario Benquerença, el Eyjafjalla y la UEFA. La negativa de la organización a aplazar el partido por la nube de ceniza proyectada por el volcán islandés obligaron al Barça a marcarse un siempre revitalizante viaje de 15 horas en autobús hasta Milán, recordemos que nueve de cada diez médicos recomiendan un largo viaje por carretera antes de jugar un partido de alto nivel. En Italia se encontraron con un árbitro portugués –amigo de Mourinho- que no quiso ver una falta de Thiago Motta a Messi en la jugada del segundo gol y un doble fuera de juego clarísimo en el tercero. Tampoco un penalti de Sneijder a Dani Alves. El asalto a su ‘segunda Champions limpia’ se completó en el Camp Nou donde el belga Frank De Bleeckere anuló un gol de Bojan–el segundo, que daba el pase a la final al Barça- por unas manos de Touré que todo el mundo vio que eran involuntarias.

Anda, tú. Pues lo mismo ser el puto amo no es tan complicado. Basta con borrar del mapa los argumentos en tu contra, minimizar los aspectos futbolísticos cuando interesa y ensalzar los fallos arbitrales adecuados dejando los no convenientes en el limbo. En el fondo tampoco importa si lo que dices es verdad. Como acabáis de ver, basta con un poco de prostituzione intellettuale.

La madre de todas las eliminatorias

Pocas eliminatorias de Champions League, de las que han sido y de las que serán, se presentan tan intensas como la semifinal entre el Barcelona y el Real Madrid. Porque aunque suene imposible es mucho más que un Madrid-Barça. Infinitamente más que las visiones reduccionistas que lo presentan como un Guardiola-Mourinho o como un Messi-Cristiano Ronaldo. En esta eliminatoria se cruzan el mejor Barça de la historia (para algunos el mejor equipo que ha existido) frente a un Real Madrid fabuloso construido para acabar con el ciclo culé. Los dos mejores equipos del mundo, liderados por los dos mejores entrenadores del mundo, con los dos jugadores más desequilibrantes del mundo. Por si fuera poco, la semifinal es el tercer acto de un tríptico de encuentros entre Liga, Copa y Champions.

Ambos equipos tienen argumentos para afrontar el partido con optimismo. El Barça tiene su fútbol, el Madrid el momento psicológico. En la final de Copa el Real Madrid demostró que puede imponer su fútbol al del Barça, sacar a los culés del encuentro y buscar la yugular –y de paso algún tobillo- de su rival. Mourinho sacó de la chistera un planteamiento que sorprendió a los azulgranas, que parece esperaban a un Madrid atrincherado como en el encuentro de Liga. Con la circulación de balón ahogada por un “trivote” adelantadísimo, los de Guardiola fueron un flan arrollado por el Real Madrid. Únicamente Pinto, el palo y la Virgen del Rocío evitaron que la final estuviera sentenciada al descanso.

Pero el fútbol tiene esas cosas extrañas. Empezó la segunda parte y resultó que alguien le había dado al interruptor. Cruyff decía que si te hacen faltas es porque tú no mueves el balón suficientemente rápido, y el partido quiso darle la razón. Xavi, Iniesta, Messi y Busquets aceleraron el esférico y el planteamiento sabueso del Real Madrid se diluyó. Demostrado que el Barça tiene armas para desligarse los nudos que pueda tejer Mourinho, la segunda parte recordó ligeramente al 5-0 y únicamente Casillas, el palo, un palmo de fuera de juego y la Virgen de Lourdes evitaron que el Barça levantara la Copa del Rey.

Con ambos equipos desfondados, la moneda de la prórroga cayó del lado blanco con una fantástica jugada de Di María que remachó Cristiano Ronaldo para que los blancos se llevaran el primer título del año, tan merecido como lo hubiera sido que se la copa la hubiera levantado Puyol.

El Madrid tiene la tranquilidad de tener ya un título en sus vitrinas, y el Barça sabe que si no hace el tonto tiene muy bien encaminado la Liga –que es más importante que la Copa-. El desenlace de la eliminatoria marcará también el “ganador” del año, especialmente si uno de los dos acaba llevándose la Champions. Uno triunfará y el otro fracasará. Más allá del valor sentimental (que sí, importante) y del ruido mediático (que no tan importante), la valoración futbolística de cada temporada no debería depender de estos dos partidos sino de un análisis más frío, como si la eliminatoria de Champions hubiera sido contra el Manchester y la final de Copa contra el Valencia. El Real Madrid ha logrado una puntuación en Liga que en otras temporadas le hubiera hecho campeón, y el Barça ha perdido la Copa en la prórroga de la final. Pase lo que pase en Europa ambos conjuntos habrán hecho una temporada sensacional y habrán demostrado han trabajado en el camino correcto más allá de actitudes fuera de los terrenos de juego. El fútbol es un juego y perder forma parte de ello, pero si compites al nivel que han competido Barça y Madrid poco se puede reprochar.