El camino más difícil, el camino más plácido

Belletti_paris

Cuando el Barça ganó su primera Champions en 1992, yo tenía siete años. No puedo decir que lo recuerde con gran claridad, pero basta con una mirada rápida al gol de Koeman para darse cuenta de lo que se sufrió para ganar aquel torneo. 111 minutos de partido tardó el Barça en adelantarse en el marcador, con la sombra de los penaltis (y la de Duckadam) en el cogote, con las paradas de Zubizarreta ante Lombardo y Vialli o el balón al palo de Stoichkov. En octavos, Bakero salvó al equipo con un gol en el último minuto tras quince minutos eliminados.

El sufrimiento de 2006 lo recuerdo bastante mejor. Tras eliminar al Chelsea en octavos, el barcelonismo se las prometía muy felices contra un Benfica en principio muy inferior, pero el 0-0 en la ida y un penalti que Moretto detuvo a Ronaldinho en el minuto 4 de la vuelta tornó el cruce en venenoso. Ronaldinho marcó cerca del minuto 20, pero un solo gol de los portugueses acabaría de un plumazo con el camino a París, y Simao y Karagounis nos pusieron el miedo en el cuerpo. Hasta el gol de Eto’o en el 88, a pase de quien acabaría siendo el héroe de aquella Champions, los espasmos no cesaron en los esfínteres culés.

A pesar del golazo de Giuly en San Siro, la vuelta de las semis contra el Milan no fue precisamente un camino de rosas, y cada vez que Shevchenko rondaba el área de Valdés, y si no sufrimos más fue únicamente porque el señor Alain Sars anuló un gol al ucraniano por una más que dudosa falta sobre Puyol. Y de la final de París no hace falta hablar mucho, Victor Valdés amargó la noche a Henry y el Barça se vio obligado a remontar bajo la lluvia el gol del Arsenal, un partido tan sufrido que Juliano Haus Belletti se echó a llorar cuando su remate se escurrió entre las piernas de Almunia.

iniesta

2009 será siempre recordado como el año del triplete, el año que vio nacer al mejor equipo de la historia del club y tal vez del fútbol: el Barça de Guardiola. Es también el año del Iniestazo de Stamford Bridge. Todo lo que ha logrado el Barça en los últimos años cuelga de ese gol: las tres ligas, el 5-0, el baño al Santos jugando sin delanteros, el regreso a Wembley… todo llega a raíz de ese rabioso gol de un equipo que siempre se caracterizó por su juego sereno, un gol que clasificaba al equipo para la final tras casi una hora viéndose en la calle. Ese gol resume lo que tiene que sufrir un equipo para ganar un torneo como la Champions y eclipsa otros grandes momentos de sufrimiento en el camino a Roma, como aquella primera media hora contra el Olympique de Lyon en la que podías haber encajado tres o cuatro goles. Un gol de Henry arregló el marcador y luego los de Guardiola aplastaron a los franceses por 5-2 y mucha gente parece haber olvidado que Benzema pudo haber sido leyenda negra del barcelonismo antes de llegar al Real Madrid.

El cruce contra el Madrid de Mourinho en 2011 quedó muy bien encarado tras los dos goles de Messi en el Bernabéu, pero eso no acabó con el sufrimiento, y el gol de Marcelo en el minuto 64 de la vuelta inquietó mucho mas de lo que se podía esperar. Pero aquel año, para sufrimiento, el de octavos tras perder 2-1 en el Emirates frente al Arsenal. El Barça remontó en el Camp Nou, pero con 3-1 en el marcador un mal pase atrás de Adriano estuvo a punto de ser enganchado por Bendtner y solo un cruce milagroso de Javier Mascherano evitó el gol que muy posiblemente hubiera eliminado al Barça.

No se gana una Champions sin sufrir, y si no que se lo pregunten al Madrid o al Bayern en los últimos dos años. ¿O si? Este año el Barça de Luis Enrique ha tenido uno de los caminos más complicados en las eliminatorias. En cada sorteo nos tocaba la más fea del baile o en el mejor de los casos un orco de tomo y lomo. Cuando se celebró el sorteo de octavos, el Barça parecía un equipo sin rumbo claro que había perdido prácticamente todos los partidos complicados que había jugado, contra el Real Madrid y contra el PSG en París. A priori el campeón inglés podía parecer favorito, pero la eliminatoria no tuvo gran historia y el Barça ganó ambos partidos con autoridad. Lo mismo ocurrió contra en cuartos de final contra un multimillonario Paris Saint Germain que venía de eliminar al Chelsea, para muchos el favorito de la competición, pero el 1-3 del Parque de los Príncipes lo dejó todo visto para sentencia.

Lo más parecido a minutos de sufrimiento tuvo lugar el pasado martes ante el Bayern de Munich. Los equipos alemanes son como Alien o como Terminator, da igual cuantas balas les hayas metido que se resisten a morir. El contundente 3-0 del Camp Nou hubiera dejado cualquier eliminatoria liquidada, pero el gol de Benatia y el posterior arreón de los de Guardiola inquietaron. Inquietaron todo lo que puede inquietar cuando el rival necesita meterte dos goles más para empatar y con un gol tuyo necesitan cinco. Y además, si tienes a Messi en el campo con Suárez y Neymar pasan cosas, y la cosa que pasó fue que, ante el posible sufrimiento metieron dos balas mas en la bestia germana y se acabó la tontería.

Fueron ocho minutos en los que la búsqueda “pañales para adultos” se disparó en Google -sí, somos culés, nos han hecho así- pero nada que ver con el sufrimiento de Stamford Bridge, Paris o Kaiserlautern. De todos los Barças de los últimos años este es es más discutido de todos, al que más le ha costado encontrar una senda -tocamos fondo en Anoeta en enero, apenas un mes antes de atropellar al City-. De todas las veces que los azulgrana han alcanzado la final de la Champions League en los últimos años esta ha sido la vez que más rocas se ha encontrado en el camino. Siempre tienes que jugar contra rivales complicados, esa es la gracia de esta competición, pero normalmente tienes algún cruce que te permite respirar contra un Sporting de Lisboa, un Glasgow Rangers o un Schalke 04, rivales que pueden obligarte a competir pero que son claramente inferiores. Esta vez no ha tocado ni uno, todos los rivales eran de los que teóricamente te obligan a ir al 100% y aun así pueden eliminarte.

Y este Barça ha sufrido menos contra todos ellos juntos que contra el Benfica en 2006. Es precisamente en la final cuando nos encontraremos al que es sobre el papel el rival más asequible. Cuatro ligas consecutivas y la eliminación del Real Madrid atestiguan que no será un rival que venda su piel fácil, pero sin duda muchos hubieran elegido al equipo italiano antes que el Manchester City, PSG o Bayern de Munich en cualquiera de los anteriores sorteos.

No se puede ganar una Champions sin sufrir, dicen. Lo que no está claro es si el sufrimiento en los sorteos cuenta o si hay un futbolista argentino empeñado en demostrar que sí, que se puede ganar una Champions con la punta de la pirula fuera.

 

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