El conspirador conspirado

FC Barcelona Press Conference

En el Camp Nou se han visto de todos los colores, incluso de algunos en teoría imperceptibles al ojo humano, pero lo vivido esta semana probablemente supere todo lo vivido en los últimos años, o como mínimo iría directo a un podio. Lejísimos queda ya el mal partido de los de Martino contra el Levante y de eso no hace ni seis días. El locurón empezó cuando la noche del domingo se publicaba la primera edición de El Mundo en el que Eduardo Inda, enfant terrible del periodismo deportivo reconvertido en periodista de investigación, afirmaba que Neymar había costado al Barça 95 millones de euros, un número mágico que según sus cuentas convertía al brasileño en el jugador más caro de la historia, un millón por encima de Cristiano Ronaldo. No hacía falta ser Sherlock Holmes, ni siquiera ser Eduardo Inda, para darse cuenta que el otrora director de Marca había sumado conceptos como le salía de la calva. Traspaso, primas, comisiones, sueldo, bonus, la foto de la abuela… todo iba al mismo saco. En un pequeño despiste, se llegaba a incluir la penalización de 9 millones en caso de que los dos amistosos acordados no se jugasen (4,5 por cada uno), a pesar de uno de ellos ya se había disputado. Lapsus a parte, posiblemente esta sea la manera más adecuada de contabilizar el coste de un fichaje, pero como se dice popularmente, aquí o follamos todos o tiramos la puta al río. Por eso hacía daño a la inteligencia una tabla que acompañaba el artículo en el que se comparaba el supuesto coste total de la operación Neymar con lo pagado por otros futbolistas, pero los demás contando sólo el traspaso y no el sueldo, bonus, primas de fichaje etc. Tan hábil fue Eduardo Inda al conseguir la documentación que el Barça había entregado al juez Ruz como al manipular la información a su gusto. La verdad es una puta que se acuesta con cualquiera, y el domingo Eduardo Inda pegó un polvazo.

Los lunes suelen ser dantescos por definición, pero este fue especialmente espeluznante gracias a la rueda de prensa perpetrada por Sandro Rosell y Toni Freixa. Se expuso el proyecto de reforma del Camp Nou, y ya es bastante sorprendente que el socio irá a votar si el estadio se reformará o no sin saber detalles tan insignificantes como qué empresa llevará a cabo la reforma (el concurso se realizaría después del referéndum), algo que en aras de la transparencia debería poder elegir el socio, habida cuenta de la facilidad de esta junta para acordarse de sus amigos en ciertos temas y los 600 millones que volarán en la reforma, una reforma que por otro lado es realmente necesaria. Pero lo mejor aún estaba por llegar. David Bernabeu, de Cuatro, destapaba la caja de los truenos al preguntar a la directiva por la información publicada por El Mundo. Patetismo absoluto. Primero pidiendo, con un punto de chulería, al juez Ruz que aceptase la querella que Jordi Cases había interpuesto contra él. Luego indicando a los periodistas qué debían y qué no debían preguntar con un feo “ya vale” y luego con un “siguiente pregunta por favor” con el que Toni Freixa salía a defender a un patético Sandro Rosell que había decidido ejercer la transparencia del hormigón.

Y el juez admitió la querella, y Rosell dimitió. Y alegó que habían sufrido amenazas. Y los Mossos dijeron que ellos no sabían nada, y TV3 publicó la denuncia, y entonces los Mossos dijeron que sí, que algo sabían. Y unos disparos con una pistola de balines contra la puerta de su casa cuando ellos no estaban (suceso vomitivo, por cierto) se narró como si fuese la escena del peaje de El Padrino“le pegaron dos tiros en su casa” llegó a decir Quique Guasch en El club de la mitjanit [a partir del minuto 29]-. Y así acabó el mandato del presidente que logró que el mejor entrenador de la historia del club se fuese del Barça, el presidente que trató de volver a meter a los violentos en el Camp Nou (quizá els nois molt macus tengan algo que ver con las amenazas recibidas), el presidente que no renovar ni a Eric Abidal ni a Pete Mickeal tras sus enfermedades a pesar de sus promesas, el presidente que fulminó las secciones, el presidente que convirtió el club en una máquina de limpiar la imagen de cierta dictadura árabe, el presidente que puso en marcha una impresentable y revanchista acción de responsabilidad contra la anterior junta que puede hundir la vida a gente que nada tuvo que ver con los derroches de Joan Laporta. Su caída tiene algo de poética, como de Macbeth. A Sandro Rosell siempre se le ha dado bien moverse entre las sombras, conspirar y apuñalar por la espalda. En la oposición nunca dio la cara, dejando que sus agentes hiciesen el trabajo sucio como aquella moción de censura que Oriol Giralt interpuso contra Laporta. Su dimisión ha sido forzada, o cuanto menos acelerada, por la querella de uno de esos socios comprometidos con el club que con el tiempo normalmente se demuestra que tenían a alguien detrás. Hoy no sabemos si Jordi Casas es un agente de alguien, pero las historias de justicieros solitarios pocas veces salen de los cómics. Rosell, conspirador conspirado, recibió una puñalada en lo que tenía que haber sido la culminación de su obra de gobierno, el fichaje del que todo apunta tenía que ser el crack de los próximos años. Y así abandonó el club, de la manera que mejor resume la imagen dada por su presidencia: leyendo un comunicado y sin contestar las preguntas de los periodistas.

Y así contarán los anales de la historia, también conocidos como Wikipedia, que Josep María Bartomeu se convirtió en el 40º Presidente del FC Barcelona. Erigiéndose cual heredero de Isildur, Bartomeu tomo las de Villadiego y decidió que acabaría el mandato hasta 2016. Los estatutos se lo permiten y tienen todo el derecho del mundo en hacerlo, si bien llama la atención que una junta tan obsesionada por la transparencia y la democracia que convoca un referéndum para votar si se reforma el estadio considere que el socio no tiene nada que decir sobre quién será el siguiente presidente. Porque el argumento de que las elecciones desestabilizan al club quedó totalmente descartado en 2010, cuando en plena campaña electoral el Barça ganó una Liga con 100 puntos y sólo un volcán islandés evitó que se plantase en la final de Champions.

Con todo, la primera comparecencia de Bartomeu ante la prensa fue razonablemente convincente, o lo hubiera sido de haberse hecho antes y de no haber mentido. El heredero se siente mucho más cómodo que su antecesor en público, tiene más cintura y agilidad mental al salirse del guión y la valentía suficiente como para aceptar una rueda de prensa sin límite de tiempo ni preguntas. La explicación de las cifras del contrato de Neymar hubiera sido más o menos aceptable de no haber llegado después de todo el espectáculo de esta semana. Cada uno interpretará la ensalada de números como le de la real gana, como puede comprobarse con una mirada rápida al kiosko al día siguiente. Poco se ha hablado, además de lo estratosféricamente ridículo que resulta tener que pagar 40 millones como compensación por romper un contrato que habías firmado para asegurar el fichaje del jugador, pero en el mundo Barça ya pocas cosas sorprenden. También queda un poco casual que el padre de Neymar tuviera una empresa distinta que se ajustase a las necesidades del Barça que surgían de cada fleco del contrato. Si bien el contrato publicitario queda explicado (el padre de Neymar posee la exclusividad para negociar contratos con la imagen del jugador en Brasil) queda muy extraño que también tuviera otra empresa de scouting perfecta para controlar a los tres futbolistas por los que se adquirió un derecho de tanteo (tres futbolistas que realmente no interesan al Barça y que sólo se usaron como excusa para pagar más al Santos sin que este tuviera que dar una parte a la cadena de supermercados CIS que poseían el 45% de los derechos de Neymar, al estilo “vendo bolígrafo y regalo entrada” habitual de eBay). Quizá dentro de no mucho descubramos que el padre de Neymar también tiene una constructora perfecta para reformar el Camp Nou. O quizá sea todo verdad y gracias a este contrato descubramos al próximo Romario, pero en ese caso el Barça debería haber pensado en la estética y la sensación sospechosa que genera tantas partidas para el padre, porque seguramente haya muchas más empresas de scouting en Brasil que no tengan nada que ver con Neymar padre. El oscurantismo que ha rodeado a toda la operación tampoco ayuda a tomarse en serio las explicaciones dadas. Tampoco las mentiras. Bartomeu explicó que el padre de Neymar había dado permiso para saltarse la cláusula de confidencialidad y que esa era la razón por la que se podía hacer público todo. Falso. Como publicó David Torras en El Periódico de Catalunya, las famosas cláusulas de confidencialidad habían sido impuestas de manera mutua, excepto en los contratos de publicidad y scouting que lo había impuesto el club azulgrana. Una vez más, la junta azulgrana miente. No miente, sin embargo al decir que el Barça no contó con agentes externos para tratar el fichaje: a André Cury directamente se le hizo empleado del club.

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Neymar en Instagram, visiblemente preocupado por la tormenta desatada por su fichaje.

Interpretaciones y mentiras al margen, queda claro que los azulgrana pagarán unos 130 millones de euros por tener a Neymar los próximos cinco años, contando el traspaso, sueldo y todos los derivados del contrato. A primera y a segunda vista, es una cifra astronómica con la que muchos vivirían bien una buena temporada y que haría sonrojar al mismo arzobispo de Barcelona, sin embargo el problema al valorar esta cifra es que no tenemos con qué compararlo. Hasta ahora, las cifras que se publicaban eran únicamente el coste del traspaso (que en el caso de Neymar estrictamente serían los 17 millones pagados al Santos, y de manera más amplia también los 40 pagados por romper el contrato original). Desconocemos con exactitud los sueldos que cobran otros grandes futbolistas, si hay contratos derivados, sus primas de fichaje -que las ha habido toda la vida-, las comisiones de los agentes y cuantas triquiñuelas pueda haber. Incluso hay fichajes de los que ni sabemos con exactitud la cuantía del traspaso. Sin embargo, contando con que el sólo el transfer de Cristiano Ronaldo o Bale ya superaron los 90 millones de euros se puede intuir que el coste de Neymar, siendo locura, no sería el mayor locurón fuera del mercado.

El tiempo dirá si el Barça ha pagado mucho o poco por el fichaje de Neymar, de momento el nombre del brasileño ha quedado grabado con letras de oro en la libro  cainita del club como parte fundamental de la caída de Sandro Rosell, el mandatario más votado de la historia del club. Se marcha el presidente de la vendetta, que fundamentó su etapa al frente del club en la negación de quien heredó uno de los mejores equipos de la historia. Lo curioso es que con sus acciones es posible que haya puesto la alfombra roja para un posible retorno de Laporta, tras fracasar en política, al palco del Camp Nou.

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