Están locos estos culés

gerardo-martino-et-son-fidele-polo-vert-pommeSi Gurb volviese a aterrizar su nave interestelar en Collserola hoy, más de veinte años después de su estrambótica visita a la Barcelona preolímpica, y mirase los números del Barça de Gerardo Martíno llegaría a la rápida conclusión de que esta subespecie del homo sapiens que se denomina a si misma culerada están todos aún más locos que él mismo. Líderes en Liga, equipo más goleador y el menos goleado, clasificado para octavos de Champions -casi seguro como primero de grupo- cuando había encuadrado con tres equipos que suman 12 títulos de la gran competición europea. Y sin embargo todo anda revuelto en el Camp Nou: que si el estilo arriba, que si el bíceps femoral de Messi abajo, que si los niños no pueden entrar en el Camp Nou por aquí, que si perdemos la posesión por allá… están locos estos culés.

Y realmente es difícil replicar si se hace eso tan merengue de analizar las cosas exclusivamente desde el resultado. Tampoco se puede exigir mucho más a Martino, que aterrizó en el club como un paracaidista sobre una tabla de surf -mejor y más gráfica descripción de su llegada, obra de Santi Giménez-. Su diagnóstico fue tan acertado como evidente: había que recuperar elementos del mejor Barça de Guardiola y también introducir nuevos matices. El equipo debía evolucionar, como Van Gaal había hecho progresar el modelo de Cruyff, renovado más tarde por Rijkaard y perfeccionado, en el sentido más literal del término, por Guardiola. Martino tenía y tiene la obligación de participar de esa evolución. La gran pregunta es porqué ha pasado de poner énfasis en la recuperación de cosas que se habían dejado de hacer, como la presión adelantada, a centrarse únicamente en novedades que parecen ir a contranatura del diseño de la plantilla, como ceder la iniciativa al rival o plantear partidos como un correcalles de ida y vuelta. El gran Barça de Guardiola logró una combinación de extraordinaria brillantez y trabajo casi inhumano que se ve una vez cada 20 años en el mundo del fútbol y exigir de nuevo eso sería de bobos, pero da la sensación de que Martino ha visto algo en el vestuario que le ha hecho pensar que estos jugadores no podían ni siquiera acercarse un poco a aquello y ha optado rápidamente por un plan B. Alternativa que de momento está dando resultados pero también en gran parte gracias a la Virgen de la Moreneta que ha aparecido cuando se le necesitaba ¿y si un día el partido le pilla de parranda?

Hoy el Barça recuerda demasiado a aquel Real Madrid tardogaláctico que vivía de las paradas de Casillas y de los goles de Ronaldo, ahora encarnados por un Valdés agigantado tras anunciar su marcha y un Neymar que está volviendo locas a todas las defensas mientras la culerada espera el nuevo advenimiento de Messi nuestro señor. Hemos visto a los azulgrana ceder la pelota y el protagonismo a rivales menores como Betis, Rayo, Espanyol, Ajax o Milan -siete veces campeón de Europa pero hoy más cerca del descenso que de la cabeza de la tabla-, y se ha sacado un resultado positivo. Contra el Real Madrid, el Barça tuvo la inestimable colaboración de Carlo Ancelotti que tuvo a bien regalarle a los culés la primera parte. En la segunda, la Virgen de la Moreneta fue el MVP. Apareció en forma de Víctor Valdés, en forma del larguero que detuvo el cañonazo de Benzema, en forma de ceguera arbitral ante el clarísimo penalti de Mascherano a Cristiano y en forma de Alexis Sánchez, a quien no pediré que me repita la jugada de su golazo por si la falla. El Betis tuvo varias ocasiones para ponerse 1-0 y tanto Espanyol como Milan pudieron haber empatado. El Barça lleva muchos partidos jugando con fuego y así es cuestión de tiempo que se queme.

Se equivocan quienes creen que lo que se discute es sólo el estilo, que quienes critican el juego culé son apolillados talibanes del Guardiolismo. El problema no es jugar bonito, el problema es jugar bien. El asunto va más allá de si el Barça tiene que jugar bonito o no, más allá de qué estilo ha logrado más éxitos para el club azulgrana (aunque basta con dar una vuelta por el museo para ver que el ala dedicada a 1899 a 1990 es mucho más pequeña que la de 1990 a 2013). La cuestión ni siquiera es si la plantilla está diseñada para jugar como parece que pretenden en los últimos partidos, aunque este es un punto muy vinculado al quid de la cuestión. El asunto es que el camino más seguro para ganar es jugar bien, y el Barça lleva bastantes partidos sin jugar bien. Y jugar bien no es sinónimo de jugar bonito, puedes jugar muy bien encerrándote atrás y limitándote a tirar contraataques. Jugar bien es tener un plan y saber ejecutarlo, y, disculpen, pero atrincherarte en tu área contra el Betis y que te generen tres ocasiones cada diez minutos no parece el mejor ejecutado de los planes o, en el mejor de los casos, es un auténtico buñuelo de plan.

La temporada pasada debería servir como aviso. A partir de enero el Barça dejó de jugar bien (o mejor dicho, sólo jugó bien entre noviembre y diciembre), pero siguió ganando en Liga gracias a la gigantesca calidad de sus jugadores. Se lograron números de récord, pero las sensaciones al final de campaña no parecían tan brillantes. En Champions, hubo que tomar prestado el espíritu de Juanito para eliminar a un Milan muy inferior y contra el Paris Saint Germain se sufrió más de la cuenta aferrados a un Messi lesionado. Contra el Bayern el desastre fue tan absoluto que ni la inoperancia arbitral sirve de escudo. Incluso un Real Madrid envuelto en luchas intestinas e incendios mourinhistas atropelló a los azulgrana en la Copa y en el partido de Liga. Es cierto que todo esto estuvo muy marcado por la puta mierda de enfermedad de Tito Vilanova, pero siete meses, Neymar y un nuevo entrenador después, el equipo azulgrana no parece estar en un lugar muy diferente al del 7-0 contra el Bayern.

Estos tíos pueden haber sido el mejor equipo de la historia, pero la dinámica que muestra desde diciembre de 2011 -aquel 1-3 en el Bernabéu y el Mundialito contra el Santos- demuestra una decadencia ya difícil de parar. Zubizarreta ha desaprovechado ya dos veranos para comenzar una renovación del equipo que ya se impone necesaria, aunque también es cierto que estaría bien que el director técnico tuviera un verano en el que se pudiera dedicar en pleno a fichar y no tuviera que gestionar la salida del mejor entrenador de la historia del club ni encontrar un recambio de urgencia por el cáncer de Vilanova. Mientras esa renovación no llegue, lo máximo que podrá hacer Martino es armar un Barça de supervivencia. Un Barça de supervivencia que bien puede ganarte la Liga, especialmente si al Madrid le cuesta arrancar, pero parece difícil que pueda tumbar a los grandes de Europa de seguir así cuando lleguen los partidos de verdad. Quizá Martino pueda invertir en unos meses esta dinámica que ya dura dos años, pero parece complicado mientras haya futbolistas que parecen más preocupados por la longitud del césped que por su juego, más preocupados por la vida social que por los entrenamientos y futbolistas que mandan más en el club que el presidente.

Pero mientras la bofetada no llegue, Gurb mirará en La Vanguardia la clasificación, los resultados del Barça y pensará “están locos estos culés”. Sí. Total y absolutamente chalados.

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1 comentario

  1. adriagf

     /  12 noviembre, 2013

    Me gusta el análisis en el lineas generales. Echo en falta que te mojes en temas como el estado de forma de jugadores clave. Y, el futuro más inmediato de una columna vertebral que ha envejecido (xavi-puyol) y se ha acomodado (alves, piqué…). Abrazo!

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