Una sombra del pasado

FUTBOL, COPA DEL MUNDO 2010.Gerardo Martino era casi un completo desconocido para la afición azulgrana hasta que el pasado viernes el señor Santi Giménez dio por primera vez su nombre como candidato al banquillo culé, ahora ya es oficialmente el sucesor de Tito Vilanova. El argentino coge las riendas del Barça en uno de los momentos más complicados que se puedan imaginar. A nivel deportivo, se hace cargo del que posiblemente haya sido el mejor equipo de la historia ya en franca decadencia y con algún trazo -Neymar- del que debe ser el futuro del proyecto deportivo. Piezas fundamentales del equipo como Puyol y Xavi están ya de salida y no se atisba quien les pueda suceder. El gran reto de Martino es que este equipo vuelva a ser grande en los partidos importantes, que no gana ni uno desde el 1-3 en el Santiago Bernabéu en diciembre de 2011. Desde entonces ha palmado todo partido decisivo que ha jugado, contra el Madrid en Liga, Copa del Rey y Supercopa, contra el Chelsea en Champions y por no hablar del hundimiento frente al Bayern. La excepción es la espléndida remontada frente al Milan, pero también es cierto que los rossoneri están muy lejos del grande de Europa que solían ser. La llegada de un entrenador completamente nuevo debería, en teoría, poner firmes a algunos elementos acomodados de la plantilla y reorganizar la jerarquía en el vestuario, vuelta al aire desde que Tito Vilanova tuvo que ausentarse durante dos meses para tratarse en Nueva York -cuando los gatos no están, los ratones bailan-. Quienes lo conocen (yo no lo conocía, lo reconozco) explican que es de la escuela Bielsa, por lo que su estilo es lo suficientemente parecido al que se ha visto hasta ahora en el Camp Nou como para encajar, y a la vez es lo suficientemente distinto como para introducir nuevos matices ante rivales que ya empezaban a conocer demasiado al Barça. Sin experiencia en Europa, está claro que Martino es la apuesta más arriesgada de las que se podían tomar, pero los casos de Rijkaard y especialmente el de Guardiola demuestran que en ocasiones este tipo de decision puede ser la correcta. Eso, claro, asumiendo que Martino sea realmente la apuesta de futuro.

El gran debe que tiene Gerardo Martino es su absoluto desconocimiento del club y de su nitroglicerínico entorno, en guerra civil abierta desde la rueda de prensa de Pep Guardiola en Munich. Si el argentino cree que llega únicamente a entrenar a un puñado de extraordinarios futbolistas se equivoca. Si cree que su mayor enemigo será el Real Madrid y la exigencia de títulos, está completamente errado. Basta con echar una mirada rápida a la etapa de Bobby Robson al frente del conjunto culé, un momento que guarda muchos paralelismos con el presente. Como ahora, el club vivía el tramo final de la hasta entonces mejor etapa deportiva de su historia, que sólo cuatro años antes había conquistado su primera Champions además de cuatro Ligas consecutivas. También como entonces, el exentrenador e icono del barcelonismo estaba en un estado de confrontación directa con la directiva. Los resultados avalaron al entrenador inglés, que ganó la Supercopa de España, la Recopa de Europa y la Copa del Rey, y sólo cedió la Liga en la última jornada. Tres títulos de cuatro posibles, y aún así vilmente fue masacrado por la prensa, tanto por cruyffistas como por nuñistas. No sólo se le acusaba de jugar defensivo -con un doble pivote formado por Guardiola y De La Peña, defensivísimos ellos- incluso se llegó a crear el vomitivo rumor de que era homosexual y que se amarraba con su traductor, un tal José Mourinho. El resultado fue aquella delirante pañolada en el Camp Nou el día que el equipo ganó 7-0 al Sporting de Gijón. Acabada la temporada se destapó el pastel, y es que cuando Robson firmó por el Barça, Núñez ya tenía un acuerdo firmado con quien en aquél momento era el entrenador de moda en Europa, Louis Van Gaal, que no había podido llegar antes por su contrato con el Ajax. A sir Bobby Robson se le recolocó en un puesto florero y cumplió el resto de contrato que le quedaba con inglesa caballerosidad. Hoy todo el mundo es más tatista que el tato (lo siento, me lo hacía encima), pero cuando empiece a rodar la pelotita se verá si hay alguien que tiene las cartas marcadas desde el principio de la partida, porque todo el mundo sabe de la amistad del presidente del FC Barcelona con cierto entrenador que acaba contrato con la Federación Brasileña tras el próximo Mundial y a quien ya trató de traer a Barcelona en su etapa de vicepresidente.

Sólo queda desear la mejor de las suertes a Gerardo Martino. Realmente la va a necesitar.

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