Mourinho cogió su fusil

Lo consiguió. Que a nadie le quepa la menor duda de que José Mourinho llevaba esperando esto desde el minuto cero en que aterrizó en Madrid. Provocando poco a poco, como una gota malaya, esperaba con ansia que alguien cayera en su trampa, explotara y provocara un efecto dominó. Manolo Preciado abrió el fuego respondiendo a las declaraciones del portugués, y Pochettino, Garrido y otros entrenadores de primera se han posicionado a favor del entrenador sportingista. Otros como Camacho y Michel no se han mojado y Guardiola no ha querido hablar al respecto, pero todavía se espera a que alguien se alinee con el luso, que tiene exactamente el escenario que quería.

No hay otro entrenador en el mundo que domine la sala de prensa como el entrenador merengue, ni siquiera Guardiola. A lo largo de su trayectoria ha sabido usarla para enrarecer el clima de las competiciones para imprimirles un ambiente adrenalínico en el que sabe motivar como nadie a sus jugadores. Ya lo hizo en Inglaterra y en Italia, donde sostuvo intensos tiroteos con Ferguson, Wenger, BenitezRanieri o Spalletti, incluso fue multado en Italia varias veces. Mourinho crea una atmósfera en la que el universo y todos sus elementos están contra él y su plantilla y la usa para azuzar a sus jugadores.

El fin justifica los medios. Hay que ganar aunque para ello se tenga que recurrir a las estrategias más sucias y antideportivas -canallas, que dirían algunos- como calentar un partido a extremos peligrosos. La necesidad de títulos del Real Madrid llega a tales límites que aceptan que un entrenador recién llegado al club dinamite el archifamoso ‘señorío’ cada vez que le ponen delante un micrófono. Mourinho siempre ha entrenado en con urgencias por ganar y ha sacado provecho de la carta blanca recibida. El Porto llevaba cinco años sin ganar una Liga, el Chelsea llevaba 50, el Inter  no ganaba una Champions desde 1965 y llega al Madrid tras seis temporadas sin pasar de octavos en Europa y tras haber gastado cerca de 300 millones en fichajes con la resaca del triplete culé. Queda por ver cómo se las arreglaría el portugués en un club en el que no le permitieran este juego, pero de momento parece que está empezando a salirse con la suya en la Liga española. Para su desgracia, por ahora el que no parece caer en su trampa es precisamente su máximo rival, Pep Guardiola. El de Sampedor ha evitado sabiamente responder a las provocaciones de un Mourinho que espera con ansia que le de los buenos días para montar un incendio. El entrenador culé es una persona de sangre caliente  –por algo es el jugador que más veces ha sido expulsado de la historia del Barça-, pero también es tremendamente inteligente y parece que es el único que no tiene intención de entrar al trapo. Y no debe, porque en el duelo dialéctico Mourinho es imbatible, sin embargo en el terreno de juego el Barça tiene los recursos suficientes para silenciar, a golpe de violín, los cañonazos del portugués.

Por la ventana y en toda la boca

Tras la sesión clasificatoria del GP de Abu Dhabi parecía claro que Fernando Alonso se proclamaría tricampeón del mundo. Por delante de Webber, su gran rival, y en una posición que le permitiría controlar a Vettel sin demasiados problemas. Sin embargo al asturiano todo le ha salido al revés. Ferrari ha optado por copiar la estrategia de Webber y se ha olvidado de que Vettel también optaba al Mundial, ha salido de boxes retrasadísimo y luego ha sido incapaz de poder adelantar a Vitali Petrov en las 39 vueltas que se ha pasado tras la estela del Renault, ni de lejos el coche más competitivo de la parrilla. En el momento más decisivo, la ‘magia’ que se le presupone Alonso no ha llegado ni a treta de un prestidigitador de feria barata. Frustrado, incapaz de remediar en pista el error garrafal de Stefano Domenicali y Andrea Stella (que a nadie le extrañe ver rodar algunas cabezas los próximos días), Alonso ha visto como volaba por la ventana un campeonato que ayer parecía tener en el bolsillo.

Con todo, pese a la triste imagen final, Alonso y Ferrari han mostrado un gran nivel este año. Conviene recordar que Schumacher en su primer año en Ferrari fue tercero a 38 puntos de Damon Hill (puntuaban los seis primeros y el ganador de cada GP sumaba 10 puntos) y no luchó por el Campeonato hasta la última carrera como el español. Además, con un coche inferior al Red Bull, ha ido de menos a más y tras un inicio irregular ha firmado una segunda parte de campaña tremendamente espectacular.

Mención aparte merecen Sebastian Vettel, Christian Horner y el equipo Red Bull en general. Ya el año pasado parecían los únicos capaces de hacer algo de sombra a los sorprendentes Brawn, y este año tenían sin duda el mejor coche y sus pilotos en gran forma. Tras un inicio dubitativo de Webber y en la que fallos mecánicos privaron a Vettel de ganar las dos primeras victorias del campeonato, su fortaleza ha hecho que fueran la única escudería con sus dos pilotos con opciones de ganar el Mundial en la última carrera. La tormenta de criticas por no decantarse por Webber, mejor posicionado hasta el último momento, ha sido algo nunca visto. Sin embargo los hechos han dado en toda la boca a los que creían (creíamos) saber mejor que Horner cual era la estrategia más conveniente para su equipo. Con la colaboración de Ferrari –Alonso incluído- se han salido con la suya y Sebastian Vettel, niño mimado del equipo, es hoy el Campeón del Mundo más joven de la historia. Como Kimi Räikkönen en en 2007, llegó a Abu Dhabi a la expectativa y se lleva a casa un sueño que el viernes rozaba lo imposible. A pesar de algunos errores graves, como cuando arrolló a su compañero de equipo en Estambul, y una cierta irregularidad a mitad de campeonato, ha sabido resurgir en el tramo final, ganando tres de las últimas cuatro carreras. Y si no fuera por aquellos malditos frenos de las dos primeras carreras, Vettel hubiera sido campeón en Brasil.