El gran fracaso de Pep Guardiola

Las palabras de Zlatan Ibrahimovic  tras el Trofeo Joan Gamper acusando a Guardiola de no haber hablado con él más de dos veces en los últimos nueve meses es el punto de no retorno. La una salida que queda es la marcha del sueco del Camp Nou, y más si cabe después del comunicado del club amenazando con romper el contrato con la empresa de Mino Raiola por sus, digamos, poco cariñosas palabras hacia Guardiola.

‘Ibracadabra’ llegó al Camp Nou hace un año, después de que el entrenador culé decidiera prescindir de Samuel Eto’o. Durante unas semanas Villa parecía ser la primera opción para ocupar la punta de ataque del Barça, pero las dificultades a la hora de buscarle una salida al camerunés precipitaron la llegada de Ibrahimovic en un pseudo-cambio de cromos.  La junta presidida por Laporta pagó al Inter 49,5 millones de euros y Samuel Eto’o (valorado en 20 millones) por el delantero sueco. En realidad la operación no es otra cosa que una carta de libertad encubierta a un Eto’o que, dolido, no quería facilitar su salida. La rapidez con la que se ejecutó la contratación de David Villa a principios de este verano demuestran dos cosas: primero, lo cerca que estaban las posiciones de Barça y Valencia el año pasado y, segundo, que el asturiano era la pieza que quería Guardiola. Visto esto, y a toro pasado, quizá hubiera sido mejor dar la carta de libertad a Eto’o y haber traído a Villa en ese momento.

Pero llegó Zlatan. No cabe la menor duda de que es un fenómeno, muchos vimos con buenos ojos la operación (desde el punto de vista deportivo, no económico) incluso pensábamos hasta hace poco que el sueco debía quedarse este año. Y aterrizó con el visto bueno de Guardiola, al que le gustan los delanteros altos –basta con recordar que ya en su primer año quiso fichar a Adebayor o a Drogba-. Ya desde el primer partido, la Supercopa de Europa frente al Shakhtar, se vio que no acababa de encajar con Messi, aunque sus primeros partidos de Liga en los que marcaba goles como churros apuntaban a que su adaptación sería rápida… hasta que la pelotita dejó de entrar. Entonces todo se hizo demasiado evidente. No es que Ibrahimovic hiciera una mala temporada, sus números son buenos, su papel en el Mundial de Clubs descargando balones fue vital y marcó el gol frente al Madrid en el Camp Nou que acabó por valer tres cuartos de Liga. Pero Messi y el equipo jugaban mucho mejor sin él, y cuando Guardiola lo apartó de la titularidad para dársela a Bojan en las últimas jornadas de Liga el equipo hizo un sprint final espectacular cuando parecía que el Barça estaba más justo de fuerzas.

La actual situación de Ibra es un fracaso del propio jugador, del Barça y de Pep ‘falible-aunque-no-lo-parezca’ Guardiola. Es un fracaso del propio Zlatan porque llegó como un supercrack mundial, que lo es, pero no supo encajar en el campo y en el vestuario como se supone de alguien de su categoría, y lo peor es que en sus peores momentos que parecía que le daba todo igual. Además, declaraciones como las del Gamper son una extraordinaria muestra de falta de profesionalidad, los trapos sucios del vestuario se limpian en el vestuario. Es un fracaso del club por las astronómicas cifras de su fichaje, muy lejos de la cantidad por la que se puede vender. 49,5 millones de euros más otros 20 millones en los que se tasó Eto’o, un total de 69,5 millones que lo convierten en el fichaje más caro de la historia del Barça. Los 40 millones que podría pagar el Milan pueden maquillar un poco el desastre histórico. Las cinco temporadas por las que firmó significan que cada temporada se amortizan de su fichaje 13,9 millones de euros, por lo que que ahora quedarían por amortizar 55,6. Si el Milan acaba pagando esos 40 millones, contablemente el Barça “sólo” perdería 15,6 y se libraría de pagar los 12 milloncetes anuales que cobra Zlatan. Visto el panorama, si Rosell habrá sacado petróleo de una patata ardiente que le ha caído en las manos. Sin embargo a toda esta ensalada de números hay que sumarle los 40 millones pagados por David Villa. ¿Si hubiera funcionado Ibra hubiera llegado el asturiano? Puede que sí o puede que no, pero seguro que hubiera salido más económico haber pagado un poco más al Valencia y dejar ir libre a Eto’o que toda la operación Ibra, desastrosa económicamente.

Y también es un fracaso de Guardiola, que es un extraordinario entrenador pero de momento no ha sido capaz de lidiar con los jugadores conflictivos de su plantilla, y eso ha hecho salir del equipo a Eto’o y posiblemente a Ibrahimovic. Es su fracaso, en primer lugar, porque fue él quien quiso deshacerse de Samuel Eto’o. Es cierto que el camerunés había mostrado en alguna ocasión alguna actitud inaceptable, como cuando se negó a salir en los últimos minutos frente al Racing y en la posterior rajada de Vilafranca en 2007, sin embargo su rendimiento en el campo es absolutamente intachable y –que se sepa- su comportamiento el año bajo las órdenes de Guardiola fue perfecto. Pero el de Sampedor quiso deshacerse de él y eso precipitó la operación económicamente inaceptable antes descrita. La forma de ser de Zlatan la sabíamos todos, ya había dado muestras de ello en el Inter encarándose a su propia afición, y aún así se le fichó. Desde un punto de vista deportivo, Guardiola no ha sabido encajar al sueco en el sistema de juego, no ha encontrado la manera para sacar el máximo rendimiento a Zlatan, ni a Messi cuando jugaba con él. Hasta el punto que en los momentos decisivos prescindió del sueco. Y no sólo en el tramo final de Liga, sino también en los últimos minutos del partido contra el Inter cuando el Barça necesitaba con urgencia un gol y lo sustituyó por Bojan en el minuto 62. No ha sido capaz de evitar que el sueco se desconectase, no ha sido capaz de motivarlo para que recuperara su mejor nivel y de que luchara por recuperar la titularidad y no ha sido capaz de evitar que el sueco acabara explotando ante la prensa a pesar de saber bien cómo es y habiendo aceptado su fichaje a pesar de ello para librarse de Eto’o. No estuvo muy acertado cuando se negó a hablar de Ibrahimovic pudiendo haber tirado de tópico y decir que era uno más de la plantilla y que se contaba con él, y al final Zlatan acabó rompiendo las reglas criticando duramente a Guardiola de forma pública. Tras este último episodio el jugador tiene que salir del Barça sí o sí, pero el entrenador también tiene que dar explicaciones de porqué no hablaba con Ibra. Guardiola no negó esta situación y su “siempre hay una razón” no es suficiente. Su decisión de prescindir de Eto’o ha costado al Barça 109,5 millones de euros entre los fichajes de Zlatan y de Villa (menos lo que pueda pagar finalmente el Milan por el sueco). Con la resaca del triplete, ya se aceptó el ‘feeling’ como razón para prescindir de Eto’o sin preguntar todo lo que se debía haber preguntado. Pero esta vez se debería explicar al soci porqué el fichaje más caro de la historia del Barça sale en globo tras sólo un año en el club, y además lo hace disparando con bala contra Guardiola.

El día que Hakkinen arrancó las pegatinas a Schumacher (y a Zonta)

Era el 27 de agosto de 2000. Faltaban sólo cinco vueltas para el final de la carrera en el circuito belga de Spa-Francorchamps. El vigente campeón, Mika Hakkinen era segundo tras la estela de Michael Schumacher, y sabía que si quería ganar la carrera tenía que aprovechar la larga recta Kemmel, donde la potencia de su McLaren era muy superior a la del Ferrari, mientras que el alemán era superior en la zona virada del circuito.

Los dos bicampeones (Schumacher estaba a punto de ganar su tercer título, el primero de los cinco que lograría con Ferrari) iniciaron la vuelta 39 casi enganchados. Frenaron casi en seco para tomar la tortuosa curva de La Source, y aceleraron para subir la mítica curva del Eau Rogue, salieron del Radillon y enfilaron la larguísima recta donde se alcanzan los 340 km/h. Ahí lanzó el finés su primer ataque, intentándose colar por el interior justo antes de llegar a la chicane de Les Combes, pero el Kaiser le cerró el hueco. Al primer intento, error. Pero todavía había tiempo.

La vuelta 44 comenzó igual que las anteriores, con Hakkinen inmediatamente detrás de Schumacher que defendía su posición como podía. Sin embargo, esta vez había una diferencia: unos metros por delante del Ferrari número tres estaba, con una vuelta perdida, el brasileño Ricardo Zonta. A la salida del Radillon, Hakkinen se colocó a rebufo de Schumacher. Justo antes de llegar a Les Combes, el alemán se abrió a la izquierda para doblar a Zonta, instante que el finlandés aprovechó para colarse por la derecha. El brasileño sólo pudo estarse quieto mientras veía como dos aviones arrancaban las pegatinas de su BAR-Honda, uno rojo por la izquierda y uno plateado por la derecha. Una vez superado el piloto doblado, Hakkinen tenía unos metros de ventaja. Schumacher intentó meterle el morro, pero el de McLaren no se amilanó y defendió su posición con la misma fiereza con la que el alemán había defendido su liderato las vueltas anteriores, obligando al Kaiser, sorprendido como nunca por una maniobra que más tarde reconocería que jamás imaginó, a abrirse a la derecha y entrar en la chicane de Les Combes demasiado abierto, lo que le hizo perder toda opción de alcanzar de nuevo el liderato.

El podio lo decía todo. Schumacher con cara larga tras haber perdido una victoria que había tenido en su mano hasta casi el final de la carrera. Hakkinen exultante. “Tuve que optar por el plan B y adelantar al doblado al mismo tiempo que Michael” declaró el bicampeón finlandés tras la carrera. “Fue una gran maniobra y me encantó”.

La sonrisa que iluminó el Camp Nou

Pocos jugadores han dado tantas alegrías y tantas frustraciones, tanta ilusión y tanta desazón, como Ronaldinho al Camp Nou. El Gaucho llegó al Barça el 20 de julio de 2003 en el peor momento de su historia, reducido a cenizas tras el paso del huracán Gaspart, procedente del Paris Saint-Germain a cambio de 32 millones de euros. Cuatro temporadas sin lograr ningún título habían deprimido totalmente a la afición blaugrana. Pero resultó que la sonrisa de Dinho era contagiosa y con su llegada el soci volvió a soñar con victorias y sólo dos temporadas después, liderado por el genial brasileño, el Barça vivía uno de los mejores momentos de su historia al levantar su segunda Champions en París el 17 de mayo de 2006.

Pero el despertar del sueño fue duro. El 25 de agosto de 2006 el Barça perdía la final de la Supercopa de Europa en Mónaco ante el Sevilla. Fue el primer paso en un descenso a los infiernos en el que el líder también fue Ronaldinho. Saco al club del pozo para luego devolverlo. Perdida la ambición, faltó la profesionalidad. Se dedicó más a la fiesta que al campo. Demasiada noche movida. Demasiada resaca camuflada de gastroenteritis y sobrevivida en el refugio del gimnasio, lejos de los ojos de los periodistas que cubrían el entrenamiento. Su rendimiento en el campo bajó gradualmente durante la temporada 2006/2007 y en la 2007/2008 se arrastró patéticamente por los campos hasta que, en abril, una lesión puso punto y final a la agonizante etapa azulgrana de Ronaldinho. El 9 de marzo disputó su último partido como culé, un Barça-Villarreal que acabó con una derrota por 1-2, resultado que no hacía justicia a lo que Ronaldinho merecía. El 16 de julio fue traspasado al AC Milan a cambio de 25 millones y medio de euros.

Pero antes, Ronnie se había echado las ruinas del club a la espalda y llevó al Barça a protagonizar una grandísima remontada, recortándole 18 puntos al Real Madrid en la segunda vuelta y escalando de la duodécima posición a la segunda a sólo cinco puntos del campeón, el Valencia. Un presagio de los dos sensacionales años que vendrían, en los que se ganarían dos Ligas y una Champions. Ronaldo de Assis Moreira era un jugador distinto –antes de convertirse en la sombra de si mismo que es ahora-. Un jugador mágico, capaz de jugadas que sólo él era capaz de imaginar. Tras el gol del gazpacho, vinieron la espaldinha, los sombreros ante los defensas del Bilbao, el gol con la puntera en Stamford Bridge, el gol ante Osasuna, la exhibición de potencia física en el gol ante el Chelsea en el Camp Nou, la chilena contra el Villarreal, el estratosférico pase a Giuly frente al Milan, la elástica, infinitos recursos para enloquecer las defensas rivales y, por supuesto, los aplausos del Santiago Bernabéu. Incluso su último gol como culé, cuando ya estaba en una decadencia sin retorno, fue una espectacular chilena en el Vicente Calderón.

Ronaldinho fue el milagro que cambió el rumbo del Barça. Devolvió el optimismo al club, lideró al equipo y facilitó los fichajes de otros cracks como Eto’o o Deco que querían jugar al lado de un superclase como el brasileño. Sin él se hace difícil concebir los éxitos del Barça de Frank Rijkaard y, por extensión, también los del equipo de Pep Guardiola. Su historia es la de un ascenso fulgurante y una desintegración lamentable, la demostración de que nadie es indispensable por mucho que lo parezca. Hubo un momento en que parecía que el Barça se hundiría si el brasileño no firmaba un contrato hasta el 2014 y apenas tres años después se marchaba por la puerta de detrás, y sin él los azulgrana firmaron la mejor temporada de su historia. Los que hoy parecen indispensables en sus equipos –como Messi y Guardiola en el Barça o Cristiano Ronaldo en el Real Madrid- harían bien de tener en mente el final de Ronaldinho. Carismático y espectacular como pocos, quedará para siempre la duda de hasta dónde hubiera podido llegar si no se hubiera dejado echar a perder como lo hizo.

Que se quede el sueco

En una temporada Zlatan Ibrahimovic parece haber agotado todo el crédito y la ilusión generada tras su fichaje. Su final de temporada fue lamentable. Tan indefendible como la campaña de Thierry Henry o la de Rafa Márquez. Negado ante el gol e inconexo con sus compañeros, parecía haber dimitido de sus esfuerzos por acoplarse al equipo. Con el recuerdo de Eto’o y el pastizal indecente pagado por él muy presente, el Camp Nou le pitó. Tras la llegada de David Villa parece que su puesto en el once inicial no está en absoluto garantizado, y más si se tiene en cuenta que la temporada pasada Messi jugó sus mejores partidos jugando de falso nueve, donde los movimientos de Ibra hacían poco más que estorbar a la pulga. Hasta el propio Guardiola perdió la fe en él y lo sentó en el banquillo en el tramo final de Liga en el que se jugaba el título frente al Villarreal o el Sevilla apostando por Bojan.

Sin embargo, es injusto valorar al sueco únicamente por este último y lamentable tramo final. Marcó 21 goles (16 en Liga, tres en Copa y cuatro en Champions), su tercera mejor marca (29 en la 08/09 con el Inter, 22 en la 07/08 y también 21 en la 02/03 con el Ajax) y de largo la mejor cifra goleadora en su primer año en un club (un gol con el Malmö en la temporada 99/00, ocho goles con el Ajax en la 01/02, dieciséis goles con la Juventus en la 04/05 y quince con el Inter en la 06/07). Sin haber destacado nunca por su capacidad goleadora, Marcó algunos tantos muy importantes, como los dos ante el Arsenal en el Emirates Stadium y sobre todo el gol frente al Real Madrid en el Camp Nou. Ese gol acabó por valer al Barça tres cuartos una Liga que los azulgranas ganaron por una diferencia mínima y sin él el título seguramente hubiera sido blanco. Y tampoco se puede olvidar su papel vital en el Mundial de Clubes, en el que no marcó pero ayudó como pocos pueden hacer a descargar balones en el centro del campo.

Además, las primeras temporadas en un club nunca han sido buenas para el sueco. Ya pasó en el Ajax, en la Juve y en el Inter. Y el Barça también tiene ejemplos de jugadores que tras una primera temporada discreta han acabado por ser grandes cracks, como Laudrup, Koeman, Figo o Márquez. Pese a lo que el Camp Nou ha visto esta temporada, Zlatan Ibrahimovic no es un tronco. Tiene una técnica exquisita, regate y muy buen pase. Recursos suficientes para desenvolverse en ataque con movilidad, cayendo a las bandas para no estorbar a Messi si es necesario. No es un gigantón tipo Koller que sólo sabía estar cerca de la portería para rematar de cabeza. Tener un jugador como Ibra en el banquillo puede ser una bomba de relojería, pero merece una segunda oportunidad porque si se centra tiene muchísimo que dar al Barça.

Encaje de bolillos

Es cierto que es muy injusto sacar conclusiones del partido de Supercopa. El Barça se enfrentaba al Sevilla en unas circunstancias que difícilmente se volverán a repetir a lo largo de la temporada, con ocho jugadores titulares recién llegados de vacaciones con un absurdo amistoso en México de por medio y con Messi todavía lejos de su mejor forma. Tampoco es justo valorar a los canteranos por lo visto sobre el Sánchez Pizjuán. Miño, Sergi Gómez y Oriol Romeu debutaron en una alineación en la que sólo Alves y Abidal son titulares indiscutibles (Ibrahimovic está por ver si lo es, incluso si se queda) y no es lo mismo que entrar en un equipo con nueve o diez titulares. Es más, los errores que facilitaron los goles sevillistas se les puede atribuir más a los veteranos Milito y Abidal que a los debutantes Gómez y Romeu. Pero tampoco hacía falta el partido de Supercopa para comprobar que la plantilla del Barça es corta y lo visto en este encuentro no ayuda precisamente a rebatir esa teoría.

No cabe duda de que con Puyol y Piqué el Barça tiene una de las mejores, o la mejor, pareja de centrales del mundo y Busquets, a pesar de sus pajareos ocasionales, es un gran pivote defensivo. Sin embargo, tal y como está la plantilla del Barça en este momento, una lesión o una sanción –o una combinación de ambas- deja el eje defensivo del Barça en pelota picada. La marcha de Márquez y Chygrynskiy, aunque el año pasado hicieron poco más que pastar por los campos de entrenamiento, dejan a Milito como único recambio para los centrales. Además, su historial de lesiones no aconseja que juegue muchos partidos completos. La alternativa era recolocar a Abidal de central, pero el francés ha demostrado en el Mundial, en la gira asiática y en la Supercopa su nula capacidad para jugar en ese puesto. Casi recordaba a Oleguer. El caso del pivote es todavía más dramático: una baja de Busquets obliga a tirar de Oriol Romeu, que apenas ha jugado un año en segunda división B. No hay que olvidar que Yaya Touré –el gran Yaya Touré- jugó el año pasado 37 partidos (23 de Liga, tres de Copa y once de Champions). Con su marcha el Barça pierde uno de los mejores del mundo en su posición y reemplazarlo por un chaval de 18 años significa perder potencial.

Cesc Fábregas y Mezut Özil son grandes jugadores pero el Barça no los necesita. En el caso del alemán, además, todavía tiene que demostrar que lo visto en Sudáfrica no es flor de un día. Muchos jugadores han saltado a la fama en una Eurocopa o Mundial para luego estrellarse contra la realidad. Y sólo hay que recordar que el Barça estuvo a punto de fichar a Milan Baros tras la Eurocopa de 2004. Para la posición de interior, Thiago y Jonathan están suficientemente rodados para dar el salto al primer equipo si hay que rotar a Xavi e Iniesta. Muniesa, Bartra, Fontás, Sergi Gómez y Oriol Romeu tienen un potencial extraordinario pero están verdes, algunos como Gómez están verde fosforito. pero los canteranos deben ir incorporándose al primer equipo poco a poco. Casos como el de Sergio Busquets, que pasan de jugar en tercera división a la final de la Champions en apenas un año, pasan una vez en la década. Incluso Messi paso un año yendo y viniendo del filial antes de asentarse en el primer equipo e Iniesta estuvo varias temporadas siendo suplente. El escenario de verte obligado a jugártela en una semifinal de Champions, donde un solo error te puede facturar para casa, es muy arriesgado. El Barça necesita reforzar su eje defensivo si no quiere tener que hacer encaje de bolillos cada vez que tenga una o dos bajas en la zaga.