El brasileño que corría más que los coches que conducía

Las calles del principado de Mónaco estaban inundadas aquél 3 de junio de 1984. Alain Prost, subcampeón del mundo en 1983 y líder del campeonato en ese momento, sufría para mantener su McLaren sobre la pista. Por detrás un joven brasileño que disputaba su séptimo gran premio había remontado, a los mandos de un limitadísimo Toleman-Hart, desde la decimotercera plaza hasta la segunda, adelantando incluso al entonces bicampeón Nikki Lauda. Su ritmo era cuatro segundos por vuelta más rápido que el francés. En la vuelta 30, la distancia entre los dos era de quince segundos. Al final de la 31 los dos coches estaban pegados. Era evidente que el liderato del francés tenía los metros contados. Los comisarios detuvieron la carrera en la vuelta 32, poco antes de que el novato adelantara a ‘El Profesor’. En caso de pararse la carrera, la posición final es la del giro anterior a que se muestre la bandera roja, por lo que la victoria fue para Prost. En el podio, el francés respiraba aliviado. A su lado, la cara del talentoso brasileño no era la de un principiante que había quedado segundo en el mítico Mónaco, en unas condiciones imposibles y con un coche destinado a la parte baja de la tabla. Era la cara de un piloto ambicioso que sentía que le habían robado una victoria que merecía. Era Ayrton Senna y se acababa de presentar en sociedad.

En aquella carrera -además de suponer la primera piedra de la rivalidad Senna-Prost, seguramente la más intensa de la historia de la Fórmula 1- quedaron patentes las cualidades que convirtieron a ‘Magic’ Senna en uno de los mejores pilotos de la historia. Nacido hoy hace 50 años, el 21 de marzo de 1960, era atrozmente rápido, con una capacidad de concentración extraordinaria, capaz de pilotar bajo el diluvio universal con la misma facilidad que en una soleada tarde de agosto, capaz de adelantar a seis pilotos en una sola vuelta, incluyendo a Prost y Schumacher, como en Nürburgring en 1993. “Era mucho más rápido que tú conduciendo el mismo coche y tan rápido como tú, con un coche inferior”, dijo Alain Prost. Y si todas estas cualidades no eran suficientes para ganar, también tenía unos defectos que le ayudaban a alcanzar la victoria: era engreído, prepotente, intolerante con sus rivales, poco escrupuloso y, si era necesario, hasta violento. No tenía suficiente con autoconsiderarse el mejor, si le molestabas te echaba a empujones de la pista. Ganó su segundo título en 1990 embistiendo por detrás a Prost en la primera curva del GP de Japón, devolviéndole la moneda al francés que un año antes se proclamó campeón tras un accidente con Senna. En 1993, tras la carrera de Suzuka, propinó un puñetazo a Eddie Irvine porque este no le había dejado pasar a pesar de llevar una vuelta perdida.

Devoto cristiano, en 1988 Senna controlaba el Gran Premio de Mónaco con tiránica autoridad, pero su orgullo le dominó y quiso doblar a su compañero de aquipo y eterno rival, Alain Prost. A doce vueltas del final estrellaba su McLaren contra los guardarraíles monegascos. Salió del coche y abandonó el circuito antes de que acabara la carrera para encerrarse en su apartamento durante dos días. De ahí surgió un Senna iluminado que mantenía charlas con Dios y que era instruido para ser mejor persona. Trabó amistad con Ron Dennis, Gerhard y Rubens Barrichello, a quien visitó cuando estaba ingresado en el hospital tras sufrir un tremendo accidente en los libres apenas unas horas antes de su propia muerte. Poco después de su fatal accidente se supo que había donado grandes cantidades de dinero a orfanatos brasileños y puso las primeras piedras de lo que más tarde sería el Instituto Ayrton Senna, que procura ayuda y educación a los niños de las favelas de Sao Paolo y Río de Janeiro y que hoy preside su hermana Viviane.

La vida del genio acabó en la curva de Tamburello, el 1 de mayo de 1994, durante la octava vuelta del fatídico GP de San Marino que jamás tuvo que haberse disputado –Roland Ratzemberger ya había perdido la vida el día anterior en la Villenueve Cuva y las leyes italianas exigían que un evento deportivo debía suspenderse en caso de que un competidor muriera-. Como si Dios, en una de esas animosas charlas que parecían tener, le hubiera dado alguna pista del destino que le aguardaba, Senna parecía extrañamente perturbado ese día, tras el tremendo accidente de Barrichello y la muerte de Ratzemberger. Antes de la carrera pasó la mañana reuniéndose con diversos pilotos con la intención de crear una asociación para exigir mejoras en la seguridad. Antes de salir a pista, apoyó sus manos en el alerón trasero de su Williams-Renault FW16 y lo contempló durante varios minutos. Subió al coche y antes de parar en la parrilla dio tres vueltas al circuito Enzo e Dino Ferrari, en vez de las dos que solía dar. Poco después perdería el control de su Williams y se estrellaría contra el muro a 310 km/h mientras marchaba, por delante de Schumacher, en primer lugar. El primer lugar que él consideraba suyo e intransferible. Tras el impacto, su característico casco amarillo se sacudió dos veces. Después, silencio.

La muerte de Senna cambió para siempre la Fórmula 1. Se mejoró la seguridad y Robert Kubica o los hermanos Ralf y Michael Schumacher pueden decir que si están vivos es gracias a las modificaciones del reglamento realizadas tras la carrera de Imola, pero también dejó huérfana de estrellas a un deporte que se quedó con Michael Schumacher como única referencia y que todavía hoy busca reencontrar una rivalidad como la que Senna protagonizó con Alain Prost, quien aseguró que la muerte del brasileño “era predecible porque él iba más rápido que los coches que conducía”.

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Las maravillosas obras de un Ser Superior

Dicen los entendidos que el fútbol es un deporte de equipo, de lo que puede deducirse fácilmente que cuando se gana y cuando se pierde lo hace todo el club. Desde el delantero centro hasta el presidente, pasando por el entrenador y el utillero. No sé si tendrá que ver o no con las campañas de Marca contra Pellegrini y a favor de Benzema, pero da la sensación de que el madridismo ahora mismo quiere prender fuego al chileno y al Pipita, mientras que se ensalza a Cristiano como el único que dio la talla.

Por partes, primero recordar que la eliminación no sólo se gestó en el partido de ayer, sino también en Gerland, y allí Cristiano no sólo no dio la talla sino que además tras el gol de los franceses fue un estorbo. Quería ser el principio, el nudo y el final de todas las jugadas y eso convertía al Madrid en un equipo extremadamente previsible y fácil de defender. No deja de ser llamativo que los dos mejores partidos que he visto al Madrid este año, el de Mestalla y el de Riazor (no pude ver el del Villarreal), hayan sido sin el portugués en el campo. Es un jugadorazo, pero cuando no está el equipo combina mejor y no le busca continuamente. Ayer marcó el gol, sí (con colaboración de Lloris, por cierto), pero a partir de ahí no hizo tampoco nada más. Higuaín falló, sí. ¡Pero leches! El fútbol es un deporte que se juega con los pies, la parte del cuerpo más torpe y la más alejada de la cabeza, y en el que en realidad pesa mucho más la imprecisión que la precisión (ea, ahora parezco Lillo). De las dos que falla, la segunda es una gran parada de Lloris y la otra, en la que regatea al portero francés, se ve obligado a ajustar al palo porque por detrás llega un defensa. El argentino falla ¿hace eso de él un mal jugador? ¿hay que colgarlo de un abedul? Si empezamos a recordar pifias de grandes jugadores en partidos importantes (Raúl, Platini, Terry, el propio Cristiano…) no acabaríamos nunca. ¿Que no marca en los partidos realmente importantes? Será porque desde que lleva en el Madrid ha tenido ocasión de jugar tantas finales. Y recuerdo que el pasado 2 de mayo, glorioso día, Higuaín marcó un gol que puso al Real Madrid a sólo un punto del Barça y que bien podría haber valido una Liga si el equipo hubiera sido más sólido ¿o eso es culpa sólo suya?

Pasamos a un entrenador que no supo reaccionar a un cambio táctico y de actitud del Lyon y que en la ida tampoco hizo el mejor planteamiento posible. El juego que desarrolla el equipo lo lleva a ser tremendamente contundente pero también tremendamente vulnerable y eso es responsabilidad del banquillo, vale. También hablamos de un técnico que en su día dijo que él cree “en los medios y en las puntas, no en los mediapuntas”. Tras su llegada los primeros fichajes fueron Cristiano Ronaldo y Kaka, dos jugadores que si bien pueden actuar en otros puestos, son más mediapuntas que otra cosa. Este señor, chileno para más pistas, pidió una serie de jugadores como complemento para la plantilla, Cazorla entre otros, que jamás llegaron y pidió que se mantuviera a otros jugadores (Snejder, Robben, Negredo) que ahora están fuera del Bernabéu. ¿Y ahora la culpa de que el Madrid caiga en octavos es sólo suya? Y digo yo que entonces también tendrá la culpa de que los blancos sean líderes con una cantidad de puntos brutal a estas alturas de temporada ¿o es sólo gracias a Cristiano? Decía Eduardo Inda en su esperpéntico videoblog y Pedrerol en Punto Pelota que el Madrid tiene que estar entrenado por uno de los mejores cinco entrenadores del mundo. No dieron nombres, pero hagamos una lista rápida: Mourinho, Ferguson, Ancelotti, Capello y Wegner. Mou y el entrenador del Arsenal no irán a ningún equipo en el que la política deportiva vaya a ser dictada desde las alturas por alguien que no sean ellos. Ferguson tiene ya una edad y pocas simpatías por el Madrid y si sale del Manchester será para irse al Castillo del Jubilado con el Abuelo Simpson. A Capello se hace difícil imaginarlo en una tercera aventura blanca y a Ancelotti de momento le va muy bien en el Chelsea y no creo que tenga problemas de sueldo. Así que… ¿a quién pueden fichar? ¿A Scolari? ¿A Rijkaard? ¿A Luís Aragonés? ¿Repescar a Camacho? ¿Repetir la operación Figo fichando a Guardiola? ¿O es que Del Bosque aceptará volver al banquillo bajo las órdenes de Florentino?

Luego está el señor Pardeza, un director técnico que no se muy bien lo que hace, ya que ni ficha ni corta. Valdano, que más allá de ejercer de guardaespaldas mediático del presidente no se sabe hasta que punto tiene libertad de movimientos para intervenir en la política deportiva del club. Trajo al mejor entrenador que pudo después de las calabazas de Mourinho y de Wegner y solo Florentino sabe qué más hizo.

Y así llegamos al Ser Superior. El Intocable. Vamos a analizar la trayectoria de este señor que ha triunfado en todo lo que ha intentado, pero que no logró sacar ni un escaño con el Partido Reformista en su intento de entrar en política. Con este año lleva siete temporadas al frente del Real Madrid. En su primera etapa, seis años, ganó dos Ligas y una Champions entre 2001 y 2003, en buena parte con la estructura futbolística heredada de Lorenzo Sanz. Luego optó por poner un entrenador más guapo que el que tenía y estuvo tres años en blanco. En 2006 dimitió en plena temporada, como una rata, ante la posibilidad de que el Barça ganara Liga y Champions bajo su presidencia. Otro dato es que desde que él entro en el 2000 ningún canterano se ha consolidado como titular en el Bernabéu, el último fue Casillas en 1999. Dice José Sámano, redactor jefe de deportes de El País en su crónica de del partido frente al Lyon que “en el deporte todo es posible, salvo para quienes consideran que el césped es un tapiz bursátil”, pero no tengo claro si se refiere a Florentino, que no se corta a la hora de soltar 60 millones por Kaká, un jugador que no está dando lo que se esperaba en el Bernabéu pero que en realidad ya venía de firmar una temporada lamentable en su último año en el Milan (inciso: no deja de ser curioso que ya no esté Calderón pero los madridistas se sigan preguntando eso de “¿dónde está Kaká?)

El problema del Real Madrid va más allá de Higuaín, de Pellegrini o incluso de Florentino Pérez. Al fin y al cabo es un club democrático y los socios eligen a su presidente. El verano pasado nadie se atrevió a presentarse contra el Rey Midas, y el que lo hacía era machacado por los medios, en especial por el tridente El Mundo-Marca-La Sexta. Y lo preocupante no es tanto esto sino que gran parte del madridismo lo asumió como normal y recibió a Florentino Pérez como el único posible salvador sin pararse a pensar que el constructor podía ser uno de los causantes de la caótica situación del club. Todo esto rebozado de una prensa tóxica para la vida democrática del club blanco, en unos casos por sus intereses empresariales y en otros por las relaciones personales de algunos periodistas con los poderes del entorno blanco.

El Madrid tiene un problema estructural de club, social y mediático que recuerda y mucho al del Barça de los 60 y 70 que se arrastraba por el mundo fichando jugadores a golpe de talonario y que lloraba por lo malvados que eran los árbitros, por el cabrón de Guruceta, por el hijo de puta de Franco y el ‘Joséplazato’. Un problema similar al del Inter de Milán que a pesar de tener casi siempre la mejor plantilla de Italia siempre ha estado a la sombra de Milan y Juventus. Un problema como el que lleva al Atlético a no estar a la altura de lo esperado a pesar de tener jugadores como Torres, Forlán o Simao. Porque el Madrid lleva seis años sin pasar de octavos ¡seis! Y desde luego de eso no tienen la culpa ni Higuaín ni Pellegrini.