La jojoya de la cocorona

Al final se han salido con la suya. Guardiola tendrá a su ansiado Dmytro Chygrynskiy y el propietario del Shakhtar tendrá los 25 millones de euros que pedía. Casi nada. La misma cantidad por la que el Real Madrid ha vendido a Arjen Robben, un jugador que -lesiones a parte- ha demostrado sobrada calidad en el Chelsea, en el Madrid y en la selección holandesa. Dirán que ‘Chygro’ es de los defensas más prometedores de Europa, que ha ganado una UEFA y que tiene la salida de pelota del mismo Beckenbauer, pero sólo ha jugado en Ucrania. Y jugar en el Shakhtar no es lo mismo, ni parecido a jugar en el Barça.

Guardiola lo ha pedido insistentemente –como también pidió a Cáceres y a Hleb- y es de suponer que lo ha visto jugar más que yo. En los dos partidos que jugó contra el Barça en la Champions ni siquiera me percaté de su presencia, sólo me fijé en Brandao (el brasileño plasta que no hacía más que dar patadas y que al final le sacaron tarjeta por protestar en el minuto 88). En la final de la UEFA me hizo gracia el nombre y poco más. Parecía salido de un chiste de Chiquito de la Calzada o de Muchachada Nui. El otro día, viendo la repetición del Shakhtar-Barça (¡Qué mal que jugó el Barça!) me pareció un jugador lento, que no guarda bien la posición y además cada vez que sacaba el balón lo regalaba al Barça. Un diamante en bruto. Pero bruto, bruto, bruto.

Txiki Beguiristain también tiene su parte en este lío. Esta claro que el emperramiento de Guardiola no viene de ayer, sino de hace meses. Por eso se hace difícil de entender que se haya pagado los 25 millones que pedía el Shakhtar desde el principio, pero casi al final del mercado y cuando el jugador ya no puede jugar la Champions. Lo más divertido de todo es que si mañana no se ha firmado definitivamente le acuerdo, Chygrynskiy podría jugar la Supercopa de Europa frente al Barça ¿y si lesiona a Ibrahimovic? (porque no tiene pinta de poder marcar un gol).

Entre Martín Cáceres (20), Chygrynskiy (25) y Henrique (10) el Barça habrá pagado más de 50 millones de euros en defensas de calidad no contrastada en sólo dos años. En cambio no se podía hacer ese desembolso por Ribéry porque era una locura. Así las cosas, más le vale al amigo Dmytro adaptarse rápido y empezar a rendir. Las circunstancias de su fichaje y su desorbitado precio (no hay mucha diferencia entre pagar 25 millones por él y 94 por Cristiano Ronaldo) no le favorecen en absoluto. Más le vale adaptarse rápido y empezar a rendir o tiene todos los números para engrosar de la lista de los Korneievs, Escurzas, Albertinis y Hlebs. Claro que yo me equivoco… de vez en cuando.

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La inoperancia de un inoperante

Txiki Begiristain ha decidido llenar la bolsa de la playa de sus detractores con una buena artillería de argumentos. En San Mamés, antes del partido, Tito Vilanova dijo que hacía falta uno o dos jugadores más, pero el excelso secretario técnico dejó entrever, en la media parte, que es posible que no llegue ninguno. Es lamentable que, aunque Guardiola dejara claro después de Roma que quería una plantilla un poco más amplia para esta temporada, tras el primer partido oficial tengamos un jugador menos que el año pasado, contando con que Henrique no se va a quedar.

Lo divertido del asunto es que después de ganar la Champions se dijo que “los deberes ya están hechos”. ¿Qué entiende esta gente por hacer los deberes? ¿Mirar el álbum de cromos y decir “me gusta Ribéry, me gusta Villa, me gusta Filipe Luis, me gusta Mascherano, me gusta Cesc, me gustas tú”? Los seres normales, al oír esta frase, entienden que se ha peinado el mercado en busca de jugadores interesantes, se han identificado, se ha hablado con ellos, con su representante, con el club, con el Espíritu Santo, y que hay un principio de acuerdo, cosa que –aparentemente- no es el caso. Queda en el aire saber cómo era Txiki en el cole. Si cuando la profesora de mates le preguntaba si había hecho los deberes este le contestaba “sí, seño. Es una suma muy interesante y que me gusta”. “A ver Aitor” contestaría la profesora “¿Cuál es el resultado?”. “Ah, no lo sé. Pero es una suma muy interesante y que nos interesa mucho”. Respuesta tras la cual, cualquier niño acabaría en el despacho del director.

Lo cierto es que el Barça se ha movido por el mercado dando bandazos sin un plan aparente. El primer objetivo fue Ribéry. Fracaso absoluto y con tirabuzón, ya que el francés no sólo no está en el Barça sino que además está muy cerca del Madrid. La razón por la que no se firmó un preacuerdo cuando Scarface estaba loco por jugar en el Camp Nou sólo la conoce Txiki. Tras comerse los mocos de mala manera en el fichaje del francés, en vez de buscar una alternativa para la banda izquierda, como podía ser Van Persie, Nani o Robinho, por nombrar alguno de los jugadores más conocidos con este perfil, se pasa a la búsqueda de un delantero centro. Con el Show Eto’o de por medio, también causado por la incompetencia de Txiki a la hora de abordar al camerunés, se barajan los nombres de Ibrahimovic, Villa y Forlán. Tras un primer intento fallido por el sueco, el Barça se lanza a por Villa, gran delantero pero de cualidades opuestas a Ibra. Tras un nuevo fiasco en la negociación con el Valencia –aquí hay que reconocer que el Cristo accionarial que hay montado en el club Che no facilitaba el asunto, pero el Madrid bien que pudo fichar a Albiol-, Laporta coge las riendas de la negociación y paga por Ibrahimovic un pastizal indecente, metiendo en el paquete a Eto’o, a Hleb (que no hizo ni puto caso y acabo yéndose al Stuttgart) y los calzoncillos que llevaba en el aeropuerto. Aplaudan, por favor. Tras esta jugada maestra, que bien podía haber firmado la portera de Nuñez, Txiki se lanzó a la caza de un centrocampista y de un central, que básicamente era o el ucraniano Chygrynskiy o el ucraniano Chygrynskiy.

Para el centro del campo se barajaban los nombres de Mascherano y Cesc. Dos jugadores maravillosos, sin duda, pero parecidos como un huevo y una castaña. El Barça hizo un poco bastante el ridículo cuando, ante la visita del Liverpool a Barcelona para disputar el encuentro inaugural del estadio de Cornellá, no mandó a nadie para negociar el traspaso mientras el Madrid sí lo hizo para acabar cerrando el fichaje de Xabi Alonso. Tras la salida del jugador vasco, parece imposible que Mascherano también abandone el equipo red. También parece imposible que el Barça pueda fichar a Cesc sin otro Eto’o que regalar. En Ucrania el secretario técnico cruzó ríos de fuego, se enfrentó a poderosos Titanes y vientos huracanados para, una vez más, salir escaldado. Ya no es que el multimillonario propietario del Shakhtar Donetsk dijera “tururú trompeta”a la oferta azulgrana, algo que se puede comprender, es que el señor Begiristain ni siquiera logró que el jugador moviera una uña para salir de un club en el que aspira a ganarlo todo… en la prestigiosísima liga ucraniana. Tras un nuevo y estrepitoso fracaso en el fichaje de un central, el Barça ha pasado a buscar un lateral izquierdo de perfil bajo con el que cubrir los partidos que Alves se pueda perder y contar con Puyol únicamente como central. La idea es no tener que jugar al encaje de bolillos con la defensa si tenemos al brasileño sancionado y un central –sólo uno- lesionado como pasó en la final de Roma, en la que Touré acabó jugando en el eje de la defensa. ¿Quién vendrá? Quién sabe, pero Belletti, héroe de París, acaba contrato al final de temporada y podría salir barato (esta última frase es fina ironía, aclaro). Con la búsqueda de un lateral derecho, la prioridad inicial –el extremo izquierdo- ha quedado totalmente olvidada. Me encanta que los planes salgan bien.

Como hay que ser justo en la vida, habría que reconocer que la secretaría técnica fue rápida, inteligente y hábil con el fichaje del lateral izquierdo, fichando a un jugador contrastado como Maxwell después de que Lendoiro se subiera a la parra, al pino y a la conífera gigante al pedir 20 kilos por Filipe Luis. Pero esta inteligente maniobra –la de Ibrahimovic fue parecida, pero teniendo en cuenta los duros que se tuvieron que soltar para traerlo no la hace muy inteligente que digamos, sin menospreciar la extraordinaria calidad del sueco– no puede tapar que el Barça ha ido saltando de descalabro en descalabro cada vez que se fijaba un objetivo.

Claro que, viendo la trayectoria del secretario técnico, esta retahíla de fiascos tampoco debe ser sorprendente. Él fue el encargado de traer al Camp Nou fenómenos como Ezquerro o Maxi López; Gudjohnsen o Albertini, estos con la complicidad de ‘Rizoparte’ Rijkaard. También Hleb ha ido cortesía de Begiristain, esta vez con el visto bueno del falible-aunque-no-lo-parezca Guardiola. No incluyo en la lista de chascos a Zambrotta y Thuram ya que eran dos jugadores a priori consagrados que no lograron encajar en un equipo en descomposición (aunque en el caso de Thuram no llegó a tiempo a ni un solo balón en las dos temporadas que vistió de azulgrana). Por Martín Cáceres se pagó un precio exageradísimo y sus dificultades a la hora de sacar el balón jugado hacen que difícilmente encaje en el sistema de juego culé –algo que Txiki tenía que haber pensado antes de soltar 20 millones por él- pero el uruguayo es un muy buen jugador.

Descontando a Piqué y Touré, todos los fichajes de Txiki han sido caros, como Alves o Henry; han dado un buen rendimiento pero no como se esperaba, como Abidal o Henry; y todos ellos eran fichajes evidentes y los hubiera llevado a cabo cualquier chimpancé con un fajo de billetes. Sería muy fácil dar los méritos de los éxitos de la época Rijkaard a los magníficos fichajes de Sandro Rossell y los del triplete a Guardiola. Rezar para que la Masía siga produciendo joyas como Iniesta, Xavi, Busquets, Pedro o Messi ¿Alguien se imagina qué hubiera pasado si Txiki hubiera tenido que fichar a un sustituto para Ronaldinho y Deco? Pero eso sería ventajista, simplista y probablemente tramposo, pero lo cierto que con Txiki Begiristain al frente de la secretaría técnica que el Barça haya ganado tres ligas y dos Champions en cinco años parece un milagro. Un jodido milagro.