¿Cagómetro? ¡Babómetro!

Ha pasado mucho tiempo y poca gente se acuerda de un gol de Rafa Márquez a la salida de un corner que inició la goleada por 6-1 al Atlético de Madrid. El Barça llegaba a aquel partido con ciertas dudas. Había perdido contra el Numancia, un recién ascendido y empatado con el Racing en casa en las dos primeras jornadas. Se empezó bien la Champions, 3-1 al Sporting de Lisboa, y ya se goleó por 1-6 al Sporting de Gijón, pero en aquel momento los asturianos parecían dispuestos a batir todos los records negativos de Primera División. Los siguientes partidos, Betis, Shakhtar y Espanyol se ganaron de milagro y no sin polémica en Donetsk y gracias a un grave error arbitral en Montjuïc (Villarato, dirían algunos). En esta situación el Barça recibía un Atlético que todavía creía aspirar al título. Era la gran prueba de fuego y la afición culé no las tenía todas consigo (tampoco es que sea muy complicado) después de dos años nefastos. Pero aquel gol del defensa azteca en el minuto 3 puso en marcha la máquina. La primera de varias goleadas que ha convertido a este equipo en el Barça más letal de todos los tiempos y que está a sólo 7 goles del record absoluto de tantos en la Liga. 5-0 al Almería, 4-0 al Valencia, 6-0 al Valladolid, 5-0 al Depor, 4-0 al Sevilla… hasta el histórico 2-6 al Real Madrid en el Santiago Bernabéu.

Desde que el Madrid perdiera en el Camp Nou el 13 de diciembre no había perdido ni un solo partido. Cierto que los de Juande no elaboran un juego brillante, pero hay que admirar la garra y el corazón con la que han logrado aguantar el tirón del mejor Barça de la historia, y hay que recordar que con sus números en cualquier otra temporada hubieran sido campeones y han llegado a reducir una distancia de 12 puntos a un solo punto, aunque sólo fuera virtualmente y por unos minutos. A esto hay que sumarle las lamentables campañas de los dos diarios de Madrid, el Canguelo de Marca y el Villarato de As, que tras la victoria merengue en Sevilla titulaba “Que pase el Barça” pues el Barça pasó. Del Canguelo poco hay que decir, es una expresión divertida, pero de dudosa seriedad y probadamente equivocada. Lo del Villarato es otra historia. Reducir la superioridad del Barça a las ayudas arbitrales es un insulto. Pero al final todo este circo mediático ha jugado en contra del equipo blanco, igual que en la primera vuelta tanto hablar de una manita azulgrana acabó jugando en contra de los de Guardiola.

A lo largo de los últimos meses la prensa madridista había creado una burbuja en la que el Madrid podía ganar la Liga, es más, iba a ganarla, incluso la Champions. A lo largo de toda la temporada As y Marca han intoxicado ocultando el gran juego del Barça tras conspiraciones arbitrales y afirmando que las victorias culés se debían poco más o menos a que el rival se dejaba ganar.

Pero al final la realidad se ha acabado imponiendo, y de la forma más cruel. El gol de Higuaín hizo que los merengues creyeran que el sueño de la liga era posible. Por un momento, la sombra del canguelo sobrevoló el barcelonismo. Pero el Barça de Guardiola ha demostrado que este equipo se puede cruzar los Nueve Círculos del Infierno y, con una sonrisa, salir vivo. Seis minutos después del argentino, Carles Puyol besaba el brazalete de capitán: el Barça ya iba por delante en el marcador, y lo mejor aún estaba por llegar. En el césped del Bernabéu se evidenció la distancia futbolística entre los dos equipos, una distancia que la clasificación no refleja. El Barça se divertía mientras los jugadores del Madrid corrían como pollos sin cabeza detrás del balón. No es una cuestión de jugar más o menos bonito. Es una cuestión de saber qué vas a hacer cuando saltas al campo. Puede salirte bien o mal, pero el Barça siempre ha sabido lo que tenía que hacer y lo ha llevado a cabo con más o menos acierto. Por otro lado el Madrid muchas veces parecía salir al campo pensando “yo salgo y ya veré como soluciono esto”. Esta “estrategia” de andar por casa le ha servido para ir ganando partidos en la Liga, pero a la que ha tenido un rival complicado lo ha pasado mal. Catástrofe ante el Liverpool, empate ante el Atlético (y gracias) y el hundimiento ante el Barça.

De los once jugadores titulares en Madrid, siete lo fueron también en el bochornoso 4-1 del año pasado. Otros tres jugadores -Samuel Eto’o, Rafa Márquez y Andrés Iniesta- han tenido un papel importantísimo en ambas temporadas. Y sin embargo los resultados son totalmente diferentes. Únicamente tres fichajes -Dani Alves, Seydou Keita y Gerard Piqué- y el canterano Sergio Busquets han tenido un peso más o menos importante en el equipo. Por lo tanto uno puede pensar que Guardiola es el artífice del cambio. Él decidió que Deco y Ronaldinho abandonaran el club. También quería deshacerse de Eto’o, fichar a Adebayor y contar con Henry como delantero centro y jugar con un extremo izquierdo que jamás llegó por obra y gracia de las cualidades del secretario técnico Txqui Beguiristain, pero Pep supo reconducir la situación. Pep ha sabido convertir un delantero obsesionado con el gol hasta la ofuscación en un jugador de equipo que casi se preocupa más por ayudar en el centro del campo que por marcar un gol. Pep ha recuperado a Henry, un jugador que con Rijkaard se quejaba continuamente por tener que jugar pegado a la banda izquierda y parecía acabado, pero que se ha erigido como decisivo esta temporada. Pep ha sabido dar galones en el equipo a jugadores como Iniesta o Xavi que habían permanecido a la sombra de Deco y Ronaldinho en la época de Rijkaard ‘Rizoparte’. Y qué decir de Messi. Guardiola ha sabido gestionar el físico del argentino, que con el holandés siempre sufrió lesiones musculares graves, y ha llegado al tramo final de la temporada sin sufrir prácticamente lesiones.

Y tengo que reconocerlo. Hace un año alguien me preguntó ¿Qué te parece Guardiola? Yo lo único que pude contestar fue, parafraseando al póster que Fox Mulder tenía en su despacho en Expediente X, “Quiero creer”. Y quería creer porque Guardiola es un gran tipo, fue un jugador enorme y su propuesta me gustaba, sin embargo pensaba que estaba verde, muy verde. Como el uranio, verde fosforito. Frente a la posibilidad de fichar a Mourinho, sentar en el banquillo del Camp Nou a un entrenador que venía de Tercera División parecía un suicidio. Después de las dos últimas lamentables temporadas con ‘Rizoparte’ muchos querían un entrenador que garantizase resultdos, y Pep, en principio, no parecía cumplir ese requisito.

Y pese a su falta de experiencia como entrenador en la élite ha formado un conjunto que puede pasar a la historia. Tras el 2-6 del Bernabeu, con la Liga en el bolsillo, este Barça que borda un fútbol como nadie en el mundo aun está en disposición de ganar la Copa del Rey y la Champions League. ¿Difícil? Por supuesto. Por algo sólo el Manchester ha logrado un triplete en las grandes ligas. Si fuera fácil no tendría tanta gracia. Luego puedes ganar o perder, cosas del balompié, pero si algo ha demostrado este equipo es que puede, y que mientras pueda se dejará la piel en el campo. Y así será el miércoles en Londres.

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