El fin de la historia, empieza otra cosa

27 de marzo de 2009. Samuel Eto’o lanza un latigazo en la primera ocasión del Barça tras diez minutos arrolladores del United y supera a Van der Sar, que la verdad podía haber hecho más. Fue un golpe mortal para los ‘Red Devils’ que quedaron totalmente desfigurados y no volvieron a mostrar el poder de los primeros minutos. Aún así, los de Ferguson son uno de los equipos más peligrosos del planeta y cada vez que Cristiano Ronaldo, Rooney, Tévez o Berbatov tocaban un balón el estómago de todo el barcelonismo bailaba el hulla-hop. Cuando Xavi estrelló el balón en el palo (¿cuántos ha habido ya esta temporada? ¿otro record?) a toda la culerada pensó “como lleguemos al minuto 75 con el 1-0 nos acordaremos de esto”. Pero no ocurrió. En el minuto 70 una criatura de 1,69 se eleva ante Rio Ferdinand, central de 1,91, y Edwin van der Sar portero de 1,98, remata un centro de Xavi, supera al meta holandés por arriba y pone el 2-0. Dos minutos después Víctor Valdés salva un gol a bocajarro de Cristiano Ronaldo. Lo más complicado estaba hecho. Salvo milagro inglés, el Barça lograría el triplete.

Y
así fue. Carles Puyol levantó el tercer título de la temporada, la tercera Champions del Barça. Y de las tres orejudas, seguramente ha sido la más complicada de todas. El Lyon puede que nunca haya sido un grande de Europa, pero desde luego siempre ha sido un rival complicado y tuvieron una media hora inicial en la ida en la que bien podían haber borrado del mapa a los de Guardiola. El Bayern de Munich ha sido el gran fiasco de la temporada, pero no por ello era un rival fácil. Venía de destripar por 12-1 a un Sporting de Lisboa que a punto estuvo de dar un susto al Barça en la fase de grupos con dos goles en dos minutos. El Barça nunca había superado a los bávaros en una doble eliminatoria, por si fuera poco con la vuelta en Alemania, y aunque no llegaban en su mejor momento tiene grandísimos jugadores como Luca Toni, Bastian Schweinsteiger o el gran Franck Ribéry. La semifinal contra el Chelsea, con la vuelta en Stamford Bridge, ha sido posiblemente la prueba más complicada de toda la temporada. Hiddink supo encontrar los puntos débiles del Barça y los explotó. Únicamente Iniesta evitó una derrota que por otro lado tampoco hubiera sido injusta. Sin embargo, por mucho que diga es señor Cristiano Ronaldo, eso no quiere decir que el Barça no mereciera estar en la final, ni siquiera por los supuestos penaltis no pitados (que, excepto las manos de Piqué, son todos como mínimo discutibles). Contra un equipo que le había tomado la medida a la perfección, el Barça no perdió la cara al partido, no se rindió, no desesperó ni perdió los nervios, y al final llegó la recompensa en forma de Iniestazo.

A parte de poner Fuentealbilla en el mapa, aquel gol certificó que algo había cambiado en los genes azulgranas. En Kaiserslautern Jose Mari Bakero marcó un gol que giró la historia de un club que estaba acostumbrado a que los goles en el último minuto fueran en su contra. Iniesta certificó ese cambio con el más difícil todavía: Marcando ante un rival mucho más complicado, con el tiempo reglamentario ya cumplido, en el primer tiro a puerta del Barça y en las semifinales. Mientras que en épocas pasadas los errores arbitrales convertían faltas fuera del área en penaltis, ahora el colegiado no ve unas manos en el área culé que bien podrían haber sentenciado la eliminatoria. Mientras que en el pasado el Barça había dominado finales para encajar goles en las pocas llegadas del rival, ahora la primera ocasión azulgrana acaba en el fondo de la red. ¿Será que ahora el Barça tiene la tan llamada suerte del campeón?

Este cambio en la trayectoria del club también se nota en la afición. Cualquiera que conociera mínimamente la mentalidad culé hubiera predicho que el ánimo general ante una final de Champions contra el Manchester United, posiblemente el rival más feroz al que se ha enfrentado el Barça en una final europea, sería pesimista. Pero no. A pesar del rival y a pesar de las bajas, siempre ha flotado un halo de optimismo antes prácticamente impensable. Y el equipo respondió también de una manera impensable. Siempre se había dicho que el Barça para ganar tenía que jugar bien, mientras que otros equipos, como el Madrid, podía ganar jugando mal. Cuando peor estaban los de Guardiola, cuando todo indicaba que los ‘Red Devils’ acabarían con el tan cacareado triplete, Eto’o marcó el gol que acabó por desequilibrar la final.

Y todo cuando hace un año parecía que el Barça tendría que embarcarse en una temporada o dos de transición mientras que un Madrid que ganó la Liga pasada con la guitarra se perfilaba como un candidato para dominar el fútbol español. Pero Guardiola ha sabido, de alguna manera, a golpe de Coldplay o de Gladiator, resucitar un vestuario aparentemente muerto y enterrado después del 4-1 del año pasado. El propio técnico no se cansa de repetir que ahora todo el mundo le llama guapo porque la pelotita entra, pero que cuando deje de entrar se convertirá en el sparring de la afición. No le falta razón, y también es verdad que no se puede juzgar la calidad de un entrenador en una sola temporada, ni siquiera en dos, porque su éxito está muy estrechamente ligado a los jugadores que tiene. Grandes entrenadores han fracasado por culpa de sus plantillas y de la misma manera entrenadores mediocres, caso de Frank Rijkaard o Vicente del Bosque, han tenido grandes éxitos gracias a encontrarse un equipazo en sus manos. Pero nadie le puede quitar lo bailado a Pep. Él ha sido la única gran novedad con respecto al Barça del año pasado –salida de Ronaldinho y Deco aparte, que tampoco es poca novedad-, por lo tanto no es difícil deducir que también ha sido el gran revulsivo. Con esto, no pretendo subirme al carro a toro pasado. Yo tenía muchas dudas cuando anunciaron que el de Santpedor dirigiría el nuevo proyecto azulgrana, era partidario de la opción Mourinho, aunque me forzaba a creer en Guardiola por ser él quien era. Todavía hoy no tengo muy claro algunas de sus acciones, especialmente ciertos cambios e ideas como poner a Keita de lateral en la final de Roma, una guardiolada como otra cualquiera que me da más miedo que dos pedradas (o que las bolas de goma saca-ojos de los Mossos).

Puede que Guardiola no sea el mejor entrenador del mundo, pero muy posiblemente sea el mejor entrenador del mundo para el Barça. Su discurso, fundamentado en el conocimiento del club, de la afición y del tan temido entorno, no sólo ha sabido regenerar a la plantilla, sino que también ha sabido ilusionar a la ‘gent blaugrana’ que se ha movilizado como nunca para apoyar al equipo, se ha desplazado más que nunca y la cultura de llevar la camiseta al campo, o en su defecto cualquier artículo azulgrana, se ha impuesto en una afición tradicionalmente sosa y pesimista, cuya seña de identidad era la mítica frase “ay, que encara patirem” (Ay, que aún sufriremos). La directiva, que en los últimos años había sido protagonista con guerras intestinas, episodios rocambolescos, Sandros Rosells, Alejandritos Echevarría y otros animadores de la corte se ha pacificado, y el showman Laporta ha dejado de lado sus discursos lorísticos y sus gallumbos aeroportuarios para ceder el protagonismo a los once tipos que dan patadas a un balón y al individuo que los dirige.

Mientras que los merengues se empiezan a aferrar a las Copas de Europa ganadas hace 60 años, alarmante síntoma de una alarmante decadencia, y al retorno de un Mesías que abandonó el barco como una rata cuando se hundía (y, dicho sea de paso, ganó las mismas Ligas y Champions que el Barça durante su mandato), Guardiola ha matado en una sola temporada los grandes referentes del Barcelonismo para marcar otros nuevos y mejores. La gente ya no recordará el 0-5 de Cruyff en el Bernabéu, se acordarán del 2-6; no se recordará Kaiserlautern, se recordará Stamford Bridge; el penalti parado por Urruti en Valladolid será sustituido por el de Pinto en Mallorca. El Barça de las Cinco Copas deja paso al Barça del triplete, la culminación de un cambio de mentalidad en el club que se inició hace 20 años con el Dream Team que dirigió Cruyff . El Barça, a sus 110 años de historia, se ha hecho mayor.

No todos los caminos llevan a Roma

En septiembre había varios equipos que aspiraban a ganar la final de Roma. El Inter de Milán había fichado a José Mourinho con la clara intención de dar un salto de calidad en Europa después de tres temporadas de dominar una devaluada Liga Italiana. El Bayern de Munich volvía a la máxima competición un año después armado con grandes cracks como Luca Toni, Miroslav Klose o el gran Franck ‘Scarface’ Ribery. El Real Madrid, tras ganar con gran autoridad la Liga el año pasado, salió chorreado por el Liverpool, un Liverpool que esperaba que los goles de Torres les llevara a su tercera final en seis años. El Arsenal confiaba en el liderazgo de otro español, Cesc Fàbregas, para alzarse con el trofeo que se le escapó en 2006 ante el Barça. El talonario de Abramovich volvió a azotar el mercado en busca de su anhelada Champions que el año pasado se esfumó por un inoportuno resbalón de su capitán. El Zenit de Arshavin, tras asombrar a Europa ganando la UEFA y tumbar al todopoderoso United en la Supercopa de Europa aspiraba a ser la gran sorpresa del 2009.

Pero ocho meses después todos estos equipos verán el partido desde su casa. El Futbol Club Barcelona y el Manchester United sol los dos equipos que se han ganado el privilegio de jugar la final de la competición de clubs más importante de esta parte del Universo. El Olímpico de Roma verá un duelo entre los que son, por fútbol y por números, los dos mejores equipos del mundo con diferencia. Sobre el césped, también los dos mejores jugadores del planeta: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

El Manchester de Sir Alex Ferguson es un equipazo. Ferdinand y Vidic son una de las mejores parejas de centrales de Europa, aunque el serbio en los últimos meses no esté en su mejor momento. El francés Patrice Evra será un obstáculo difícil de superar para Leo Messi. Carrik, Park y Anderson forman un centro del campo muy trabajador que cuando tienen el balón tal vez no son capaces de moverlo como Xavi e Iniesta, sin embargo son capaces de lanzar contraataques como cuchillos. Y arriba… arriba tienen pólvora suficiente para convertir Chernóbil en un camping. Cristiano Ronaldo, Rooney, Tévez, Berbatov…

A Cristiano Ronaldo no hace falta presentarlo. Su calidad es únicamente comparable a su chulería y únicamente Messi está a su altura en todo el planeta fútbol. Tal vez no sea tan rápido y tan desequilibrante en el regate como el argentino, pero va mucho mejor de cabeza y sus cañonazos desde fuera del área dejan a los de Oliver Atom como el estornudo de un gorrión. Además, tras un inicio de temporada un tanto irregular, el portugués llega a Roma en un estado de forma óptimo. Rooney tal vez sea uno de los delanteros más infravalorados del mundo porque no marca tantos goles como otros (sólo cuatro en doce partidos de la presente Champions), pero su presión y su capacidad para robar balones al rival han dado muchos de los goles que han marcado Cristiano y Tévez. Si tuviera un poco más de cabeza y supiera controlar su carácter sería de los mejores delanteros del mundo junto a Messi y a Cristiano Ronaldo. Por si todo esto fuera poco en la recámara estarán jugadores como Nani, Berbatov, leyendas como Giggs o Scholes y jóvenes talentos como Federico Macheda. A todo esto hay que sumar la motivación de poder ser el primer equipo que logre dos títulos seguidos desde que la competición tiene el formato actual de Champions League.

Nunca en su historia el Barça se ha enfrentado en la final de Champions a un equipo tan sumamente potente como este Manchester United. Ni el Benfica que nos venció de manera incomprensible en Berna, la final de los palos, en 1962. Tampoco el Steaua de Bucarest del “imbatible” Duckadam, al que en la final de Sevilla en 1986 el Barça fue incapaz de marcar un solo gol, ni en la tanda de penaltis. Tampoco la Sampdoria de la mítica final de Wembley del 20 de mayo de 1992, tampoco el Arsenal de Henry y Hleb que cayó ante el gol de Belletti el 17 de mayo de 2006. Ni siquiera aquel Milan de Fabio Capello que puso punto y final al Dream Team en la final de Atenas tenía la calidad del conjunto de Ferguson.

Pero no hay que tener miedo. Si hay un equipo que puede hacer frente a los ‘Red Devils’ ese es el Barça. Ante Cristiano, Messi; ante Rooney, Etoo; ante Tévez, Henry; ante Anderson, Iniesta. Los azulgrana también tiene su propio arsenal. Además, de estos jugadores hay cuatro que forman el “Club de la Espina Clavada”. Henry perdió la final de 2006 frente al Barça después de que Valdés salvara hasta tres goles cantados del francés, que está ante la que posiblemente sea su última ocasión de alzarse con la Champions. Iniesta, que saltó al campo como suplente para revolucionar el partido, vio como Rijkaard Rizoparte se decantaba por Van Bommel y le relegaba al banquillo. Xavi y Messi no jugaron aquella final tras dos graves lesiones*. Esto debe servir de motivación extra para estos jugadores claves en el Barça de Guardiola. Además, la plantilla es consciente de que puede hacer historia logrando un triplete inaudito en España, para lo que sólo sirve la victoria.

Es cierto que las bajas en defensa son importantes, especialmente Alves y Márquez, y lo cierto es que los planes de Guardiola de poner a Touré de central y a Keita de lateral izquierdo no acaban de convencer, es mucho mejor apostar en la izquierda por un especialista como Sylvinho y en la derecha Cáceres puede ser un gran recurso: es rápido, buen marcador y va muy bien al corte. Si sus compañeros están atentos y le ofrecen las ayudas necesarias cuando tenga el balón, su gran talón de Aquiles, puede resultar una buena manera de frenar las entradas de Ronaldo por esa banda.

Por otro lado, el United da la sensación de que llega a Roma con una sensación de cierta autosifuciencia que puede ser perjudicial para los ingleses. En los últimos años se han dado varios ejemplos de vigentes campeones que han caído en la final de la Champions. En 1995 un gol de Patrick Kluivert acababa con las posibilidades del Milan, que venía de haberle endosado un 4-0 al Barça en la terrible noche ateniese, de lograr su segundo título consecutivo. Un año después, el propio Ajax de Van Gaal, considerado una máquina de hacer fútbol llegaba como gran favorito a la final de la Champions, pero la Juve acabó llevándose la final en la tanda de penaltis después de que Edgar Davids y Sonny Silooy fallaran el primer y el cuarto lanzamiento. Un año después la Juve llegaba como gran favorita a la final, pero un gran Borussia Dormund liderada por Mattias Sammer en el final de su carrera venció por 3-1.

Sea como sea, los afortunados que vayan a la final tienen todas las papeletas de ver uno de los mejores partidos de la historia del fútbol. Con dos de los equipos que mejor fútbol han desarrollado en los últimos años, con dos de los jugadores más espectaculares de los últimos tiempos, y en uno de los estadios más impresionantes que ha regalado la arquitectura moderna. Con todo, tal vez el Manchester parta como favorito para alzarse con la Champions, pero si hay un equipo que esta temporada ha demostrado que puede cruzar el infierno y, con una sonrisa, salir vivo, ese es el Barça. Gane quien gane, nadie podrá decir que el campeón no lo sea de una manera merecida.

*También Alexander Hleb perdió aquella final en la que fue titular con el Arsenal, pero si tiene que ser él quien saque esta final adelante yo me la corto y me meto a monja.

¿Cagómetro? ¡Babómetro!

Ha pasado mucho tiempo y poca gente se acuerda de un gol de Rafa Márquez a la salida de un corner que inició la goleada por 6-1 al Atlético de Madrid. El Barça llegaba a aquel partido con ciertas dudas. Había perdido contra el Numancia, un recién ascendido y empatado con el Racing en casa en las dos primeras jornadas. Se empezó bien la Champions, 3-1 al Sporting de Lisboa, y ya se goleó por 1-6 al Sporting de Gijón, pero en aquel momento los asturianos parecían dispuestos a batir todos los records negativos de Primera División. Los siguientes partidos, Betis, Shakhtar y Espanyol se ganaron de milagro y no sin polémica en Donetsk y gracias a un grave error arbitral en Montjuïc (Villarato, dirían algunos). En esta situación el Barça recibía un Atlético que todavía creía aspirar al título. Era la gran prueba de fuego y la afición culé no las tenía todas consigo (tampoco es que sea muy complicado) después de dos años nefastos. Pero aquel gol del defensa azteca en el minuto 3 puso en marcha la máquina. La primera de varias goleadas que ha convertido a este equipo en el Barça más letal de todos los tiempos y que está a sólo 7 goles del record absoluto de tantos en la Liga. 5-0 al Almería, 4-0 al Valencia, 6-0 al Valladolid, 5-0 al Depor, 4-0 al Sevilla… hasta el histórico 2-6 al Real Madrid en el Santiago Bernabéu.

Desde que el Madrid perdiera en el Camp Nou el 13 de diciembre no había perdido ni un solo partido. Cierto que los de Juande no elaboran un juego brillante, pero hay que admirar la garra y el corazón con la que han logrado aguantar el tirón del mejor Barça de la historia, y hay que recordar que con sus números en cualquier otra temporada hubieran sido campeones y han llegado a reducir una distancia de 12 puntos a un solo punto, aunque sólo fuera virtualmente y por unos minutos. A esto hay que sumarle las lamentables campañas de los dos diarios de Madrid, el Canguelo de Marca y el Villarato de As, que tras la victoria merengue en Sevilla titulaba “Que pase el Barça” pues el Barça pasó. Del Canguelo poco hay que decir, es una expresión divertida, pero de dudosa seriedad y probadamente equivocada. Lo del Villarato es otra historia. Reducir la superioridad del Barça a las ayudas arbitrales es un insulto. Pero al final todo este circo mediático ha jugado en contra del equipo blanco, igual que en la primera vuelta tanto hablar de una manita azulgrana acabó jugando en contra de los de Guardiola.

A lo largo de los últimos meses la prensa madridista había creado una burbuja en la que el Madrid podía ganar la Liga, es más, iba a ganarla, incluso la Champions. A lo largo de toda la temporada As y Marca han intoxicado ocultando el gran juego del Barça tras conspiraciones arbitrales y afirmando que las victorias culés se debían poco más o menos a que el rival se dejaba ganar.

Pero al final la realidad se ha acabado imponiendo, y de la forma más cruel. El gol de Higuaín hizo que los merengues creyeran que el sueño de la liga era posible. Por un momento, la sombra del canguelo sobrevoló el barcelonismo. Pero el Barça de Guardiola ha demostrado que este equipo se puede cruzar los Nueve Círculos del Infierno y, con una sonrisa, salir vivo. Seis minutos después del argentino, Carles Puyol besaba el brazalete de capitán: el Barça ya iba por delante en el marcador, y lo mejor aún estaba por llegar. En el césped del Bernabéu se evidenció la distancia futbolística entre los dos equipos, una distancia que la clasificación no refleja. El Barça se divertía mientras los jugadores del Madrid corrían como pollos sin cabeza detrás del balón. No es una cuestión de jugar más o menos bonito. Es una cuestión de saber qué vas a hacer cuando saltas al campo. Puede salirte bien o mal, pero el Barça siempre ha sabido lo que tenía que hacer y lo ha llevado a cabo con más o menos acierto. Por otro lado el Madrid muchas veces parecía salir al campo pensando “yo salgo y ya veré como soluciono esto”. Esta “estrategia” de andar por casa le ha servido para ir ganando partidos en la Liga, pero a la que ha tenido un rival complicado lo ha pasado mal. Catástrofe ante el Liverpool, empate ante el Atlético (y gracias) y el hundimiento ante el Barça.

De los once jugadores titulares en Madrid, siete lo fueron también en el bochornoso 4-1 del año pasado. Otros tres jugadores -Samuel Eto’o, Rafa Márquez y Andrés Iniesta- han tenido un papel importantísimo en ambas temporadas. Y sin embargo los resultados son totalmente diferentes. Únicamente tres fichajes -Dani Alves, Seydou Keita y Gerard Piqué- y el canterano Sergio Busquets han tenido un peso más o menos importante en el equipo. Por lo tanto uno puede pensar que Guardiola es el artífice del cambio. Él decidió que Deco y Ronaldinho abandonaran el club. También quería deshacerse de Eto’o, fichar a Adebayor y contar con Henry como delantero centro y jugar con un extremo izquierdo que jamás llegó por obra y gracia de las cualidades del secretario técnico Txqui Beguiristain, pero Pep supo reconducir la situación. Pep ha sabido convertir un delantero obsesionado con el gol hasta la ofuscación en un jugador de equipo que casi se preocupa más por ayudar en el centro del campo que por marcar un gol. Pep ha recuperado a Henry, un jugador que con Rijkaard se quejaba continuamente por tener que jugar pegado a la banda izquierda y parecía acabado, pero que se ha erigido como decisivo esta temporada. Pep ha sabido dar galones en el equipo a jugadores como Iniesta o Xavi que habían permanecido a la sombra de Deco y Ronaldinho en la época de Rijkaard ‘Rizoparte’. Y qué decir de Messi. Guardiola ha sabido gestionar el físico del argentino, que con el holandés siempre sufrió lesiones musculares graves, y ha llegado al tramo final de la temporada sin sufrir prácticamente lesiones.

Y tengo que reconocerlo. Hace un año alguien me preguntó ¿Qué te parece Guardiola? Yo lo único que pude contestar fue, parafraseando al póster que Fox Mulder tenía en su despacho en Expediente X, “Quiero creer”. Y quería creer porque Guardiola es un gran tipo, fue un jugador enorme y su propuesta me gustaba, sin embargo pensaba que estaba verde, muy verde. Como el uranio, verde fosforito. Frente a la posibilidad de fichar a Mourinho, sentar en el banquillo del Camp Nou a un entrenador que venía de Tercera División parecía un suicidio. Después de las dos últimas lamentables temporadas con ‘Rizoparte’ muchos querían un entrenador que garantizase resultdos, y Pep, en principio, no parecía cumplir ese requisito.

Y pese a su falta de experiencia como entrenador en la élite ha formado un conjunto que puede pasar a la historia. Tras el 2-6 del Bernabeu, con la Liga en el bolsillo, este Barça que borda un fútbol como nadie en el mundo aun está en disposición de ganar la Copa del Rey y la Champions League. ¿Difícil? Por supuesto. Por algo sólo el Manchester ha logrado un triplete en las grandes ligas. Si fuera fácil no tendría tanta gracia. Luego puedes ganar o perder, cosas del balompié, pero si algo ha demostrado este equipo es que puede, y que mientras pueda se dejará la piel en el campo. Y así será el miércoles en Londres.